¿Cómo me ve Jesús?
Recopilación
[How Does Jesus See Me?]
Una persona con quien suelo hablar se preguntaba cómo la veía el Señor, porque no estaba del todo contenta consigo misma ni con sus logros. ¿De qué manera la veía el Señor al evaluar su vida? ¿Cuál era Su perspectiva? Esto es lo que se recibió en profecía para esa persona.
Permíteme decirte lo que veo al mirarte.
Veo a Mi amado hijo. Tal como un padre o una madre contemplan con cariño a su hijo y los embarga un sentimiento de amor; así te miro. Me llena de orgullo ver que has pasado de la niñez a la edad adulta, y las decisiones prudentes y maduras que has tomado a lo largo de los años.
Veo un corazón sumiso, que se ha plegado a Mi voluntad una y otra vez, aun cuando no te creías capaz ni te parecía que tenías las fuerzas para seguir adelante.
Veo una vida de sacrificio vivida para Mí. Lo has puesto todo en el altar del sacrificio innumerables veces, por mucho que te costara.
Veo a una persona que siempre estuvo dispuesta a seguirme sin importar adónde la condujera, alguien que ha tenido la fe necesaria para dar los pasos que le tenía deparados, aun cuando no podía ver con claridad el camino que tenía por delante ni sabía cuál era su destino final.
Veo un alma abnegada y generosa, que concede prioridad a las necesidades de los demás y no a las suyas.
Veo una vasija humilde que se ha mostrado dispuesta a pasar por Mis fuegos de purificación a fin de que refine más el oro de que está hecha.
Veo a alguien con una fe inquebrantable, aunque tú puedas sentir lo contrario. Tu fe ha soportado la prueba del tiempo. Te has mantenido fiel a Mi llamado, a Mi silbo dulce y apacible que te susurra al corazón, a los fundamentos y a los principios fundamentales que te he transmitido a lo largo de los años. Sé que tu fe se basa en una piedra firme y que no se dejará conmover con facilidad.
Veo a mi honorable mensajero. Has entregado tu vida a la causa de propagar Mi mensaje de amor a los demás para que ellos, a su vez, también puedan experimentar el gozo de Mi salvación.
Cuando te quieras preguntar si lo que has logrado valió la pena o si has vivido bien tu vida, recuerda que Yo veo los verdaderos valores de tu vida, que a lo mejor tú o los demás pasan por alto o no alcanzan a apreciar del todo. Son cualidades que conforman un temple digno de admiración, contribuciones que perdurarán en la vida de otros y seguirán marcando la diferencia en el mundo. Jesús
Si esto hace eco en tu corazón y eres capaz de imaginar que Jesús te dirige a ti estas palabras, deja que sea fuente de ánimo para ti también. María Fontaine
*
Levanté el teléfono llena de emoción para llamar a mi mejor amiga. El domingo por la tarde era el tiempo que pasábamos juntas. Sin embargo, me dijo que se había comprometido a ir al cine con otra amiga y que no podríamos vernos. No me invitó a acompañarlas ni sugirió otro momento para vernos y hablar.
Sentí que el rechazo endurecía mi estómago como su punzada fría.
¿Has tenido esa sensación? ¿Has sufrido el rechazo de familiares, amigos o compañeros de trabajo?
El rechazo es una de las experiencias humanas más dolorosas. No cabe duda. Te corta hasta lo más profundo de tu ser y emite mensajes potentes que te hacen el corazón añicos, como:
No eres lo bastante bueno.
Tu trabajo no es suficientemente bueno.
Nadie te ama.
No lo mereces.
No encajas.
No vales nada.
Nunca estarás a la altura.
Esos mensajes hirientes pueden erosionar nuestra identidad y nuestras relaciones si los creemos e interiorizamos.
Pero la Palabra de Dios tiene un mensaje muy distinto. Uno de mis pasajes favoritos del Antiguo Testamento es el relato de Agar, una mujer víctima de abusos y rechazos, pero que recibió el amor y los cuidados de Dios.
Génesis 16 nos cuenta que Agar fue la esclava de Sara, esposa de Abraham. Sara era estéril, así que usó a Agar como vientre sustituto. Ello cambió la dinámica en esa familia y Sara empezó a tratar cada vez peor a Agar. Rechazada y despreciada, Agar huyó al desierto.
