Testigos oculares
Recopilación
[The Eyewitnesses]
En el Nuevo Testamento, los apóstoles aseguran haber sido testigos oculares. Los evangelios, al narrar la resurrección de Jesús, nombran a por lo menos 16 personas que vieron al Salvador resucitado. Durante un período de 40 días «después de haber padecido, [Jesús] se presentó vivo con muchas pruebas indubitables» (Hechos 1:3; 13:31). En una de sus epístolas, Pablo cuenta que en una ocasión lo vieron más de 500 seguidores Suyos, la mayoría de los cuales aún estaban vivos cuando él lo escribió (1 Corintios 15:3–8).
El apóstol Pedro dio el siguiente testimonio: «No estábamos inventando cuentos ingeniosos cuando les hablamos de la poderosa venida de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros vimos Su majestuoso esplendor con nuestros propios ojos»(2 Pedro 1:16).
Asimismo, el apóstol Juan afirmó: «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocante a la Palabra de vida —la vida fue manifestada, y la hemos visto; y les testificamos y anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y nos fue manifestada—, lo que hemos visto y oído lo anunciamos también a ustedes»(1 Juan 1:1–3).
No es fácil refutar las afirmaciones de un testigo ocular, sobre todo si está dispuesto a sufrir persecución y hasta a morir por lo que dice haber presenciado, como fue el caso de los primeros seguidores de Jesús. Nadie da la vida por lo que sabe que es un invento. Keith Phillips
La autoridad de los evangelios como testimonios de primera mano
Muchos escépticos rechazan la autoridad de los evangelios como testimonios de primera mano, aun cuando la iglesia primitiva seleccionó y aceptó los evangelios canónicos basándose principalmente en la autoridad de los testigos oculares que los escribieron. […] Como soy detective de antiguos casos no resueltos y examino a diario declaraciones de testigos oculares, investigué lo que narran los evangelios en mi libro Cristianismo, caso sin resolver: Un detective de homicidios investiga las afirmaciones de los evangelios. Mi investigación me llevó a concluir que los evangelios del Nuevo Testamento deben considerarse como relatos de testigos oculares, por cuatro razones:
1. Los evangelistas afirmaron su autoridad como testigos oculares. Los autores de los evangelios declararon tener autoridad como testigos presenciales (o como cronistas de testigos presenciales), y los primeros creyentes aceptaron la visión tradicional de que sus autores habían sido testigos oculares. Los evangelistas (y sus fuentes) insisten en haber sido testigos oculares (2 Pedro 1:16,17; Juan 21:24,25; Lucas 1:1–4).
2. Los primeros creyentes confirmaron la autoridad de los testigos oculares. Tanto ellos como los padres de la Iglesia aceptaron los evangelios como documentos de testigos presenciales. Por ejemplo, Papías [c. 60 – c. 130 d. C.], al describir la autoría del Evangelio de Marcos, dice: «Marcos, que se había convertido en el intérprete de Pedro, puso por escrito de manera precisa, si bien es cierto que no en orden, lo que recordaba de lo que Cristo dijo e hizo». […]
3. La autoridad de los testigos oculares fue fundamental para el crecimiento de la Iglesia. La autoridad de los apóstoles como testigos presenciales fue clave para la expansión de la iglesia primitiva. Hay homogeneidad entre ellos en cuando a la manera en que proclamaron a Cristo. Una y otra vez declararon haber sido, ante todo, testigos oculares (Hechos 2:23,24, 32).
4. Para validar los textos del Nuevo Testamento se apeló a la autoridad de quienes habían sido testigos oculares. Hasta Pablo entendió lo importante que era la autoridad de un testigo presencial. Una y otra vez mencionó su propio encuentro con Jesús para legitimar su misión y sus escritos. También invitaba a sus lectores a corroborar con otros testigos oculares lo que él afirmaba:
«Ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, que se apareció a Cefas y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. Luego se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles, y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí» (1 Corintios 15:3–8).
Los evangelios se redactaron como testimonios de testigos oculares dentro de la larga y rica tradición evidencial de la comunidad cristiana temprana. La iglesia primitiva valoró mucho las pruebas ofrecidas por Jesús y la autoridad de los apóstoles como testigos oculares. Los evangelios fueron aceptados y considerados fidedignos por su estatus como relatos de testigos oculares. La autoridad inherente a los evangelios fue conferida por Jesús, afirmada por los evangelistas, confirmada por los primeros creyentes, fundamental para el crecimiento de la Iglesia, y sirvió para validar el canon del Nuevo Testamento. J. Warner Wallace1
Testigos de Su majestad
Por lo que dice 2 Pedro 1:16–21, da la impresión de que en los primeros tiempos del movimiento cristiano hubo quienes cuestionaban si se podía confiar en lo que contaban los seguidores de Jesús. Pero en estos versículos Pedro afirma que lo que él enseñaba a los creyentes no eran «cuentos ingeniosos» como los de una novela. Él había sido testigo de la «poderosa venida» de Jesús; los apóstoles habían visto con sus propios ojos «Su majestuoso esplendor».
