Todos necesitamos ser perdonados
Recopilación
[We All Need Forgiveness]
Perdonar significa hacer borrón y cuenta nueva, saldar una deuda […] La Biblia nos dice que todos necesitamos el perdón de Dios. Todos hemos cometido pecado. Eclesiastés 7:20 proclama: «Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque». […]
Gracias a Dios, Él es amoroso y misericordioso, ¡está dispuesto a perdonar nuestros pecados! 2 Pedro 3:9 nos dice: «Él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan». Dios desea perdonarnos, así que nos proporcionó el perdón. […]
Segunda a los Corintios 5:21 nos enseña: «Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios». Jesús murió en la cruz, ¡recibió el castigo que nosotros merecemos! […] 1 Juan 2:2 proclama: «Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo». Jesús resucitó, proclamó Su victoria sobre el pecado y la muerte (1 Corintios 15:1–28). Gloria a Dios, por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo, es verdad lo que dice la segunda mitad de Romanos 6:23: «El regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor». GotQuestions.org1
*
Dios no guarda rencor. Nunca trata de vengarse de nosotros. Jesús pagó el precio total de todo lo malo que hemos hecho.
Dios planeó hacer eso mucho antes de que nacieras. Efesios 1:4 dice esto: «Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a Sus ojos».
Dios tenía un plan para la culpa en nuestra vida mucho antes de que respiráramos por primera vez.
Dios nos perdonó y espera que perdonemos a otros. La Biblia dice: «Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros» (Colosenses 3:13)2.
Estas son las razones por las que el perdón es muy importante:
— Porque Dios nos ha perdonado. Nunca necesitaremos perdonar a alguien más de lo que Dios ya nos ha perdonado. Cuando llegamos a Cristo, todos nuestros pecados se han borrado. Si hemos aceptado a Cristo en nuestra vida, Dios no guarda en el Cielo registros de nuestros pecados. Ya que Dios nos ofrece esa clase de perdón, deberíamos ofrecerlo generosamente a los demás.
— Porque el resentimiento nos hace infelices. No querer perdonar no solo hace daño a la otra persona. Nos hace daño a nosotros. En realidad, a nosotros nos daña más.
— Porque necesitaremos más perdón en el futuro. Cometeremos errores en el futuro. Pecaremos. Fallaremos. Caeremos. Más adelante necesitaremos el perdón de Dios y de los demás. Sin embargo, Jesús enseñó: «Si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco el Padre de ustedes les perdonará sus ofensas» (Mateo 6:15). Rick Warren3
Relato: mi abogado
Luego de llevar una vida en apariencia decente, llegó a su término mi paso por la Tierra. Lo primero que recuerdo es que estaba sentado en un banco, en la sala de espera de una especie de juzgado. Las puertas se abrieron y me dijeron que me sentara junto al abogado defensor.
Miré a mi alrededor. Vi un fiscal. Tenía un aspecto malévolo, y me miraba fijamente mientras hablaba con voz gruñona. Nunca había visto a nadie tan cruel. Tomé asiento. A mi izquierda estaba sentado mi abogado. Era un hombre de apariencia amable. Curiosamente, no me resultaba del todo desconocido.
Se abrió una puerta lateral y entró el Juez. Tenía un aspecto imponente. Vestía el atuendo completo, una larga y holgada toga que le caía suelta mientras atravesaba la sala. No pude quitarle los ojos de encima. Ocupó su asiento, y anunció:
—Comience la vista de la causa.
El fiscal se puso en pie y tomó la palabra:
—Me llamo Satanás. Voy a demostrar por qué este hombre es reo del infierno.
Seguidamente, enumeró las mentiras que yo había dicho y los bienes que robé, y habló de las veces en que engañé a otros. Mientras más hablaba, más me hundía en el asiento.
Sentía tanta vergüenza que no me atrevía a mirar a nadie, ni siquiera a mi abogado, mientras el Diablo mencionaba incluso pecados que yo no recordaba de nada. Me enojaba que Satanás contara esas cosas de mí, pero igualmente me molestó que mi abogado se quedara en silencio sin presentar la menor defensa.
