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Agosto 2, 2022

Librarse de la envidia

Recopilación

[Freedom from Comparison]

Compararse desfavorablemente roba la alegría y distorsiona la verdad. Comparar así es como si dijera: «No estoy preparado para la tarea encomendada». La verdad es que Dios me ha dado todo lo que necesito para los planes que ha puesto delante de mí. La verdad de Su Palabra dice que nos preparó para buenas obras, y que todo lo bueno proviene de Él.  Anónimo

*

Comenzó con el aparentemente inocuo examen de la foto de una amiga en Instagram.

Pensé: «Qué bonita foto de ella y su esposo. Mi esposo y yo también debemos tomarnos unas fotos juntos».

Toqué la pantalla para poner un corazoncito junto a la foto y seguí el recorridohacia abajo.

Después estaba el anuncio de un nacimiento, lo marqué y seguí mirando.

Más adelante había una casa nueva, una foto publicada por un aficionado al buen comer, una foto de cumpleaños, una foto familiar y una lista interminable de imágenes que parecían perfectas. Al principio, mi única intención era publicar una foto y luego salir de las redes sociales.

Lamentablemente, después de poner una foto pasé una hora dedicada a mirar lo que otros habían puesto, marcarlo con alguna reacción y comparar mi vida con la de los demás, los de esas fotos perfectas. Otra vez había sido arrastrada al agujero negro de las redes sociales, obsesionada con las personas y su vida en vez de dirigir la atención a la vida que Dios me ha dado.

Pienso en que esto también le pasó a Raquel, la mujer de la historia que se cuenta en Génesis. Ella se encontraba en una difícil relación polígama con su esposo Jacob y su hermana Lea. […] Aunque Jacob trabajó siete años para que le permitieran casarse con Raquel, cuando llegó el momento de unirse en santo matrimonio, Labán —el padre de ella—, le dio a Lea en vez de a Raquel.

Cuando Jacob descubrió que se había casado con otra mujer, vehementemente enfrentó a Labán por haberlo engañado. Como consecuencia, Labán aceptó darle a Raquel a cambio de otros siete años de trabajo. Eso creó una situación conflictiva en la que Raquel era amada y valorada, y Lea no. Dios se compadeció de Lea, y abrió su útero. Sin embargo, Raquel no podía tener hijos. […]

Al examinar los comentarios de Raquel en Génesis 30:1 (NVI), vemos que tuvo un grave efecto en ella: «Cuando Raquel se dio cuenta de que no le podía dar hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y le dijo a Jacob: “¡Dame hijos! Si no me los das, ¡me muero!”»

Esas son palabras fuertes. Sin embargo, los celos, la envidia y compararse desfavorablemente puede causar emociones intensas en todos nosotros. Aunque los sentimientos de Raquel eran naturales, normales y hasta justificados, al final hacer comparaciones le robó algo. […] Lamentablemente, los celos y hacer comparaciones desfavorablemente hicieron que pasara años compitiendo con su hermana. Perdió mucho tiempo que podría haber pasado disfrutando la vida que Dios le había dado.

Sin embargo, la vida de Lea distaba mucho de ser perfecta. […] Aunque bendecida con hijos, Lea sabía que no fue la primera elección de su esposo. En ese sentido, ella vivía eclipsada por Raquel.

Cuando nos obsesionamos con la vida de otras personas, no podemos ver el dolor que en muchos casos está oculto de la vista del público, escondido en lo profundo del corazón de alguien. En algún momento de nuestra vida, todos pasamos por dificultades en una relación, experiencias traumáticas, problemas económicos y terrible pérdida. Aunque es humano ver a otras personas y hacer suposiciones sobre su vida, debemos darnos cuenta de que nadie tiene una vida sin dificultades.

Jesús es el antídoto contra los celos y comparar nuestra situación con la ajena. Fijar en Él nuestra mirada nos ayuda a someternos a la realidad de que nuestra vida no nos pertenece. Nuestra vida pertenece a Dios, y echa mano de la alegría y del pesar a fin de pintar un bello cuadro de quién es Él para la humanidad. Él es el Dios tanto de nuestros momentos de ensueño como de nuestros momentos más dolorosos. Centrar la atención en Él nos fortalece para seguir con la vida que nos ha sido entregada en vez de enredarnos en la trampa de compararnos desfavorablemente.

Dios, te agradezco por la vida que me has dado. A medida que experimento la alegría y el dolor, ayúdame a poner los ojos en Jesús y no en la vida de otros. Ayúdame a confiar y creer en que creas una vida hermosa para mí y que esta vida te magnificará. En el nombre de Jesús, amén.  Kia Stephens[1]

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Con frecuencia te juzgas sobre la base de lo que ves en el espejo, a pesar de que sabes que esa imagen es caprichosa, superficial y que cambia continuamente. Tienes tendencia a sentirte igualmente esclavizado a verte a ti mismo a través de los ojos de otras personas, evaluando rigurosamente tu desempeño personal y casi siempre sintiéndote insatisfecho con algo que has dicho o hecho.