Pero allí, Dios envió un ángel con un mensaje especial para ella. Dios mismo manifestó Su presencia a Agar de una manera portentosa: se apareció ante aquella mujer con palabras de consuelo, ánimo y visión sobre el futuro, junto a una magnifica promesa de bendición para su familia.
Agar vislumbró la esperanza en las palabras del ángel sobre el amor y la aceptación de Dios hacia ella. Confió en las palabras del emisario celestial. Escuchó a Dios decirle:
Yo te veo.
Eres valiosa para Mí.
Te amo.
Te acepto.
Tengo un plan para tu vida.
Yo cuidaré de ti.
No te abandonaré ni te rechazaré.
Agar le puso nombre al Señor en ese mismo momento: «El Dios que me ve, pues se decía: Ahora he visto al que me ve» (Génesis 16:13).
Imaginen esto por un momento: Dios ve, entiende y ama cada parte de tu ser. Él ve tu pasado, tu presente y tu futuro. Dios ve el dolor e incluso las heridas invisibles de tu corazón. Ve la luz y la oscuridad.
Y a pesar de todo, se queda. No nos rechaza. Él ve tu yo verdadero; y las piezas de tu vida se juntan a medida que Su plan se va desarrollando.
Aceptemos el regalo de ser vistos y conocidos por Dios; de permitirle sanar nuestro corazón maltrecho como sólo Él puede hacerlo.
Querido Señor, el rechazo es doloroso. A veces lucho contra las mentiras que bombardean mis pensamientos y dudo de mi valor como persona. Permíteme sentir Tu amor y aceptación incondicionales de maneras novedosas. Sana mis heridas. Derrama sobre mí Tus bendiciones. Quiero ver a Aquel que me ve. En el nombre de Jesús, amen. Hadassah Treui
*
Mediante el arrepentimiento y la aceptación de la muerte de Jesús por nosotros, soy llamado hijo de Dios (Juan 1:12; Gálatas 3:26). En Cristo, Dios me ve como una nueva creación: «De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).
Dios me ve en Cristo como heredero de las riquezas celestiales (Efesios 1:11; cf. Romanos 8:17). Dios me considera uno de los Suyos, para siempre. Para Él, soy obra de Sus manos (Salmo 139:13-16; cf. Efesios 2:10); amigo Suyo (Santiago 2:23); uno de los escogidos, «santo y amado» (Colosenses 3:12). Para Él, soy «muerto al pecado» (Romanos 6:11), pero «resucitado con Cristo» (Colosenses 3:1); templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16); piedra viva elegida por el Maestro Albañil (1 Pedro 2:5); miembro de «descendencia escogida, sacerdocio regio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios» (versículo 9); uno de los «extranjeros y peregrinos» de este mundo (versículo 11). Para Él, soy parte de Su rebaño: «Él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de Su prado, somos un rebaño bajo Su cuidado» (Salmo 95:7). GotQuestions.orgii
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La Biblia deja claro que cada persona tendrá que responder por sí misma ante Dios (Romanos 14:12). «Dios es amor» (1 Juan 4:8). Él «no quiere que ninguno perezca» (2 Pedro 3:9). Cada persona es única y fue creada a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26). Él ama a cada una como si no hubiera nadie más. Todas son personas por cuya salvación murió Cristo (Juan 3:17).
Dios entiende en qué situación se encuentra cada uno y obra en su corazón y en su vida según sea el caso. Él ama a cada hombre, mujer y niño independientemente de quién sea, dónde viva, de qué color sea su piel, cuáles sean sus creencias o qué hicieron o dejaron de hacer sus ancestros. Los ama, aunque su vida se consuma en el pecado o habiten en tinieblas espirituales. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna» (Juan 3:16). Conéctate
Publicado en Áncora en marzo de 2026.
i Hadassah Treu, «El regalo de ser vista y conocida por Dios», Proverbs 31, 16 de enero de 2025, https://proverbs31.org/es/lee/devocionales/texto-completo/2025/01/16/el-regalo-de-ser-vista-y-conocida-por-dios
ii «¿Cómo me ve Dios en Cristo?» GotQuestions.org, 4 de enero de 2022, https://www.gotquestions.org/Espanol/como-me-ve-Dios.html
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