Tener más perseverancia, 1ª parte
María Fontaine
[Growing in Perseverance—Part 1]
No hace mucho tiempo, me contaron unas experiencias muy traumáticas que enfrentó una persona y su grupo cuando llevaban a cabo su misión de ayudar a otros. Me hizo pensar en lo importante que es la perseverancia en nuestra vida al seguir a Jesús.
Debemos tener fe para lo que el Señor nos indica que hagamos. Hace falta perseverancia para obedecer a Dios, a fin de ir a donde nos envía, o quedarnos donde Él quiere que estemos. Hace falta confiar para permitirle que dirija nuestros caminos. Sean cuales sean los desafíos que lleguen a nuestra vida, con frecuencia nos sirven para aprender a perseverar porque, como dijo Jesús: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Lucas 16:10).
Ninguno de nosotros sabe lo que nos deparará el futuro en esta vida, pero necesitamos perseverar en fe y obediencia a la voz del Señor, sea cual sea la forma que adopte. Algunas personas enfrentan situaciones en que su perseverancia y fe son probadas al límite y de formas que no sé si que yo podría soportar; pero ellas siguen perseverando. Sin embargo, independientemente de las dificultades que ustedes enfrenten, las soluciones siguen siendo las mismas: acudir a Jesús, buscar Su voluntad y ser fieles en lo que sea que Él les indica que hagan.
Jesús ha prometido que a medida que nos aferramos a Él, nos dará lo que necesitamos para poder perseverar. Algunas personas, como las que mencioné al principio de este artículo, trabajan en catastróficas circunstancias, mientras rescatan y cuidan a los que enfrentan trauma, dolor y sufrimiento que va más allá de lo que la mayoría de nosotros puede siquiera imaginar. Eso puede ser traumático para los que sirven a los demás y a veces el sufrimiento les destroza el corazón; pero no dejan de luchar, dar y perseverar.
No podemos comprender del todo la inmensa pérdida y sufrimiento que soportan algunas personas. Sin embargo, creo que esa perseverancia que nace de la fe es lo que permite que todos los que aman a Dios se aferren a Él, a pesar de lo que estén pasando.
Por lo visto, algunos principios siempre se aplican, sean cuales sean las dificultades que enfrenten. Así pues, los principios son los mismos, aunque algunas cosas que incluyo en este artículo a modo de ejemplo pueden parecer pequeñas comparadas con las pruebas intensas que algunas personas puedan estar enfrentando. Lo que cambia es el grado de dificultad y el nivel de perseverancia necesarios para superar esas dificultades. Cada paso de crecimiento en la perseverancia nos prepara para la siguiente batalla y la consiguiente victoria. Un ejemplo de lo que hablo es el poema No te rindas de Edgar Guest. Las ideas que se presentan en este poema pueden aplicarse a cualquier reto al que enfrentemos.
Cuando salgan mal las cosas, como sucede a veces,
cuando el camino que transitas empinado parece,
cuando los fondos sean escasos y las deudas elevadas,
y quieres sonreír pero pones cara cansada,
cuando los problemas te agobien,
descansa, si es preciso, pero no desistas.
El éxito es el fracaso al revés,
el destello esperanzador en las nubes de la duda.
Nunca sabrás lo cerca que estás.
Puede estar cerca, aunque no lo parezca.
Cuando más duro te den en la lucha, persiste;
ese es el momento en que no debes rendirte.
Encontré un sencillo ejemplo de cómo alguien llegó a comprender mejor la importancia y el valor de la perseverancia. Podemos aplicar el principio a lo que creemos que Dios nos ha pedido que hagamos.
Un hombre estuvo en la esquina de una calle entregando folletos. Después de meses sin ver resultados, se rindió y se dedicó a actividades comerciales. Varios años después, pasó por la misma esquina y vio a un joven que distribuía folletos.
Dijo para sus adentros: «Piensa que las personas cambiarán por lo que él hace. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que se dé cuenta de que sus esfuerzos son inútiles?»
Por curiosidad, habló con el joven.
—Admiro lo que haces, pero tengo curiosidad. ¿Por qué repartes folletos en esta esquina en particular?
—Señor, hace años un hombre daba folletos en este mismo lugar. Me dio uno. No lo leí de inmediato, pero un día sí lo hice. Y acepté a Jesús como mi Salvador, y transformó mi vida. ¿Le gustaría leer un ejemplar del folleto que él me dio?
El joven le entregó un ejemplar y se trataba del mismo folleto que una vez aquel hombre había dado a muchas personas, sin creer que sus esfuerzos transformaran vidas.
Eso nos da elementos para la reflexión. Si cambió la vida de una persona, ¿cuántas otras personas también pueden haber aceptado al Señor por medio de ese pequeño folleto?
La perseverancia en lo que Jesús nos ha indicado que hagamos también puede manifestarse en nuestra vida de oración, o al seguir en un empleo o apostolado, o al cuidar a alguien, o al hacer otra tarea que pueda parecer rutinaria y que tal vez requiera sacrificios o presente desafíos que podría tentarnos a rendirnos. Perseverar en nuestra vida para Jesús es una declaración de fe y confianza en Dios sin condiciones, y a medida que perseveramos, podemos transformar el mundo al cambiar nuestra parte del mismo.