Un término adecuado es «esclavizado». En efecto, eres un esclavo cuando tratas de medirte a través de una perspectiva que no sea la Mía. Siempre es una trampa evaluar tu valía basándote en tu apariencia, como te ves a ti mismo o como te ven los demás. Se podría comparar a cerner arena para buscar oro y fijarte únicamente en los granos de arena que se filtran a través del tamiz, y no hacer caso de las valiosas pepitas que quedan. El oro representa la parte eterna de ti: tu alma. Para todos es invisible, pero no para Mí. Soy el que planea pasar la eternidad contigo. En realidad, un alma bien alimentada —aunque invisible— puede mejorar tu apariencia: a medida que descansas en la certeza de Mi amor inagotable, tu rostro brillará con la alegría de Mi presencia.

Mi aprobación de ti […] se basa plenamente en Mi justicia, que es tuya por la eternidad. Cuando te mires en el espejo, intenta verte tal como eres: ataviado con justicia perfecta, adornado con brillante aprobación.  Jesús[2]

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Cuando te esfuerzas tanto por ajustarte a un molde determinado, ya sea que te quede bien o no, sea realista o no, renuncias a tu identidad. Uno de los muchos inconvenientes de compararse con los demás es que no brinda auténtica felicidad. Tal vez sientas cierta medida de satisfacción por haber cambiado algo que no te gustaba, o por seguir la última moda, pero ¿cuánto crees que durará?

Si lo que deseas es ser feliz, nunca lo lograrás de esa manera. La necesidad constante de ajustarse al patrón del mundo conduce a obsesiones. Primero se cambia de apariencia física, luego se procura adoptar la personalidad que va ligada al nuevo estilo, después hay que esforzarse por estar al día de las últimas tendencias conforme una moda es sustituida por otra.

Ahórrate tiempo, problemas y angustias. Quítate de la cabeza los criterios ajenos de lo que es atractivo. Olvídate de todo lo que te hayan dicho o hayas visto o pensado. Pregúntale a Dios qué cualidades concretas te ha dado que te distinguen de los demás. Reálzalas y saldrá a relucir lo mejor y más atractivo de ti.  Revista Conéctate

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Comparar la propia suerte con la ajena es algo que casi todos hacemos de una forma u otra. Queremos ser mejores, más fuertes, tener más belleza y más dones. Las envidias y el espíritu competitivo son inherentes a la naturaleza humana, y en el caso de muchos también son hábitos muy arraigados.

Compararse no necesariamente está mal. A veces nos viene bien observar y analizar otras situaciones o a otras personas a fin de tomar conciencia de ciertas cualidades o aprender de ellas. Si nos lleva a apreciar lo que tenemos y a adoptar una actitud positiva, resulta beneficioso. En cambio, cuando contrastar nuestras experiencias, dificultades o bendiciones con las de los demás nos incita a la negatividad, a la crítica o nos hunde en la insatisfacción, se hace evidente que nos estamos perjudicando.

Uno se compara negativamente por diversas razones y en diversos grados. Algunos solo batallan por alguna minucia que los incomoda, algo que les disgusta de sí mismos. En otros, es algo crónico: constantemente luchan contra la sensación de que sus semejantes son personas más dotadas o atractivas o tienen más privilegios u otras cosas por el estilo. Sea cual sea el caso, el Señor es capaz de ayudarnos a superar esa mentalidad negativa que puede despojarnos de la alegría de vivir e impedir que nos sintamos realizados.

Es importante tener en cuenta que el Señor obra de forma diferente en el caso de cada persona. A veces lo que es bueno para alguien no le conviene a otro. Por eso, no se pueden hacer comparaciones ni puede uno preguntarse por qué a algunos las cosas les resultan tan fáciles mientras que a otros no. El Señor es equitativo y justo y, lo que es más importante, todo lo hace con amor. Al final lo compensa todo, pues Él sabe lo que más nos conviene y en todo momento tiene en cuenta nuestro bienestar.

Todos somos una parte necesaria del amplio y magnífico designio general de Dios. Desde nuestra perspectiva, no logramos visualizar la totalidad de la trama de la vida ni el equilibrio del universo. Sin embargo, un día de estos veremos lo perfecto que es. Entonces entenderemos los motivos por los que nos hizo tal como somos, y se lo agradeceremos.

Él nos creó a todos con rasgos diferentes. No hay nadie en el mundo que sea exactamente igual a ti o a mí. Cada uno de nosotros es una creación singular. Él nos ama y nos hizo tal como somos por un buen motivo. Está contento con el resultado, y nosotros también deberíamos mostrarnos contentos y agradecidos.  María Fontaine

Publicado en Áncora en agosto de 2022.