La naturaleza de Dios: Amor
Peter Amsterdam
[The Nature of God: Love]
Uno de los versículos más preciados de la Biblia es 1 Juan 4:8, que dice que «Dios es amor». Esta verdad sobre la naturaleza de Dios se evidencia en la Biblia de principio a fin y se manifiesta claramente en la vida de quienes lo conocen y lo aman. El amor Divino se manifiesta de tantos modos en nuestra vida íntima que por vivencia experiencial podemos afirmar que Dios es amor. Naturalmente que el amor no es la única cualidad de Dios, pues Él engloba todos los atributos que componen Su naturaleza y personalidad.
El amor de Dios se aprecia en Su naturaleza triuna. Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son amor y se aman mutuamente. Jesús habló del amor del Padre por Él y de Su amor por el Padre, diciendo: «Me has amado desde antes de la fundación del mundo» (Juan 17:24). Y también leemos que el Padre proclama Su amor por el Hijo en el bautismo de Jesús: «Se oyó una voz de los cielos que decía: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”» (Mateo 3:17).
Si bien no hay versículo que aluda al amor del Padre y el Hijo por el Espíritu Santo, cabe inferir que ese amor existe. La Escritura sí habla del amor del Espíritu en Romanos. «Les ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que se esfuercen juntamente conmigo en sus oraciones a Dios por mí» (Romanos 15:30).
El amor de Dios abraza a todo ser humano. Desde el momento en que los creó, Dios ha amado a los seres humanos. Independientemente de cuál sea el estado de la relación que mantienen con Él, Dios los ama. Quizá no crean en Su existencia; quizá crean que existe, pero que los aborrece; a lo mejor no quieren tener nada que ver con Él… Sea como fuere, Él los ama. Su amor, benevolencia y consideración les son concedidos en virtud de que forman parte de la humanidad. Los seres humanos fueron creados a imagen de Dios (Génesis 1:27). Él nos ama a cada uno, y el amor que alberga por nosotros se traduce en actos amorosos de Su parte… en el desvelo que tiene hacia la humanidad y las bendiciones que nos prodiga.
Con Tus cuidados fecundas la tierra, y la colmas de abundancia. Los arroyos de Dios se llenan de agua, para asegurarle trigo al pueblo. ¡Así preparas el campo! Empapas los surcos, nivelas sus terrones, reblandeces la tierra con las lluvias y bendices sus renuevos. Tú coronas el año con Tus bondades, y Tus carretas se desbordan de abundancia. Rebosan los prados del desierto; las colinas se visten de alegría. Pobladas de rebaños las praderas, y cubiertos los valles de trigales, cantan y lanzan voces de alegría. Salmo 65:9–13
Cuando Jesús enseñó a Sus discípulos a amar a sus enemigos, les señaló que al hacerlo estarían imitando el amor de Dios, pues Dios muestra a todos Su amor y bondad, incluso a los ingratos y los malignos.
Ustedes han oído que se dijo: «amaras a tu prójimo y odiarás a tu enemigo». Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Mateo 5:43–45
Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque Él es bondadoso con los ingratos y malvados. Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. Lucas 6:35,36
Jesús también reveló el amor que Dios tiene por todos cuando expuso el argumento de que si Dios vela por las aves de los cielos, cómo no va a velar por la gente, que es más valiosa que las aves.
Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas? ¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Mateo 6:26,27
Pablo, dirigiéndose a los griegos, lo expresó de esta manera:
En las generaciones pasadas Él permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos; y sin embargo, no dejó de dar testimonio de Él mismo, haciendo bien y dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando sus corazones de sustento y de alegría. Hechos 14:16,17
El aspecto en que se hace más evidente el amor de Dios por la humanidad es en Su respuesta a nuestra necesidad de salvación. Todo ser humano es pecador y para poder reconciliarse con Dios precisa de redención. (Romanos 3:23, 6:23). El amor que Dios abriga por cada ser humano estableció el plan de salvación por medio del cual Jesús vino a la Tierra, llevó una vida libre de pecado y murió en un acto de expiación; por lo tanto, cargó Él mismo con nuestros pecados (1 Juan 2:2). Eso significa que ahora cada persona puede reconciliarse con Dios, independientemente de quién sea y de los pecados que haya cometido; puede hacerlo por medio de la fe en Jesús y Su sacrificio por nuestros pecados. Jesús ofrendó Su vida por todos, de ahí que la salvación está al alcance de todo el que cree en Él y lo acepta. Jesús lo hizo por Su amor a todas las personas, amor por todo el mundo.