Aunque no negaba que era culpable de cuanto se decía de mí, también había hecho algo de bien. Me preguntaba si al menos eso podría compensar en parte el daño que había hecho. Satanás concluyó declarando con furia:
—Este hombre se merece el infierno. Es culpable de todos los cargos que formulo contra él. No hay quien pruebe lo contrario.
Entonces le tocó el turno de hablar a mi abogado. Primero, preguntó si podía acercarse al asiento del magistrado. A pesar de las insistentes objeciones de Satanás, el juez accedió a que mi abogado se aproximara al estrado. Mi defensor se puso de pie y empezó a caminar. Por primera vez lo vi en todo Su esplendor y majestad. Comprendí por qué me resultaba tan familiar. Era Jesús quien me representaba; ¡mi Señor y Salvador!
Se detuvo ante el Juez, y lo saludó en voz baja:
—¿Qué tal, padre?
Luego, dirigiéndose al tribunal, precisó:
—Satanás tiene razón cuando afirma que este hombre ha pecado. No voy a negar ninguna de las acusaciones. Y, efectivamente, la paga del pecado es el infierno. Este hombre merece el castigo.
Tras respirar hondo, volviéndose al Padre con los brazos abiertos, Jesús proclamó:
—Sin embargo, Yo morí en la cruz para expiar los pecados de este hombre, a fin de que tenga vida eterna. Me ha aceptado como Salvador. Me pertenece.
Mi Señor continuó:
—Su nombre figura en el Libro de la Vida. Nadie me lo puede arrebatar. Satanás todavía no lo entiende. A este hombre no se le debe administrar justicia, sino misericordia.
Al sentarse, Jesús se quedó callado por un momento, miró a Su Padre y aseveró:
—No queda nada que hacer. Yo lo he hecho todo.
El Juez levantó Su poderosa mano, y con un golpe de martillo pronunció la absolución con estas palabras que resonaron en la sala:
—Este hombre queda en libertad. La pena que le correspondía ha sido cumplida en su totalidad. La causa queda sobreseída.
Jesús me dio instrucciones para llegar a mi próximo destino, y le pregunté:
—¿Nunca has perdido un pleito?
Jesucristo me respondió sonriendo amorosamente:
—Todo el que ha acudido a Mí pidiéndome que lo represente ha recibido este veredicto: «La pena que le correspondía ha sido cumplida en su totalidad». Anónimo4
*
Desde el principio, Dios decidió que transformaría a quienes acudieran a Él para que fueran como Su Hijo. Efectivamente, Su Hijo sería el primogénito entre muchos hermanos.
Así pues, cuando nos presentamos delante de Dios al recibir a Jesús como nuestro Salvador, el Padre nos declaró inocentes, nos colmó de la bondad de Cristo y nos prometió gloria como la de nuestro Salvador.
¿Qué responderíamos a tal maravilla? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién podrá hacer algo en contra de nosotros? Dios, que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con seguridad todo lo demás? Paráfrasis de Romanos 8:29-32
Publicado en Áncora en marzo de 2026.
1 «Got Forgiveness?» GotQuestions.org, 4 de enero de 2022, https://www.gotquestions.org/got-forgiveness.html
2 Rick Warren, «Four Ways to Love Others Like Jesus», Pastors.com, https://blog.pastors.com/articles/four-ways-to-love-others-like-jesus/
3 Rick Warren, «How Jesus Gives Us Freedom», Pastors.com, https://blog.pastors.com/articles/how-jesus-gives-us-freedom/
4 «Jesus, Our Advocate», God’s Other Ways (blog), https://www.godsotherways.com/stories/2020/3/25/do-the-next-thing-4baw5-8faz4-8858t-9sdzk-94pzd
Artículos recientes
- Todos necesitamos ser perdonados
- La promesa divina de poder
- Qué hacer cuando nos preocupa la falta de dinero
- Más allá de las apariencias
- El libro de Rut, 1ª parte
- La felicidad de los cristianos
- La realidad de la eternidad
- Vivir la vida de fe
- Trabajar en nuestra vida espiritual
- ¿Qué significa el amor?