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Junio 12, 2018

Superar el dolor

Recopilación

[Overcoming Grief]

¿Hasta cuándo, Señor me seguirás olvidando? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar angustiado y he de sufrir cada día en mi corazón? [...]

Pero yo confío en Tu gran amor; mi corazón se alegra en Tu salvación.
Canto salmos al Señor. El Señor ha sido bueno conmigo.  Salmo 13:1,2,5,6 (NVI)[1]

Lo que dice la Biblia sobre el dolor

El dolor es una emoción común a la experiencia humana, y a lo largo de las narraciones bíblicas leemos sobre el proceso del dolor. Muchos personajes de la Biblia sufrieron pérdidas y tristeza profundas, entre ellos Job, Noemí, Ana y David. Incluso Jesús lloró[2]. Después de la muerte de Lázaro, Jesús fue a la aldea de Betania, donde Lázaro fue sepultado. Cuando Jesús vio a Marta y a otros afligidos llorando, Él también lloró. Se conmovió por su dolor y por la muerte de Lázaro. Lo sorprendente es que, aunque Jesús sabía que iba a resucitar a Lázaro de entre los muertos, eligió ser partícipe del dolor de la situación. Jesús verdaderamente es un sumo sacerdote que puede «solidarizarse con nuestras debilidades»[3].

Para superar el dolor, tener la perspectiva correcta es el primer paso. Primero, reconocemos que el dolor es una reacción natural al pesar y la pérdida. El duelo no tiene nada de malo. En segundo lugar, sabemos que los momentos de dolor tienen un propósito. Eclesiastés 7:2 dice: «Vale más ir a un funeral que a un festival. Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente». Este versículo implica que el dolor puede ser bueno porque puede renovar nuestra perspectiva de la vida. Tercero, debemos recordar que los sentimientos de dolor son temporales. «El llanto puede permanecer por una noche, pero el regocijo llega por la mañana»[4]. El luto llega a su fin. El dolor tiene su propósito, pero también tiene su límite.

A través de todo el proceso, Dios es fiel. Hay muchas escrituras que nos recuerdan la fidelidad de Dios en tiempos de duelo. Él está con nosotros incluso en el valle de la sombra de muerte[5]. Cuando David se entristeció, oró en el Salmo 56:8: «Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en Tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado»?[6] La imagen conmovedora de Dios atrapando nuestras lágrimas está llena de significado. Él observa nuestra pena y no la desprecia. Al igual que Jesús compartió el dolor de los apenados en Betania, Dios comparte nuestro dolor. Al mismo tiempo, Él nos asegura que no todo está perdido. El Salmo 46:10 nos recuerda que «estemos quietos» y reposemos sabiendo que Él es Dios. Él es nuestro refugio[7]. Él hace que todas las cosas obren para el bien de aquellos a los que ha llamado[8].

Para superar el dolor, es importante expresárselo a Dios. Los Salmos contienen numerosos ejemplos de desahogarse con Dios. Curiosamente, el salmista nunca termina con lo que comenzó. Puede que comience un salmo con expresiones de dolor, pero, casi invariablemente, termina con alabanza[9]. Dios nos entiende[10]. Cuando tenemos comunión con Él, podemos abrir nuestra mente a la verdad de que Él nos ama, que es fiel, que está al control, y que sabe cómo va a resolver las cosas para nuestro bien.

Otro paso importante para superar el dolor es compartirlo con otras personas. El cuerpo de Cristo está diseñado para aliviar las cargas de sus miembros individuales[11], y los demás creyentes tienen la capacidad de «llorar con los que lloran»[12]. A menudo, los que sienten dolor tienden a evitar a otros, lo cual aumenta los sentimientos de aislamiento y tristeza. Es mucho más saludable buscar apoyo, y un grupo o comunidad puede ser vital. Los grupos ofrecen oídos atentos y aliento, camaradería y orientación útiles para superar el dolor. Cuando compartimos nuestras historias con Dios y con los demás, nuestro dolor se reduce.

Lamentablemente, el dolor es parte de la experiencia humana. La pérdida es parte de la vida, y el dolor es una respuesta natural a la pérdida. Pero tenemos la esperanza de Cristo, y sabemos que Él es lo suficientemente fuerte como para llevar nuestras cargas[13]. Podemos ofrecerle nuestro dolor a Él porque Él se preocupa por nosotros[14]. Podemos encontrar consuelo en el Espíritu Santo, nuestro Consolador[15]. En el dolor echamos nuestras cargas sobre Él, dependemos de la comunidad de la iglesia, profundizamos en la verdad de la Palabra y finalmente conocemos la esperanza[16]Tomado de gotquestions.org[17]

Cuando se va un ser querido

Cuando una mañana temprano mi hijo Steve exhaló su último aliento en una pequeña habitación de un hospital con vista al mar, mi mundo se detuvo. Una mariposa amarilla bien grande entró por la ventana abierta. Sentí que Dios me estaba confirmando que se había llevado a Steve apaciblemente a Su mundo invisible. Aun así, el impacto de perder a mi hijo me dejó maltrecha bastante tiempo, después que los demás ya habían hecho su duelo.

