La realidad de la eternidad
Recopilación
[The Reality of Eternity]
La gente está obsesionada con el futuro. En los libros y en las películas, el futuro se representa de formas interesantes. «Matrix», por ejemplo, muestra un futuro en el que un gigantesco sistema de inteligencia artificial se apodera de las mentes de las personas y crea la ilusión de un mundo real. Luego está «WALL-E», que muestra a los humanos del futuro recorriendo otro planeta en máquinas flotantes mientras están plácidamente felices sin hacer nada.
La Biblia nos dice que el futuro se extiende más allá de la Tierra, pero no de la forma en que suelen representarlo las películas de ciencia ficción. Dios nos creó para que existamos para siempre (Eclesiastés 3:11). Cuando muramos y dejemos esta tierra, pasaremos la eternidad en algún lugar. La Biblia promete que todos los que invitan a Jesús a sus vidas pasarán la eternidad en el cielo con Él (Juan 3:16).
Si bien la ciencia ficción imagina todo tipo de posibilidades para el futuro, Jesús se preocupaba mucho más por ayudarnos a comprender la realidad de la eternidad. En Juan 14:1–3, Jesús describe el Cielo como un lugar real donde Él vivirá con Sus discípulos:
No se angustien. Confíen en Dios y confíen también en Mí. En el hogar de Mi Padre hay muchas viviendas. Si no fuera así, ¿les habría dicho Yo a ustedes que voy a prepararles un lugar allí? Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde Yo esté.
Jesús nos dice que podemos elegir si pasaremos la eternidad con Él o no: «Les aseguro que el que oye Mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida» (Juan 5:24). La vida eterna con Jesús comienza en el momento en que le pedimos que entre en nuestra vida. La vida que comenzamos con Jesús en la tierra continuará en la eternidad. […]
A menudo pensamos que tenemos que ganarnos la eternidad en el Cielo, pero Jesús nos mostró lo contrario. Mientras Jesús colgaba en la cruz, le dijo a uno de los malhechores que estaban junto a Él: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43). Aquel hombre no tenía una vida de buena conducta que pudiera demostrar, y nunca tuvo la oportunidad de alejarse de su vida delictiva. Simplemente creyó en Jesús, y eso fue suficiente.
Cuando Jesús regresó al Cielo, Sus discípulos siguieron dejando claro ese punto, y escribieron: «Porque por gracia ustedes han sido salvos por medio de la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte» (Efesios 2:8–9). [...] El Cielo no está reservado para un pequeño grupo selecto. Está al alcance de todos los que confían en Jesús. Newspring Church1
Un buen final
La Biblia nos recuerda a menudo la brevedad de la vida y la certeza de la muerte. […] Pero la Biblia también nos recuerda, como dijo C. S. Lewis, que «hay cosas mejores por delante que las que dejamos atrás».
En una fecha determinada vas a morir y yo también. Dios sabe exactamente cuándo y cómo, pero nosotros no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cuando llegue ese momento, será demasiado tarde para volver atrás y ocuparnos de las cosas que pasamos por alto, descuidamos o postergamos. Y nos hace preguntarnos: ¿Cómo podemos prepararnos para nuestra partida de este mundo, que se acerca cada día más?
El ejemplo del apóstol Pablo puede estimular nuestra reflexión y preparación para morir bien. […] En su última epístola, le dijo a Timoteo:
Ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me otorgará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado Su venida (2 Timoteo 4:6–8).
Pablo le dijo a los filipenses que su pasión era «experimentar el poder que se manifestó en Su resurrección, participar en Sus sufrimientos y llegar a ser semejante a Él en Su muerte» (Filipenses 3:10). Tras tres décadas de conocer y seguir a Jesús, Pablo dice que anhela conocerlo más íntimamente y llegar a ser más como Él.
Pero Pablo todavía no está donde quisiera estar con Cristo, y prosigue diciendo:
No es que ya lo haya conseguido todo o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante Su llamamiento celestial en Cristo Jesús (Filipenses 3:12–14).
