El cristianismo y la depresión: Es complejo
LaKeisha Fleming
Siempre he sido una persona alegre. Los demás acuden a mí en busca de apoyo moral, o una palabra amable y amorosa. Me alegra animar a los demás con mis palabras. Siendo cristiana, siempre me he enorgullecido de difundir esa alegría y ser un testigo fuerte de Jesús, incluso cuando no es fácil o popular.
Cuando cumplí los 40 años, educaba a mis hijos en casa y, después de años de trabajar en las industrias del cine y la televisión, estaba empezando a tener éxito con mi propia compañía de producción. Y recibí una respuesta quizás a mi oración más íntima y sincera; después de años de intentarlo, me quedé embarazada otra vez.
Sé que es un cliché, pero para mí, la vida no podía ser más estupenda de lo que ya era. Sentí una maravillosa sensación de seguridad y paz, y en ese momento, mi fe se sentía inquebrantable.
Y luego, en un santiamén, me sorprendió una tragedia que no solo puso a prueba mi fe, sino que transformó mi vida para siempre.
(Lee el artículo [en inglés] aquí.)
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