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a Su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. 1 Juan 4:10
Vemos por el extraordinario sacrifico que hizo Jesús por nosotros, que nos ama y nos cuida; y por medio de la salvación ha dispuesto ayuda no solo para nuestra vida física, sino también para nuestra vida espiritual. Soportó todo el peso de nuestro castigo, pese a que todos somos pecadores. La muerte de Jesús en la cruz nos enseña que el amor de Dios es abnegado, altruista. Su misma naturaleza es una de entrega de Sí mismo con el fin de bendecir y favorecer a los demás.
Muchas personas expresan cierta dificultad para entender el amor de Dios por la humanidad en relación con Su justa sanción del pecado y la maldad. El amor de Dios se manifiesta en Su paciencia con la humanidad, al ser en Su misma naturaleza «compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad» (Éxodo 34:6). El amor de Dios se manifiesta en Su anhelo de que las personas reciban Su don de salvación y en el tiempo que les concede para hacerlo (1 Timoteo 2:3,4). Dios pospone el merecido castigo a causa del profundo amor que atesora por quienes creó a Su imagen. El teólogo Jack Cottrell lo expresa así:
Si Dios hubiera resuelto darnos lo merecido en el momento en que lo merecíamos, todos habríamos perecido hace ya mucho tiempo. Gracias a Su amorosa paciencia, Él pone en suspenso el castigo hasta que queda descartado (con respecto al que se lo merece) o hasta que en última instancia termina aplicándolo1.
La paciente espera de Dios antes de ejecutar sentencia por el pecado tiene por finalidad dar a la gente tiempo de arrepentirse, de recibir la salvación y así eludir el castigo o ira divinos. Dios por naturaleza concede a la gente tiempo para optar por la redención. No quiere que nadie perezca y se muestra paciente para dar a la gente tiempo de aceptar Su amor redentor por medio de Cristo, como se expresa en los siguientes versículos.
¿O menosprecias las riquezas de Su benignidad, paciencia y generosidad, ignorando que Su benignidad te guía al arrepentimiento? Romanos 2:4
El Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Consideren la paciencia de nuestro Señor como salvación. 2 Pedro 3:9, 15
Dios, con Su designio de amor, hizo posible que la gente se librara del justo castigo por el pecado y que se reconciliara en relación amorosa con Él. Envió a un sustituto —Su Hijo— para que asumiera ese castigo por nuestros pecados. No descarga Su justicia y Su ira sobre el pecador, ya que Jesús las asumió.
Cada persona no tiene que hacer otra cosa que creer en Jesús y aceptarlo como su Salvador, y si lo hacen, sus pecados le son perdonados, expiados. Esa es la naturaleza del amor de Dios y el regalo que otorgó a la humanidad. Por medio de Su amor abnegado posibilita el perdón de los pecados. Jesús ofrendó Su vida para que todo el que crea en Él pudiera reconciliarse con Dios. Él no obliga a nadie a aceptar Su regalo, pues ha dado libre albedrío a la humanidad. Así y todo, aguarda con paciencia deseoso de que todos lo acepten.
Los que hemos obtenido el regalo de Dios de la salvación, experimentamos Su amor de manera profunda. Ahora somos Sus hijos (Juan 1:12) y vivimos con Él para siempre (Juan 14:2,3). Entablamos una relación personal con Dios. Comulgamos con Él, nos unimos más a Él, lo llegamos a conocer mejor. Su Espíritu mora en nosotros y obra para transformar nuestra vida a imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).
Experimentamos el amor de Dios con una amplitud y diversidad que solo es dable para quienes lo conocemos y lo amamos. Jesús nos ha llamado Sus amigos y el Dios del universo es nuestro Padre celestial (Juan 15:15). «Hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para Él; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio de Él existimos nosotros. (1 Corintios 8:6).
Sus hijos recibimos el encargo de dar a conocer las buenas nuevas de Su amor a cuantas personas podamos, invitarlas a ser Sus hijos y coherederos de Sus bendiciones junto con nosotros.
Han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!» El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo. Romanos 8:15–17
Publicado por primera vez en mayo de 2012. Adaptado y publicado de nuevo en marzo de 2026.
1 Jack Cottrell, What the Bible Says About God the Redeemer (Wipf & Stock Publishers, 2000), p. 358.
Artículos recientes
- El propósito de la Biblia
- La naturaleza de Dios: Amor
- Nuestro Dios de liberación
- El poder destructivo de la pornografía (y cómo liberarse)
- ¿Cómo me ve Jesús?
- El libro de Rut, 2ª parte
- Mi itinerario bíblico
- Todos necesitamos ser perdonados
- La promesa divina de poder
- Qué hacer cuando nos preocupa la falta de dinero