Pablo nos está diciendo que no ha llegado a la perfección, y se repite para enfatizar el punto. Muchos —quizá la mayoría de nosotros— nos identificamos con él en esto. Tampoco tenemos relación íntima con Cristo ni la vida semejante a Cristo a la que Dios nos llama. Nos quedamos cortos. […]
Hay un camino a seguir, y Pablo lo demuestra. Él no deja que sus fracasos y derrotas pasados lo desanimen ni lo detengan. Más bien, como un corredor de maratón, se esfuerza vigorosamente por avanzar hacia la meta. […]
Si prestamos atención a la exhortación de Pablo de seguir fielmente a Jesús en el discipulado diario y de correr la carrera que tenemos por delante con perseverancia, estaremos listos para enfrentar la hora de nuestra muerte como Pablo enfrentó la suya, ¡con esperanza y confianza! Thomas A. Tarrants2
*
A veces siento nostalgia por el Cielo
y las glorias que allí contemplaré.
Qué alegría será
ver a mi Salvador
en esa hermosa y dorada ciudad.
Nunca pagaremos renta por nuestra mansión;
nunca tendremos que pagar impuestos.
Nuestras prendas nunca se desgastarán,
siempre se mantendrán como nuevas.
Nunca tendremos hambre ni sed,
ni sufriremos en pobreza;
porque todas las riquezas del Cielo
nos esperan a Sus hijos santificados.
Frederick Martin Lehman (1868–1953)
Mantengamos la mirada fija en la eternidad
Cuando acudimos a Jesús para recibir ánimo ante cualquier dificultad que nosotros —o un amigo o ser querido— pudiéramos estar pasando, es importante no perder de vista la vida venidera. Cuando recordamos las Escrituras acerca de la gloria del Cielo, comparada con el dolor, los pesares y problemas de esta vida, se obtiene la estupenda certeza de que todos los que ponen su confianza en Jesús tienen un futuro maravilloso por delante.
No nos centremos tanto en las dificultades de hoy que no tengamos la eternidad siempre presente. Dios sabía que Sus hijos necesitaríamos garantías sobre nuestro futuro celestial para infundirnos esperanza. Su Palabra nos exhorta a que pensemos en «todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio» (Filipenses 4:8), lo cual es una descripción acertada del Cielo.
En el Apocalipsis, Juan describió el nuevo Cielo y la nueva Tierra, lo cual nos ayuda a poner la mirada en las cosas de arriba:
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía:
«¡Aquí, entre los seres humanos, está el santuario de Dios! Él habitará en medio de ellos y ellos serán Su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte ni llanto, tampoco lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».
El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» (Apocalipsis 21:1–5).
Al final, pasaremos la eternidad en el Cielo, un lugar de amor y alegría eternos: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ningún corazón ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman» (1 Corintios 2:9).
Podemos incorporar las promesas de Dios acerca del Cielo a los cimientos de nuestra fe, así como lo hemos hecho con el conocimiento de nuestra salvación. Podemos afirmarnos en esas promesas en los momentos en que las cosas se vean negras. Dios no tenía que hablarnos por anticipado de las magníficas realidades que nos aguardan en el Cielo. Sin embargo, Él sabía que esa imagen del futuro nos motivaría y nos ayudaría a superar las dificultades cotidianas.
Habiendo sido tan favorecidos con la Salvación y con lo vital que es nuestro lugar en este mundo como Sus mensajeros, es indudable que se nos presentarán obstáculos, que pasaremos contrariedades y que tendremos batallas. Pero con todo y con eso, no estamos solos. Él hace que nos lluevan bendiciones mientras nos guía a través de los atolladeros de esta vida. Él siempre es más grande que nuestros problemas.
Cuando necesites renovación, cuando te invada el cansancio, no dejes de tener presentes las realidades del Cielo. Luego, acuérdate de lo que el Señor está haciendo en esta Tierra y de la importancia que tiene tu razón de ser aquí y el lugar que ocupas como uno de Sus hijos. Enfrenta tus dificultades con fe y valor, sabiendo que por medio de tu ejemplo puedes dar a otros la oportunidad de hallar esperanza en Jesús y la verdad que anhelan. María Fontaine
Publicado en Áncora en febrero de 2026.
1 Nine times Jesus talks about eternity, Newspring Church, https://newspring.cc/articles/nine-times-jesus-talks-about-eternity
2 Thomas A. Tarrants, Will You Be Ready? C. S. Lewis Institute, 23 de octubre de 2024, https://www.cslewisinstitute.org/resources/will-you-be-ready/
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