Las palabras pueden herir o sanar
Recopilación
[Words Can Hurt or Heal]
La Biblia nos dice que nuestras palabras tienen poder de vida y muerte (Proverbios 18:21). El ánimo con frecuencia llega a través de las palabras. Lo mismo ocurre con el desánimo. «Hay quien habla sin tino como golpes de espada» (Proverbios 12:18), pero «una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!» (Proverbios 15:23).
Nuestras palabras pueden afectar la salud emocional y espiritual de alguien que nos importa. […] ¿Con nuestras palabras edificamos la vida de nuestros hijos, cónyuge y otros seres queridos, o las estamos destruyendo? ¿Animamos a la gente con esperanza o agobiamos su espíritu? Proverbios 15:4 dice: «La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua perversa deprime el espíritu».
Jesús nos recuerda que nuestras palabras se originan en el interior de nuestro corazón: «Porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34-37). […] Un corazón crítico pronunciará palabras despectivas; de un corazón amargado saldrán palabras punzantes; de un corazón arrogante saldrán palabras sentenciosas; de un corazón ingrato, saldrán palabras de queja. Por otro lado, un corazón amoroso pronunciará palabras edificantes; un corazón contento, hablará palabras de fe; un corazón humilde, dirá palabras de aceptación; un corazón lleno de gozo expresará palabras de agradecimiento. El amor, la satisfacción, la humildad y la alegría son cualidades que nos ayudarán a expresar vida al hablar con los demás. GotQuestions.org1
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¿Por qué será que las palabras duras que nos dirigen pueden ser tan dolorosas y dañinas? Al fin y al cabo, no aparecen heridas físicas cuando se pronuncian palabras hirientes; no se derrama sangre, no aparecen moretones; los órganos vitales no son penetrados ni perforados. Sin embargo, las palabras que salen de la boca de otra persona pueden causar tanto dolor y heridas que hacen que alguien deje de comer, deje de sonreír, deje de tener esperanza y deje de creer. ¿Cómo bocanadas de aire invisible que contienen ondas de sonido pueden causar tanto daño al ser humano? No se puede explicar científicamente porque es una cuestión del alma y el espíritu. […]
Las palabras pueden hacer daño porque pueden penetrar y herir nuestra alma […] esa parte de nuestro interior que muchos pasamos por alto porque hemos invertido todo nuestro tiempo, dinero y energía en nuestra carne (nuestro ser físico). Se puede ayudar o herir el alma humana por medio de las palabras. Se puede animar o desanimar el alma humana por medio de las palabras. Las palabras pueden meterse dentro de nosotros, por así decirlo, […] no solo por los oídos y el cerebro, sino que pueden llegar a nuestra alma y nuestro espíritu.
Si un ser humano te ha herido por medio de las palabras, lo más probable es que tuviste dolor en el alma. No se puede ir a la sala de urgencias para curar la herida. No hay una herida física para mostrar al médico; de todos modos, hay una herida. Así pues, ¿a dónde vamos cuando nuestra alma está herida? El Salmo 23 da la respuesta cuando nos habla de nuestro Buen Pastor que nos guía junto a aguas tranquilas y conforta nuestra alma. Las palabras de otros humanos pueden herir nuestra alma, ¡pero una palabra de Dios puede sanarnos!
El Salmo 107:20 dice: «Envió Su palabra y los sanó». ¡Una palabra buena puede sanar los huesos! Proverbios 16:24 dice: «Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos». Greg A. Lane2
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Fred Craddock es conferencista en el Seminario Teológico Phillips en Los Estados Unidos. Cuenta que en una ocasión estaba de vacaciones en Tennessee. Su esposa y él estaban cenando en un restaurante cuando un anciano empezó a conversar con ellos. Les preguntó cómo les iba y si estaban disfrutando de sus vacaciones. Cuando el anciano preguntó a Fred a qué se dedicaba, Fred vio la oportunidad de deshacerse del anciano y le respondió: «Soy predicador».
«¿Predicador? Fantástico. Les contaré una historia sobre un predicador». El anciano se sentó con ellos y empezó a hablar. Al hacerlo, la molestia de Fred se transformó en profunda humildad. El anciano explicó que era un bastardo. Literalmente, no en sentido figurado. Era un hijo ilegítimo. Nació sin saber quién era su padre; a principios del siglo XX eso era fuente de gran vergüenza en un pueblo pequeño.
