Sin lluvia no hay arco iris
María Fontaine
[Rainbows from Rain]
Muchas circunstancias en la vida se pueden ver a través de una perspectiva positiva o negativa. Por poner un ejemplo sencillo, pensemos en un día de lluvia. Hay quienes se quejan de que llueva, mientras que a otros puede parecerles que viene de perlas para regar los cultivos o el pasto. Sucesos que para algunos son como venidos del Cielo y gran motivo de alegría —pongamos por caso una mudanza y empezar de nuevo o empezar una nueva carrera o vocación—, a otros les podrían resultar muy complicados y suponer un gran esfuerzo.
Por otra parte, no todo es cuestión de personalidad o las circunstancias de cada uno. Hay cosas que indiscutiblemente no son buenas ni deseables en el plano natural, como por ejemplo un impedimento físico, un accidente de tránsito o el incendio de una casa. Una discapacidad física, por ejemplo, puede causar mucho dolor y dificultades, y es natural que ello suponga un reto a nivel emocional. No obstante, aun nuestras discapacidades pueden ser trampolines que nos conduzcan a un crecimiento espiritual y una relación más cercana con Jesús.
Todos tenemos algo que podría suponer un grave obstáculo si permitiéramos que se convirtiera en la narrativa determinante en nuestra vida. Lo estupendo del caso, sin embargo, es que el Señor nos ha proporcionado una forma de superar esas cosas y, de hecho, quiere que lo hagamos. En vista de que somos Sus hijos a quienes ama, nuestras circunstancias no tienen por qué determinar nuestra perspectiva de la vida o nuestro gozo del Señor, que la Biblia dice que es nuestra fuerza (Nehemías 8:10). Es más, se nos pide que demos «siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo» (Efesios 5:20).
No tenemos que permitir que los lastres del pasado reciente o remoto nos definan emocional, mental o espiritualmente. En muchos casos, el Señor permite que enfrentemos desafíos, de modo que aprendamos a superarlos y que así nos volvamos más fuertes en el proceso. Podemos aprovechar nuestras experiencias difíciles para ayudar a otros, como Pablo señaló en sus escritos: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren» (2 Corintios 1:3,4).
En la Historia se encuentran relatos de cantidad de personas que, a lo largo de los siglos, remontaron obstáculos aparentemente insalvables a fin de alcanzar logros grandes y extraordinarios. Tuvieron que esforzarse por superar los impedimentos que enfrentaron, y así se fortalecieron. Sus relatos nos dan un ejemplo de fe y perseverancia.
Estar sordo como una tapia no le impidió a Beethoven componer algunas de las obras musicales más bellas que se hayan escrito. Edison también estaba sordo cuando inventó el fonógrafo. Cervantes quedó manco después de la batalla de Lepanto. Renoir pintó algunas de sus mejores obras con los dedos torcidos por el reumatismo y el pincel atado a la mano. Händel estaba paralítico del lado derecho cuando compuso su obra maestra, El Mesías; al terminar la parte muy conocida, el coro Aleluya, se cuenta que le dijo a su sirviente: «Creo que vi todo el Cielo delante de mí, y el mismo Dios Todopoderoso sentado en Su trono, en compañía de Sus ángeles»1.
Suele suceder que quienes han afrontado dificultades y las han superado luego son capaces de infundir en muchas otras personas el valor y la fe necesarios para vencer dificultades similares. Su ejemplo puede fortalecer nuestra fe en que Dios puede ayudarnos a perseverar y sobreponernos en situaciones muy difíciles.
De no haber sido ciega y sorda desde la infancia, Helen Keller jamás habría tenido oportunidad de dar el aliciente que dio —y sigue dando— a millones de personas. De no ser por sus limitaciones, jamás habría dicho: «Doy gracias a Dios por mis defectos físicos, porque gracias a ellos me encontré a mí misma, descubrí mi vocación y conocí a Dios».
Booker Washington nació esclavo; pero después de trabajar arduamente en las minas de carbón y de sal llegó a ser educador y portavoz de los afroamericanos, y fundó una universidad para la gente joven de su raza. Esta es una de sus frases famosas: «El éxito se mide no tanto por la posición que uno ha alcanzado en la vida, sino por los obstáculos que ha superado».
