¿Vendrá el Niño Jesús?

diciembre 19, 2013

Gaye Willis, adaptación

Cierta Navidad tuvimos una experiencia interesante. A mediados de diciembre nos encontrábamos ocupados en nuestras actividades habituales de cada noche, cuando oímos que llamaban a la puerta. Abrimos y encontramos un envoltorio que contenía un bonito cordero de cerámica. Nos fijamos en el calendario, ¡y nos dimos cuenta de que faltaban doce días para Navidad! Esperamos ansiosos la sorpresa de la noche siguiente, y entonces, al encontrarnos con un pastor que hacía juego, nos dimos cuenta de que el cordero era parte de un nacimiento.

Cada noche que pasaba, aumentaba nuestro entusiasmo por ver la pieza que recibiríamos. Cada figura era de una belleza exquisita. Los niños insistían en que había que tratar de descubrir quién nos las estaba regalando mientras poco a poco íbamos montando el nacimiento y empezábamos a concentrarnos en la natividad de Cristo.

Llegó la Nochebuena, y todas las figuras estaban ya en su sitio, pero faltaba el Niño Jesús. Mi hijo de doce años tenía muchos deseos de descubrir a nuestros benefactores, y comenzó a imaginar un montón de formas de sorprenderlos. Cenó afuera en la minifurgoneta, mientras observaba y esperaba; pero no se presentó nadie.

Finalmente, lo llamamos para nuestra celebración tradicional de Nochebuena. Pero antes de que los niños se acostaran, salimos al umbral... ¡y ni rastro del Niño Jesús! Empezamos a preocuparnos pensando que mi hijo los habría espantado. Mi esposo señaló que quizás habrían desistido de dejar la figura de Jesús y no recibiríamos nada más.

Sea como fuere, aquella Nochebuena nos faltaba algo. Había una sensación muy clara en ese sentido. Los niños se acostaron, y saqué los regalos, y antes de acostarme fui a mirar una vez más si había venido Jesús. Pero no, no había nada en el umbral.

En nuestra familia tenemos por costumbre que los niños esperen a que papá se levante antes de abrir los regalos. Uno por uno, se fueron levantando muy temprano, y yo también me levanté para mirarlos. Cada niño miró a ver si había venido el Niño Jesús durante la noche. La falta de la figura más esencial del nacimiento causaba una sensación extraña. Al menos me hizo cambiar de perspectiva. Sabía que debajo del árbol había regalos para mí, y me emocionaba ver a los niños abriendo sus regalos, pero no me podía sacar de la cabeza que estaba esperando al Niño Jesús de cerámica.

Habíamos abierto casi todos los regalos, cuando uno de los niños encontró uno más muy escondido bajo las ramas del árbol. Era un pequeño paquete que me había entregado una maestra que antes enseñaba conmigo en la iglesia.

Mientras estuvimos juntas, descubrí que su familia no tenía mucho para Navidad. No recibía muchos regalos, y por eso yo siempre le hacía algún pequeño obsequio, como toallas nuevas para la cocina, un libro, nada del otro mundo, pero al menos un regalo. Me emocioné cuando el día de Nochebuena  me entregó aquel pequeño paquete en la iglesia diciendo que era en señal de amor y aprecio.

Mientras le quitaba la cinta, recordé mi amistad con ella y me sentí muy dichosa de conocerla y aprecié en el alma su amabilidad y sacrificio de hacerme ese regalo este año. Pero cuando lo desenvolví, me puse a temblar y llorar. En aquella cajita marrón se encontraba el Niño Jesús. ¡Había venido!

Ese día de Navidad me di cuenta de que Cristo llega a nuestra vida de formas inesperadas. Su Espíritu llega a nuestro corazón mientras nos servimos los unos a los otros. Habíamos esperado atentos Su llegada, aguardando alguna sorpresiva llamada a la puerta, pero llegó en un paquete pequeño y sencillo que era símbolo de servicio, amistad, gratitud y amor.

Esta experiencia me enseñó que el verdadero espíritu de Navidad comienza a manifestarse mientras abrimos el corazón y nos concentramos activamente en el Salvador. Pero lo más probable es que lo encontremos en sencillos gestos de amor, en la amistad y el servicio que nos prodigamos unos a otros. Esta Navidad quiero sentir de nuevo el gozo de saber que Cristo está en nuestro Hogar. Quiero concentrarme en amar y servir. Y sobre todo, quiero abrirle el corazón a Él todo el año para volver a verlo.

 

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