Un día, a la iglesia del pueblo llegó un predicador nuevo. El anciano explicó que de joven nunca había ido a la iglesia, pero un domingo decidió ir y escuchar la prédica del nuevo pastor. Era bueno. El muchacho ilegítimo volvió una y otra vez. En realidad, empezó a ir a la iglesia casi todas las semanas. Pero su vergüenza lo acompañaba. Aquel pobre muchachito siempre llegaba tarde y se iba temprano para evitar hablar con la gente.
Pero un domingo se quedó tan absorto en el sermón que se olvidó de marcharse. Antes de que se diera cuenta, el oficio religioso había terminado y los pasillos se estaban llenando. Se apresuró a pasar por entre la gente, llegar a la puerta y salir; pero al hacerlo, sintió una mano sobre un hombro.
Se dio la vuelta y vio al predicador, un hombre grande y alto que lo miraba desde arriba y le preguntaba: «¿Cómo te llamas, muchacho? ¿De quién eres hijo?» El muchachito sentía que se moría por dentro; precisamente lo que quería evitar se había hecho realidad. Pero antes de que pudiera decir nada, el predicador precisó: «Ya sé quién eres. Sé cuál es tu familia. Hay un parecido familiar muy evidente. ¡Pero si eres el hijo de […] eres el hijo de […] eres el hijo de Dios!»
El anciano señaló: «Señor, esas palabras me cambiaron la vida». Y después de decir eso, se levantó y se fue. Ben Hooper, gobernador de Tennessee en dos oportunidades3
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Durante años fui monitora de niños durante el recreo y las actividades en la zona de juegos. Entre tantas corridas, saltos, gritos y juegos con amigos, siempre había un niño que sufría un encontronazo, zancadilla, empujón o algo parecido.
En muchos casos el culpable del accidente levantaba inmediatamente la mano y decía: «No fue culpa mía», o: «No lo hice a propósito». Y claro, determinar de quién era la culpa no era lo más urgente en esos momentos; lo más importante era la salud e integridad física del lesionado.
Presencié esa escena tantas veces que finalmente caí en la cuenta de que la mayoría tenemos que aprender a ser empáticos. No nos sale natural. Los niños confundían dos conceptos: pensaban que decir «lo siento» era admitir su culpabilidad, y como no habían querido hacerle daño a su compañero, no les parecía que tuvieran que sentirse apenados por él. Pero en la vida —igual que en el patio de recreo— a veces hacemos daño sin querer y es menester que nos disculpemos.
Puede que tengamos nuestras razones. Tal vez fuimos inconscientes, no analizamos bien las cosas, no tuvimos en cuenta las implicaciones de nuestras palabras o nuestros actos. Tal vez hubo atenuantes, malentendidos o intervención de terceros. Toda historia tiene al menos dos versiones. El problema es que cuando decimos: «Lo siento, pero déjame que te explique», generalmente estamos desviando la atención hacia nosotros en lugar de preocuparnos de la persona a la que hemos herido o perjudicado. Entonces nos convertimos en víctimas de un malentendido. A veces viene bien ofrecer una aclaración si se puede y contar nuestra versión de los hechos. Pero lo primero es lo primero. ¿Alguien quedó ofendido o afectado? Una disculpa sincera lleva en sí un bálsamo sanador.
Volviendo a la zona de juegos, algo que aprendí a lo largo de 35 años de docencia es que si pedimos disculpas enseguida, la parte agraviada normalmente se muestra dispuesta a perdonar enseguida. Eso es lo mejor de todo. Sally García
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Pedir disculpas no siempre significa que estemos equivocados y que la otra persona tenga razón. Solo pone de manifiesto que valoramos más la relación que nuestro ego. Anónimo
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Cuando una situación amerite una disculpa, preséntala sin reservas, seguida de alguna acción. Judy Ford
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Una disculpa es como un perfume encantador; puede transformar el momento más incómodo en un gentil regalo. Margaret Lee Runbeck
Publicado en Áncora en agosto de 2026.
1 «¿Qué significa hablar vida?» gotquestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/hablar-vida.html
2 Greg A. Lane, My Morning Walks with God (Inspired Design & Graphics, 2016).
3 Fuente: Según Tony Campolo, It’s Friday but Sunday’s Comin’ (Word, 1985).
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