El consejo reiterado que todos me daban era: «Déjalo estar y sigue adelante». Pero seguir adelante ¿hacia dónde? Y ¿cómo? En el fondo, estaba resentida y enojada con Dios por despojarme de mi joven hijo tan lleno de vida. Me sentí burlada y vacía. Los meses pasaron lentamente. Yo cavilaba una y otra vez sobre mi pérdida, y seguía con el dolor clavado en mi corazón.

Finalmente decidí encontrarme con Dios cada mañana temprano, en la terraza, para contarle mis desdichas. Los días se convirtieron en semanas mientras yo descargaba en Él todo mi dolor, mi remordimiento y mi rabia por lo sucedido. «Si el amor es la esencia de Tu naturaleza, como dice la Biblia, ¿cómo me has tratado tan duramente, a mí y a mi hijo?», cuestioné una y otra vez.

Con cuánta paciencia y longanimidad me escuchó.

Lloré, rogué y argumenté hasta que por fin una mañana sentí que había dicho todo lo que quería y ya me había desahogado. Fue entonces —cuando estuve dispuesta a hacer las paces con Dios—, que la serenidad me embargó el alma. Con voz suave y tranquilizadora, Él me empezó a hablar. A partir de ese momento, mis encuentros solitarios con Dios cada mañana en la terraza tomaron otro cariz. Aprendí a prestarle atención y permitirle que me consolara y sanara mi dolor.  Iris Richard

Billy Graham sobre el sufrimiento y la pena

La muerte de alguien que amamos sigue siendo dolorosa para nosotros, incluso como cristianos, no porque tememos por ellos, sino por el vacío que dejan en nuestro corazón. La Biblia dice que «no nos afligimos como el resto de los hombres, que no tienen esperanza», pero igual nos afligiremos[18].

Cuanto más amamos a alguien, más los extrañaremos, y más ansiaremos volver a verlos en el cielo.

Una de las experiencias más difíciles que cualquiera de nosotros enfrentaremos en la vida es la pérdida de un ser muy querido, y sé que es especialmente difícil cuando la muerte llega inesperadamente y no tenemos oportunidad de decir un último adiós.

Quizás lo más importante que te puedo decir es que Dios te ama y entiende lo que estás pasando. Cuando Jesús se paró junto a la tumba de su amigo Lázaro, sabía que en breve resucitaría a Lázaro, pero la Biblia igual dice que «Jesús lloró»[19]. Ese es el versículo más corto de la Biblia, pero revela una gran verdad acerca de la compasión de Cristo por aquellos que están afligidos. La Biblia dice: «Debido al gran amor del Señor, no somos consumidos, porque Su compasión jamás se agota»[20].

Siempre recordarás a tu [ser querido], y tu pena por su muerte no desaparecerá rápidamente. Pero con el tiempo, el dolor disminuirá, y Dios quiere ayudarte en ese proceso. ¿Qué puedes hacer? Primero, dedica tiempo cada día para agradecer a Dios por los años que estuvieron juntos. El agradecimiento es como un bálsamo sanador para nuestra alma.

Pídele a Dios que te ayude a acercarte a otros que estén afligidos. Ellos necesitan tu aliento, y tú necesitas el de ellos. Sobre todo, no lleves la carga solo, entrégasela a Cristo. La Biblia dice: «Echa tus cargas sobre el Señor y Él te sustentará; Él nunca permitirá que los justos caigan»[21]Rev. Billy Graham

(V. también: http://www.gospelherald.com/articles/71071/20170703/billy-graham-reveals-important-thing-those-mourning-loss-loved-one.htm.)

*

Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque Tú estás a mi lado, Tu vara de pastor me reconforta.  Salmo 23:4[22]

Publicado en Áncora en junio de 2018.


[1] NVI.

[2] Juan 11:35.

[3] Hebreos 4:15.

[4] Salmo 30: 5.

[5] Salmo 23:4.

[6] NVI.

[7] Salmo 91: 1-2.

[8] Romanos 8:28.

[9] Salmo 13; Salmo 23: 4; Salmo 30: 11-12; Salmo 56.

[10] Salmo 139: 2.

[11] Gálatas 6: 2.

[12] Romanos 12:15.

[13] Mateo 11:30.

[14] 1 Pedro 5: 7.

[15] Juan 14:16.

[16] Hebreos 6: 19-20.

[17] https://www.gotquestions.org/overcoming-grief.html.

[18] 1 Tesalonicenses 4:13.

[19] Juan 11:35.

[20] Lamentaciones 3:22 (NVI).

[21] Salmo 55:22.

[22] NVI.