Al hablar con uno de nuestros integrantes sobre el costo de la perseverancia, él citó un poema que me pareció que era el Señor quien me hablaba. Me ayudó a recordar que con el Señor nada es imposible, incluso nuestra constante perseverancia. Curiosamente, también es un poema de Edgar Guest. Como me animó, lo incluyo también en este artículo para ustedes.
Alguien dijo que no, que no se podía;
mas él, con risita ahogada,
replicó: «Quizá no», aunque él no lo diría
sin haberlo intentado ni nada.
Se lanzó a trabajar sin pensárselo más;
si vaciló, demostrarlo no quiso.
Se puso a cantar y emprendió con afán
lo que no se podía, ¡y lo hizo!
«Imposible —se burlaron los compañeros—,
¡pues nadie lo ha hecho hasta ahora!»
¡Pero él se quitó su chaqueta y sombrero
y empezó a trabajar sin demora!
Animoso y tenaz, con alegre ademán,
sin flaquear ni mostrarse indeciso,
se puso a cantar y emprendió con afán
lo que no se podía, ¡y lo hizo!
Miles habrá que dirán: «No se puede»
y augurarán tu fracaso;
miles habrá que muy bien te recuerden
peligros que hallarás a tu paso.
Pero tú sé audaz, animoso y tenaz,
y lánzate con alegría;
¡comienza a cantar sin pensártelo más
y harás lo que «no se podía»!
Él explicó que hace años, cuando enfrentaba una situación que lo dejó esforzándose para seguir adelante para el Señor, encontró este poema. Era precisamente lo que necesitaba que le recordaran. Lo memorizó, y lo alentó a perseverar en esos tiempos difíciles.
Jesús puede valerse de una variedad de cosas para ayudarnos a perseverar ante lo que sea que nos depare la vida. Claro, en última instancia, las promesas de Dios son el fundamento en el que debemos apoyarnos. Sin embargo, Él también se vale de muchas otras cosas para animarnos y motivarnos a seguir luchando.
La gratitud es muy importante y puede inspirarnos a perseverar en lo que el Señor nos pide que hagamos. Es fácil, en situaciones muy difíciles, perder de vista el poder de la gratitud. Sin embargo, el hecho es que si Dios no nos diera ningún otro regalo ni bendición, de todos modos, estamos en deuda con Él, más de lo que podríamos esperar devolverle. Esa es la sencilla verdad.
A pesar de lo que tal vez enfrentemos en el presente, hay incontables razones para perseverar y no dejar de seguir a Dios. Tenemos un Dios perfecto que se alegra al mantenernos en Sus brazos eternos. Provee lo que necesitamos más, y Su perdón y misericordia son desde la eternidad y hasta la eternidad.
Es posible que en el presente la situación se vea sin esperanza y crítica, pero la verdad es de todos modos la verdad. Debemos luchar contra la tentación de dudar, pero en esos momentos la fe y la perseverancia pueden ayudarnos a no abandonar.
Todos hemos visto el poder de la perseverancia reflejado en muchos relatos en la Biblia, y también en testimonios, historias, libros y películas. En muchos casos, se describe una situación imposible donde las circunstancias o mal causan lo que parece una derrota segura. En esas circunstancias dramáticas, la persona de Dios, o el héroe o heroína, se encuentra abrumada y luego se desvanece entre el humo, el caos y la escena de devastación.
Todo parece perdido, y nuestro corazón se ve tentado a caer en la desesperanza, porque no podemos imaginar que alguien pueda sobrevivir a esas cosas. Sin embargo, entonces, se ve algo entre el humo y la destrucción; empieza a surgir un rayito de esperanza. Aunque golpeado y sangrante, el vencedor aparece entre el humo, sigue todavía luchando y avanzando, ¡decidido a no rendirse!
Esa es una buena ilustración de la perseverancia. Creo que esas ilustraciones animan a la mayoría de las personas, porque las semillas de verdad que Jesús plantó en nuestro corazón nos recuerdan que, si nos aferramos a Él y seguimos luchando con perseverancia, Su poder en nosotros prevalecerá.
A veces las personas pueden pensar que deben tener una gran cualidad que se llama fe. En otro artículo ahondaré todavía más en el tema de lo que es la fe. Sin embargo, en esencia, la fe en Dios simplemente es creer y confiar en Su amor por ustedes.
Nuestra fe, como la defino aquí, es lo que necesitamos a fin de perseverar al servicio de Jesús, incluso cuando parezca que no somos exitosos ni hacemos progresos que puedan verse o medirse en el presente. Podemos seguir adelante si el Señor dejó claro que deberíamos seguir por este camino aquí y ahora. Es posible que pase mucho tiempo antes de que sepamos lo que logró nuestra perseverancia (o quizá lo sabremos en la otra vida), por eso la Biblia dice: «Porque por fe andamos, no por vista» (2 Corintios 5:7).
A veces, en medio de una batalla, es posible que nos parezca que no queremos oír otro recordatorio de que el Señor quiere que sigamos adelante por fe. Todos somos humanos, y hay momentos en que nos cuesta seguir adelante. A veces, tal vez incluso caemos en la desesperanza por un tiempo. Sin embargo, si nos encontramos en ese estado, la respuesta es volver a levantarnos. Un antiguo proverbio japonés dice: «Si caes siete veces, levántate ocho».
Publicado por primera vez en marzo de 2023. Adaptado y publicado de nuevo en junio de 2026.
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