El libro de Rut, 1ª parte
Peter Amsterdam
[The Story of Ruth—Part 1]
El libro de Rut es uno de los libros históricos del Antiguo Testamento y uno de los dos libros de la Biblia que tienen por título el nombre de una mujer; el otro es el de Ester. En cuatro capítulos, el libro de Rut cuenta cómo fue que una mujer moabita llegó a ser la bisabuela del rey David, el mayor rey de Israel.
La historia empieza así:
Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra, y un hombre de Belén de Judá fue a vivir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer Noemí; los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí (Rut 1:1–2).
En el período de los jueces (1200 a. C. a 1020 a. C.) Elimelec y Noemí, una familia israelita de Belén se trasladó al vecino país de Moab para quedarse temporalmente en Moab durante la hambruna y volver a su país cuando terminara. Un tiempo después de emigrar a Moab, Elimelec falleció. Noemí y sus hijos permanecieron en Moab, y ellos se casaron con mujeres moabitas. Unos diez años después, los hijos murieron, dejando viudas a las dos esposas moabitas, Orfa y Rut; y Noemí se quedó sin sus hijos y sin su marido (Rut 1:3–5).
Entonces se puso en marcha con sus nueras, y regresó de los campos de Moab, porque oyó en el campo de Moab que el Señor había visitado a Su pueblo para darle pan. Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para regresar a la tierra de Judá (Ruth 1:6–7).
Al enterarse de que el hambre había remitido, Noemí decidió regresar a la tierra de Judá. En el trayecto, quizás al reflexionar sobre su experiencia de trasladarse a otro país y vivir como forastera prácticamente sin nada, pensó en sus dos nueras, que iban a llegar a una tierra que les era ajena, como ella lo había hecho mucho antes.
Y Noemí dijo a sus dos nueras: «Andad, volveos cada una a la casa de su madre. Que el Señor tenga de vosotras misericordia, como la habéis tenido vosotras con los que murieron y conmigo» (Rut 1:8). Noemí, desinteresadamente, les dijo a sus dos nueras que regresaran a la casa de su madre en Moab, ya que era más probable que encontraran un nuevo esposo entre su propia gente. Esa fue la primera bendición de Noemí para sus nueras.
La segunda fue esta: «Os conceda el Señor que halléis descanso, cada una en casa de su marido». (Ruth 1:9). Noemí las liberó de toda obligación para con ella como suegra. Después de bendecirlas, Noemí las besó y lloraron juntas.
[Ellas] le dijeron: «Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo». Noemí insistió: «Regresad, hijas mías; ¿para qué vendríais conmigo? ¿Acaso tengo yo más hijos en el vientre que puedan ser vuestros maridos? Regresad, hijas mías, marchaos, porque ya soy demasiado vieja para tener marido. Y aunque dijera: “Todavía tengo esperanzas”, y esta misma noche estuviera con algún marido, y aun diera a luz hijos, ¿los esperaríais vosotras hasta que fueran grandes? ¿Os quedaríais sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano del Señor se ha levantado contra mí»(Rut 1:10–13).
Las nueras declararon su lealtad y dijeron que se quedarían con su suegra, y que se comprometerían a establecerse en Belén, donde serían extranjeras. Noemí, sin embargo, analizó pragmáticamente la situación. Ya no estaba en edad de procrear; y aunque no fuera así y pudiera tener otros hijos, ¿esperarían ellas a que sus hijos fueran mayores para casarse con ellos?
Orfa decidió regresar a Moab para volver a casarse (Rut 1:14–15), mientras que Rut escogió quedarse con Noemí. Noemí trató de convencerla para que ella también regresara a Moab.
Rut respondió: «No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú vayas, iré yo, y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo y allí seré sepultada. Traiga el Señor sobre mí el peor de los castigos, si no es solo la muerte lo que hará separación entre nosotras dos» (Rut 1:16–17).
Rut se comprometió a abandonar su cultura, su lengua, su familia y la posibilidad de tener una futura familia para quedarse con Noemí. A partir de ese momento, se uniría de forma permanente al pueblo de Noemí. «Al ver Noemí que Rut estaba tan resuelta a ir con ella, no insistió» (Rut 1:18).
Al escuchar la promesa de Rut, Noemí accedió a que la acompañara a Belén. La historia continúa y relata su viaje a Belén:
Cuando entraron en Belén, toda la ciudad se conmovió por su causa, y exclamaban: «¿No es esta Noemí?» Pero ella les respondía: «¡No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura! Me fui llena, con las manos vacías me devuelve el Señor. ¿Por qué aún me llamáis Noemí, si ya el Señor ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?» (Rut 1:19–22).
No sabemos cuánto tiempo les tomó el viaje ni la distancia que recorrieron; probablemente fue un viaje de unos 70 a 140 kilómetros, según la ruta que tomaran. Lo único que sabemos es que hicieron el viaje y que su llegada fue la comidilla del pueblo. Habían pasado diez años desde que Noemí y su marido se habían marchado de Belén, y ahora ella volvía viuda con una nuera moabita. La actitud de Noemí a su regreso a Belén era de desesperación. En su opinión, el Todopoderoso había llenado su vida de amargura y se preguntaba por qué Dios la había afligido tanto.
Pero la historia no termina aquí.
Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Un día Rut, la moabita, dijo a Noemí: «Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia». «Vé, hija mía», le respondió ella (Rut 2:1,2).
