Se recibió gratuitamente y así se entregó
Recopilación
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Jesús envió a los doce apóstoles con las siguientes instrucciones: […] «Vayan y anúncienles que el reino del cielo está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, curen a los que tienen lepra y expulsen a los demonios. ¡Den tan gratuitamente como han recibido!» Mateo 10:5–8
Imagina que estás de pie en un extremo del campo de batalla, pero en vez de armas, se te ha dado vida, manos para sanar y un corazón lleno de compasión. Esa es la escena en la que Jesús envió a Sus discípulos con una misión en Mateo 10. No eran soldados entrenados ni líderes influyentes; eran personas comunes a las que les fue confiada una misión extraordinaria: declarar que el reino de los cielos se ha acercado.
¿Qué significa eso? El reino de los cielos no es una realidad distante, ni un concepto reservado para los eruditos religiosos. Es el reino y el dominio de Dios irrumpiendo en nuestro mundo, transformando vidas y ofreciendo esperanza a una humanidad quebrantada. Jesús envió a Sus discípulos no solo a hablar sobre el reino, sino a manifestar su poder. Fueron llamados a sanar a los enfermos, a curar leprosos, resucitar muertos y echar fuera demonios.
Esa misión no tenía que ver con sus capacidades, sino con la autoridad y la gracia de Dios actuando a través de ellos. Observemos la frase clave: «¡Den tan gratuitamente como han recibido!» Todo lo que se les pidió que hicieran estaba basado en el generoso obsequio del poder y amor de Dios.
Avancemos hasta la actualidad: se nos ha dado esa misma misión. El mundo todavía necesita curación, restauración y el anuncio de esperanza. Las personas están enfermas física, emocional y espiritualmente. Los parias tienen anhelo de pertenencia. Muchas personas están muertas espiritualmente, y las fuerzas de la oscuridad todavía quieren esclavizarlas. El llamado a la acción es tan urgente como lo fue para aquellos primeros discípulos. […]
La misión del evangelio es urgente, transformadora y generosa. Los seguidores de Cristo somos llamados a proclamar el reino, servir con compasión y dar gratuitamente lo que hemos recibido. Mark T. Watson1
Nuestro Dios generoso
«Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de ustedes conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús». Filipenses 4:19
Dios no solo nos ama, nos colma de amor (1 Juan 3:1). No solo reparte sabiduría; «Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (Santiago 1:5). Es rico en bondad, tolerancia y paciencia (Romanos 2:4). Su gracia es «más que abundante» (1 Timoteo 1:14) e «indescriptible» (2 Corintios 9:14,15).
Llenó la mesa del hijo pródigo con un banquete, llenó de vino las tinajas en la boda, y llenó dos veces de pescado la embarcación de Pedro. Sanó a todos los que buscaban sanarse, enseñó a todos los que querían instrucción y salvó a todos los que aceptaron el don de la salvación.
Dios, que «suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma» (2 Corintios 9:10). La vocablo griego que significa «proveer» (epichorégeó) nos permite vislumbrar la generosidad de Dios. Combina la palabra «bailar» (choros) con el verbo «dirigir» (hegeomai). Literalmente significa «dirigir un baile». Cuando Dios da, baila de alegría. Empieza a tocar música y encabeza el desfile de la generosidad. Le encanta dar.
No reparte Su bondad con un cuentagotas, sino con una boca de incendios. Tu corazón es un vaso de papel, y Su gracia es el Mar Mediterráneo. Sencillamente no lo puedes contener todo. Así que deja que se derrame. Vierte. «¡Den tan gratuitamente como han recibido!» (Mateo 10:8). Max Lucado
Las moneditas de la viuda
Jesús y Sus discípulos se encontraban en el templo observando a la gente que daba sus ofrendas. Un hombre acaudalado se acercó al cofre llamando la atención sobre la suma considerable que donaba. A este le siguió una viuda que echó su limosna, dos moneditas de cobre, las de más pequeño valor que hubiera podido dar. Después de que Jesús y los discípulos vieron que ella entregó su humilde ofrenda, los discípulos se sorprendieron cuando Jesús les dijo que ella había dado más que todos, pues en su pobreza había dado todo lo que tenía (Lucas 21:1–4).
Si me pongo en el lugar de la viuda, me puedo imaginar que no se sentía orgullosa de su ofrenda. Aunque sabía bien lo que se podía y no se podía comprar con un par de moneditas de cobre, no se planteó que su aporte fuera insignificante.
La Biblia no nos cuenta nada más sobre aquella viuda, pero podría concluirse razonablemente que si tuviera más dinero, probablemente habría sido generosa con él. Eso es lo que sucede cuando se vive generosamente. Siempre podemos preguntarnos: ¿Qué puedo dar o compartir? ¿Qué tengo yo que alguien por aquí cerca necesita?
Cuando miro al mundo actual, veo que las necesidades son infinitamente grandes. Es fácil pensar si lo poco que damos marcará una gran diferencia. Sin embargo, en lugar de inventarme excusas, para mí ha sido muy práctico contar con un plan que garantice que damos contribuciones periódicamente. Lo hacemos así:
- Automatización: Todos los meses donamos a ciertos entes fijos sin tener que someterlo a consideración.