En la narración de la transfiguración de Jesús tenemos una muestra de lo que Pedro presenció (Mateo 17:1–9). Jesús subió a un monte con Pedro, Jacobo y Juan y les permitió vislumbrar Su gloria celestial como Hijo de Dios mientras hablaba con Moisés y Elías, dos de los profetas más importantes del Antiguo Testamento. El relato parece sacado de una novela fantástica. No es normal que el rostro de una persona resplandezca como el sol y que sus vestiduras se vuelvan blancas como la luz mientras conversa con hombres que vivieron mil años antes (Mateo 17:2). Así que cuando los discípulos empezaron a contar lo que habían visto, es comprensible que su público se mostrara escéptico y cuestionara la veracidad de lo que decían.
Por eso este versículo es tan importante para nosotros, no solo para confirmar que la narración de la transfiguración de Jesús es veraz, sino también para validar toda la Biblia. Estos no son relatos inventados por diversión. Ellos no ganaron nada de dinero con lo que escribieron, como haría un novelista moderno. Al contrario: los autores de los libros de la Biblia estaban tan convencidos de lo que habían visto que arriesgaron su vida afirmándolo. […] Eso es lo que distingue a la Biblia: fue escrita por personas que habían presenciado los hechos que describieron, o que habían hablado con personas que los habían presenciado de primera mano, y que estuvieron dispuestas a morir por defender la verdad de lo que habían escrito. […]
Por eso es vitalmente importante que permanezcamos en la palabra de Dios y que prestemos oído a lo que Él nos dice por medio de ella. No se trata de una simple colección de cuentos bonitos que contarles a nuestros hijos, o de relatos que nos enseñan a vivir como es debido y a tomar buenas decisiones y nada más. Son relatos de testigos oculares de la gloria de Dios revelada en Jesús.
Cuando nos sumergimos en estos relatos, el Espíritu Santo nos llena de la gloria de Dios que Jesús nos revela y echa fuera la oscuridad que pueda haber en nuestro corazón y nuestra mente. De esa manera podemos llevar la gloria de Dios que encontramos en Jesús —Su amor, misericordia, gracia y todo lo bueno de Dios— a otras personas y a lo que a menudo es un mundo muy oscuro. Cuando la gloria de Dios resplandece en nosotros por la presencia de Jesús mediante Su Espíritu, podemos llevar Su gloria a todas las circunstancias de la vida y a todas las situaciones en las que podamos encontrarnos. St. John’s Lutheran Church2
No son ingeniosos cuentos inventados
Las fábulas ingeniosas y las fotos retocadas con creatividad […] abundan a diestra y siniestra. Yo me estoy volviendo cada vez más escéptico ante la proliferación de bulos en Internet y en los correos electrónicos. No cuesta mucho inventarse un bulo y crear un sitio web o enviarlo por email a montones de personas. Luego se difunde a través de mensajes reenviados, que a menudo instan al lector diciendo: «Envía esto a todos tus contactos».
Algunos tienen cierta verosimilitud: son cuentos ingeniosos. Otros son tan claramente ridículos que menoscaban la credibilidad de quien los envía. […] Entradas gratis a Disney World, bendiciones prometidas y maldiciones veladas si no reenvías una espeluznante carta con connotaciones espirituales que es parte de una cadena, herencias que te dejan desconocidos, historias extravagantes, etc.
Pero Pedro declara: «No estábamos inventando cuentos ingeniosos cuando les hablamos de la poderosa venida de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros vimos Su majestuoso esplendor con nuestros propios ojos» (2 Pedro 1:16). ¡Qué tremenda garantía de que nuestra fe se asienta sobre un firme fundamento! Pedro tuvo asombrosas experiencias con nuestro Señor como testigo ocular y estaba resuelto a que, cuando dejara esta vida, sus oyentes y lectores no olvidaran los relatos y las enseñanzas esenciales que él transmitía (2 Pedro 1:15). […]
A medida que vamos adquiriendo sabiduría y madurez espiritual, es importantísimo que nunca nos cansemos de escuchar las enseñanzas fundamentales de nuestra fe. Constituyen un poderoso antídoto contra los numerosos cuentos inventados a los que nos vemos expuestos año tras año. […]
Abracemos hoy esa firme garantía al reflexionar sobre estas cosas, y no dejemos de ser fieles defensores de «la fe que fue entregada una vez a los santos» (Judas 1:3).
¡Qué base tan firme, santos del Señor,
tenéis para vuestra fe en la Palabra de Dios!
¿Qué más va a decir que no os haya dicho ya
a todos los que en Cristo hallasteis solaz? Stephen C. Weber3
Publicado en Áncora en marzo de 2026. Traducción: Esteban.
1 J. Warner Wallace, «Cuatro Razones por las Que Debemos Aceptar los Evangelios Como Relatos de Testigos Oculares», Cold-Case Christianity, 20 de abril de 2019, https://coldcasechristianity.com/articulos-en-espanol/cuatro-razones-por-las-que-debemos-aceptar-los-evangelios-como-relatos-de-testigos-oculares/
2 «Clever Stories or Eyewitness Accounts? (2 Peter 1:16-21)», St. John’s Lutheran Church, 3 de marzo de 2020, https://ttglutheran.wordpress.com/2020/03/03/clever-stories-or-eyewitness-accounts-2-peter-116-21/
3 Stephen C. Weber, «Not A Cleverly Invented Story!», dailyencouragement.wordpress.com, 12 de agosto de 2008, https://dailyencouragement.wordpress.com/2008/08/12/not-a-cleverly-invented-story/
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