Las dos mujeres habían llegado a Belén al comienzo de la cosecha de la cebada, o sea, que debió de ser a finales de marzo o principios de abril. El libro del Levítico ordenaba que, al hacer la cosecha, se dejara parte de la producción para los pobres (Levítico 19:9,10). Rut le propuso a Noemí que podía ir por los campos de Belén para recoger granos de las espigas en el campo de alguien que se lo permitiera. «Fue, pues, y al llegar, se puso a espigar en el campo tras los segadores. Y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el pariente de Elimelec» (Rut 2:3).
Booz, que era un hombre importante en Belén y era pariente de Elimelec (Rut 2:1). Booz conocía a sus trabajadores y, al parecer, también a los que espigaban los campos; y al fijarse en Rut se había dado cuenta de que era nueva.
Entonces Booz dijo a su siervo que estaba a cargo de los segadores: «¿De quién es esta joven?» Y el siervo a cargo de los segadores respondió: «Es la joven moabita que volvió con Noemí de la tierra de Moab. Y ella me dijo: “Te ruego que me dejes espigar y recoger tras los segadores entre las gavillas”» (Rut 2:4–7).
Tras escuchar el informe positivo del capataz, Booz habló directamente con Rut.
Entonces Booz dijo a Rut: «Oye, hija mía, no te vayas, ni recojas espigas en otro campo; te quedarás aquí junto a mis criadas. Mira bien el campo que sieguen y síguelas; pues he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados» (Rut 2:8,9).
Quizá la llamó «hija mía» porque era mucho más joven que él, o porque estaba ahora bajo su protección y le dijo que trabajara junto a sus criadas.
Entonces ella, bajando su rostro, se postró en tierra y le dijo: «¿Por qué he hallado gracia a tus ojos para que me favorezcas siendo yo extranjera?» Booz le respondió: «He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y cómo has dejado a tu padre y a tu madre, y la tierra donde naciste, para venir a un pueblo que no conocías. Que el Señor te recompense por ello, y que recibas tu premio de parte del Señor Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte» (Rut 2:10–12).
Rut se quedó asombrada al escuchar las amables palabras de Booz, le preguntó por qué era tan gentil con ella, una moabita. Booz le explicó que estaba al corriente de lo que ella había dejado atrás y que rogaba que Dios le pagara los sacrificios que había hecho. Rut se conmovió profundamente con las palabras de Booz y su forma de tratarla, sobre todo porque ella era una extranjera. «Ella le dijo: “Señor mío, me has mostrado tu favor y me has consolado; has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni siquiera como una de tus criadas”»(Rut 2:13).
Cuando llegó la hora de comer de los trabajadores, Booz invitó a Rut a sentarse con él. Le ofreció pan, el cual se mojaba en vinagre, probablemente un tipo de salsa que ablandaba el pan duro. «Se sentó ella junto a los segadores, y él le dio del guiso; comió hasta quedar satisfecha y aun sobró» (Rut 2:14). A Rut le sobró una parte que se llevó a casa para Noemí.
Cuando se levantó para seguir espigando, Booz ordenó a sus criados: «Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis; dejaréis también caer para ella algo de los manojos; dejadlo para que lo recoja, y no la reprendáis» (Rut 2:15–16).
Cuando Rut se puso otra vez a espigar, Booz mandó a los segadores que la ayudaran activamente. También les ordenó que no la insultaran, avergonzaran ni humillaran. Rut trabajó sin descanso hasta el anochecer. El resultado de su jornada de trabajo fue un efa de cebada, que equivalía a 22 litros. Esa cantidad alimentaría a las dos mujeres durante varias semanas (Rut 2:17–18).
Su suegra le preguntó: «¿Dónde has espigado hoy? ¿Dónde has trabajado? ¡Bendito sea el que te ha favorecido!» Ella contó a su suegra con quién había trabajado, y añadió: «El hombre con quien he trabajado hoy se llama Booz». Dijo entonces Noemí a su nuera: «¡Bendito del Señor, pues que no ha negado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto! Ese hombre es pariente nuestro, uno de los que pueden redimirnos», añadió (Rut 2:19–20).
Noemí quería saber hasta el último detalle de la productiva jornada de trabajo de Rut. Después de que Rut la informó y le habló de Booz, su suegra reaccionó alabando al Señor por Su bondad. Aunque le había parecido que el Señor había dejado de cuidar de ella, ahora se daba cuenta de que la benevolencia de Dios para con ella y Rut se manifestaba a través de la bondad de Booz.
Booz era uno de sus tutores-redentores. Era un pariente cercano sobre el que recaía la responsabilidad de recomprar tierras de la familia que habían sido vendidas o podían terminar vendiéndose, con el fin de que quedaran en la familia. (Véase Levítico 25:25; Deuteronomio 25:5–10.) Con el tiempo se llegó a entender que los redentores también debían responsabilizarse de cuidar de los parientes necesitados.
Noemí le explicó a Rut las ventajas de seguir con los segadores de Booz, donde estaría a salvo, pues trabajaría en compañía de sus criadas: «Es bueno, hija mía, que salgas con sus criadas, no sea que en otro campo te maltraten» (Rut 2:21–23). Así que Rut continuó trabajando hasta que terminó la cosecha de la cebada y la del trigo, lo que debió de ser un período de unos tres meses.
Publicado por primera vez en octubre de 2022. Adaptado y publicado de nuevo en febrero de 2026.
Artículos recientes
- El libro de Rut, 1ª parte
- La felicidad de los cristianos
- La realidad de la eternidad
- Vivir la vida de fe
- Trabajar en nuestra vida espiritual
- ¿Qué significa el amor?
- La cercanía de Dios durante la pérdida de un hijo
- Difunde la buena nueva, uno a uno
- El llamado a perdonar
- 4 razones para aceptar que los Evangelios son recuentos de testigos oculares