Salvada por el sufrimiento
Lysa TerKeurst
Me desperté en lo que pensé que sería un lunes normal hace unos veranos atrás, pero nada era normal.
Sentí como si unos cuchillos se abrieran camino sin piedad a través de mis entrañas. Oleadas de náuseas me dejaron convulsionando y desesperada por un alivio. Traté de salir de la cama, pero colapsé y grité.
Mi familia me llevó rápidamente a la sala de emergencias, donde todos esperábamos que pudiera encontrar algo de alivio y ayuda. Pero cuando el pánico dio paso a la desesperación, clamé a Dios para que me ayudara: «¡Quita el dolor! ¡Por favor, Dios mío, quita este dolor!»
Pero no lo hizo. No en ese momento. No en el siguiente. Ni siquiera al día siguiente.
(Leer el artículo aquí.)
Artículos recientes
- Mirar hacia el futuro con esperanza
- La parábola del sembrador
- Las palabras pueden herir o sanar
- Eres de gran valía
- Calcular los gastos
- El evangelismo no es algo que uno hace
- Adaptarse a las diferentes etapas de la vida
- Su presencia en las tormentas de la vida
- Lecciones de conducción de 2 Corintios 5
- Nueva vida en Cristo