- Donar tiempo: Esto puede traducirse en trabajar voluntariamente para una obra, un colegio o una iglesia; aunque también puede ser invitar a tomar un café a alguien que necesite un amigo, ayudar a una persona a hacer su declaración de la renta o a surtir sus recetas médicas o cualquier cosa que nos mantenga activos brindándonos a los demás.
- Oportunidades espontáneas: Es útil buscar oportunidades de dar a otros cuando se presenten. A veces viene bien salir de nuestro terreno conocido con relación a lo que damos, aunque resulte un poco inoportuno o impráctico.
Ya sea que demos desde nuestra situación de abundancia o de escasez, siempre podemos dar algo para bendecir a otros. Jesús dijo: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35). «Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente» (Mateo 10:8). Marie Alvero
Generosidad transformadora
Cuando escuchamos las palabras «dar» y «generosidad», normalmente pensamos en términos de donaciones económicas. Sin embargo, tenemos mucho más que ofrecer más allá del dinero. Por ejemplo, podemos aprovechar nuestra influencia para ayudar a alguien a conseguir una oportunidad que, de otro modo, no tendría.
Un frío día de diciembre de 1792 en Salzburgo, Austria, una bordadora —madre soltera—, dio a luz a su tercer hijo, un niño que se llamó Joseph Mohr. El padre de la criatura abandonó a la madre inmediatamente al enterarse del embarazo. La madre abandonada, ya con poco dinero, recibió una multa que era el equivalente a un año de sueldo por haber concebido un hijo fuera del matrimonio.
Con un padre ausente y una madre pobre, el futuro de Joseph se presentaba sombrío. En particular porque era casi al final del siglo XVIII, cuando los hijos ilegítimos, así los llamaban, eran socialmente estigmatizados. Se les negaban sistemáticamente las prácticas profesionales y las oportunidades educativas.
En su iglesia Joseph se sentía aceptado; allí cantaba en el coro. Johan Nepomuk Hiernle, el vicario de la catedral notó el talento musical del muchacho e intervino a su favor para que pudiera recibir una educación. Joseph fue bueno en sus estudios y destacó en la música. Aprendió a tocar la guitarra, el violín y el órgano. Con el tiempo, decidió ingresar en un seminario.
Sin embargo, fueron bloqueados los planes de Joseph, pues su nacimiento ilegítimo no le permitía estudiar para el sacerdocio. Hiernle de nuevo lo ayudó. Exitosamente buscó una excepción para que el joven pudiera asistir al seminario. Después de terminar sus estudios, Joseph fue ordenado y fue nombrado sacerdote de una pequeña parroquia en Oberndorf.
El segundo año en la iglesia, Joseph se apresuró a organizar un concierto para la misa de Navidad. Había escrito un poema y pidió a un amigo que compusiera una melodía para el poema. El amigo de Joseph lo ayudó y juntos presentaron la canción a la congregación en Nochebuena. Casi 200 años después, la melodía de Noche de paz se ha convertido en una de las favoritas de la temporada, popular en las iglesias y entre los que cantan villancicos navideños.
Si no hubiera sido por un párroco de buen corazón que generosamente aprovechó sus relaciones para ayudar a un muchacho sin padre y desfavorecido, Noche de paz probablemente nunca se habría compuesto ni cantado. The John Maxwell Company2
Vida bendecida
Los regalos que Dios nos da llegan en diversos paquetes; muchos son visibles, pero la mayoría no lo son. Llegan como necesidades básicas materiales, como ropa y comida. Nos da tesoros espirituales intangibles, como el amor y la verdad. Al nacer, recibimos regalos increíbles, desde la vista hasta el movimiento. La lista de dádivas y dones de Dios es inagotable. Santiago 1:17 nos dice que todo lo bueno que poseemos ha sido una entrega especial de parte de Dios.
En Mateo 10, Jesús envió a Sus discípulos a predicar el evangelio. Dijo: «Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: “El reino de los cielos está cerca”. […] Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente» (Mateo 10:1–8).
El versículo 8 contiene un principio bíblico básico para tener una vida llena de bendiciones. Lo que Dios nos ha dado será empleado para Su gloria cuando generosamente se lo devolvamos a Él para beneficio de otros. Como ocurrió con los primeros discípulos, Dios nos ha dado el mensaje del evangelio para que lo comuniquemos a otros. A medida que lo hagamos, a diario tenemos la autoridad de ser conductos de curación y bendición. El Espíritu de Dios habita en nosotros. Él es amor perfecto, gozo, paz, paciencia y bondad. […] Recibimos gratuitamente esas bendiciones, y de esa manera debemos entregarlas.
¿Qué dones te ha dado Dios? Pídele a Dios que te indique cómo, dónde y a quién puedes darlos libremente. Al utilizarlos para servir a los demás, experimentarás una vida llena de bendiciones. NewSpring Church3
Publicado en Áncora en julio de 2026.
1 Mark T. Watson, Freely Give: Living the Gospel with Power and Compassion, sermons.logos.com, https://sermons.logos.com/sermons/1419166-freely-give:-living-the-gospel-with-power-and-compassion.
2 The John Maxwell Company, Generosity: It Doesn’t Cost a Penny to Pay It Forward (30 de diciembre de 2013).
3 NewSpring Church, Freely You Have Received, Freely Give, newspring.cc, https://newspring.cc/devotionals/the-blessed-life/freely-you-have-received-freely-give.
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