Y claro, en la Biblia hay muchos más relatos de quienes superaron obstáculos, enumerados en Hebreos 11: «Por la fe esas personas conquistaron reinos, gobernaron con justicia y recibieron lo que Dios les había prometido. […] Su debilidad se convirtió en fortaleza» (Hebreos 11:33,34). La debilidad que se convirtió en fortaleza es un tema en la Biblia. Por eso Pablo superó su padecimiento, cuando Jesús le dijo «te basta con Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).
Es útil saber que los problemas, las dificultades y los retos a los que nos enfrentamos tienen beneficios a largo plazo, aunque en ese momento no podamos verlos. Si no los tuviéramos, podríamos caer en la complacencia y dejarnos llevar sin más, sin desarrollar la fortaleza de carácter que se adquiere al superar la adversidad. No veríamos la belleza que muchas veces produce el sufrimiento en nuestra vida. No sentiríamos el mismo profundo agradecimiento hacia nuestros seres queridos y amigos que nos acompañan en los momentos difíciles. No tendríamos tanta comprensión ni compasión por quienes pasan por momentos difíciles, ni sabríamos cómo ayudarlos.
Jesús ha prometido ser nuestro pastor durante toda la vida, llevarnos a tranquilas aguas y verdes pastos; y guiarnos por buenas sendas (Salmo 23:1-3). Incluso cuando pasemos por valles oscuros, Él estará con nosotros y nos confortará, y Su bondad y Su amor inagotable nos seguirán todos los días de nuestra vida (Salmo 23:4-6). Así pues, independientemente de la situación que surja, recuerda que Dios sabe lo que estás pasando, y Él ha prometido proveer de todo lo que necesites, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).
Te dará orientación cuando no sepas qué hacer, te levantará la moral cuando sientas que no puedes seguir adelante, te infundirá valor para dar testimonio de tu fe cuando no te atrevas a hacerlo, te revelará la solución de conflictos en relaciones que en apariencia son irremediables, te dará entereza para hacer Su voluntad cuando te enfrentes a una decisión difícil, y te concederá fuerzas que únicamente se obtienen apoyándose en Él. Todas esas riquezas son nuestras en Jesús cuando ponemos nuestra confianza en Él y toma nuestros problemas, tribulaciones, necesidades y cargas. «Depositen en Él toda ansiedad, porque Él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7).
A veces Dios se vale de los problemas para enseñarnos a acudir a Él para que nos ayude o para llevarnos en otra dirección cuando nos hemos alejado de Él. También se vale de las pruebas y tropiezos para hacernos más humildes, para enseñarnos a ser pacientes y misericordiosos, y para recordarnos lo mucho que dependemos de Él y Su gracia para cada bendición en la vida. Si nunca nos enfrentáramos a contrariedades, no hallaríamos en Dios nuestra fortaleza, y nos perderíamos la emocionante experiencia de descubrir que Él nunca nos falla.
Los bellos colores del arco iris son visibles gracias al prisma de la lluvia. Hace falta lluvia y sol para que se forme un arcoíris. Si podemos ver los arcoíris a través de la lluvia, podemos aprender a estar siempre alegres, orar sin cesar, dar gracias a Dios en toda situación, porque esta es Su voluntad para nosotros en Cristo Jesús (1 Tesalonicenses 5:16–18).
La vida no siempre es una travesía sin nubes;
tinieblas y tempestades la luz nos ocultan.
Mas el Padre con Su misericordia nos cubre
para traernos gozo en nuestra angustia.
Aunque se ciernan sobre nosotros nubarrones
que nos tapan la vista y nos ciegan la fe,
y la más densa oscuridad nos desazone,
el arcoíris de Su amor habrá de aparecer.
Flora Kirkland
Publicado por primera vez en febrero de 2008. Adaptado y publicado de nuevo en julio de 2026.
1 Joel Woodruff, Worshipping the Messiah During Advent, C. S. Lewis Institute, 1 de diciembre de 2023, https://www.cslewisinstitute.org/resources/worshipping-the-messiah-during-advent.