Llevar cariño en Navidad

diciembre 17, 2013

Recopilación

Una vez más, nos encontramos en esta maravillosa temporada en que celebramos el amor del Señor manifestado en Su venida a la Tierra para redimirnos. Es una temporada en la cual la gente está más receptiva que de costumbre a la Palabra de Dios. Una época estupenda para testificar y hacer llegar a otros el amor y la verdad de nuestro Salvador. No digo que esta pudiera ser nuestra última Navidad. Pero sí será la última Navidad para muchos. Para muchas personas del mundo será su última oportunidad de recibir a Jesús.

Muchos hemos disfrutado bastantes navidades en nuestra vida, pero no sabemos cuántas más habrá. Saquémosle partido a esta, y a todas las que tengamos por delante, para predicar el Evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, para que pueda venir el fin[1].

Con todo, aun fuera de la temporada navideña, debemos sentirnos motivados a difundir la fe, amor, alegría y esperanza de los que gozamos en tanta abundancia entre las personas que el Señor ponga en nuestro camino. Como Pablo dijo, estamos obligados a predicar la Buena Noticia[2].

Dios nos trata muy bien. Nos da muchísimo. ¿Y qué es lo que más desea? Que la mayoría de Sus hijos lo conozcan, lo amen y no solo se libren de la muerte, sino también de sus temores y de la vaciedad del mundo. Y además, que tengan el Cielo en su corazón manteniendo una relación estrecha con Él.

Hacer todo lo que podemos para que eso suceda es una vocación por la que vale la pena vivir. Conocemos bien el concepto de sacrificio y renunciar para seguir a Jesús, y procuramos morir cada día a nosotros mismos a fin de vivir por Él y por el prójimo[3]. La temporada navideña es una época ideal para pedirle que renueve nuestra pasión por Él y por testificar.

Ruego al Señor que —en la medida en que cada uno se decida a dar Su mensaje dador de vida a los que Él ponga en nuestro camino—, tengamos la mejor Navidad posible. Y el Señor recibirá los regalos que más puede apreciar: más hijos Suyos que tengan una relación eterna con Él.  María Fontaine

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Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas. […] En este mundo maligno, debemos vivir con sabiduría, justicia y devoción a Dios, mientras anhelamos con esperanza ese día maravilloso en que se revele la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él dio su vida para liberarnos de toda clase de pecado, para limpiarnos y para hacernos su pueblo, totalmente comprometidos a hacer buenas acciones.  Tito 2:11-14

 

Te hablo desde lo profundo de la eternidad. Antes de que se formara el mundo, ¡Yo soy! Me escuchas en lo profundo de tu ser, donde Yo resido. Soy Cristo en ti, la esperanza de gloria. Yo, tu Señor y Salvador, vivo dentro de ti. Búscame en el silencio y aprende a sintonizarte con Mi presencia viva.

A medida que celebres Mi nacimiento en Belén, también celebra tu renacimiento a la vida eterna. Ese regalo eterno fue el único propósito de que llegara a tu mundo manchado por el pecado. Recibe mi regalo con asombro y humildad. Dedica tiempo a explorar las extensas dimensiones de Mi amor. Permite que el agradecimiento fluya libremente de tu corazón en respuesta a Mi glorioso regalo. Deja que Mi paz gobierne en tu corazón y manifiesta agradecimiento.  Jesús, hablando en profecía[4]

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A todos nos encanta recibir regalos de amigos y seres queridos. Esperamos con ilusión que lleguen los regalos de cumpleaños, los regalos de Navidad, y los presentes que recibimos en los aniversarios y otras fechas especiales. En particular, sin embargo, se valoran muchísimo los regalos sin motivo alguno que llegan cualquier día, simplemente porque un ser querido pensó en nosotros. Los regalos espontáneos representan el amor del remitente, que alguien manifiesta su amor al hacer un regalo.

Un corazón lleno del amor de Cristo está ansioso de manifestar ese amor de varias formas. A medida que experimentamos más y más el amor de Cristo, nuestro corazón se llena y estamos deseosos de dar generosamente ese amor a otros a la primera toma de conciencia de una necesidad.

Ese amor no tiene límites, como Cristo demostró al mundo cuando murió en la cruz. Su amor, ahora vivo y moviéndose en nosotros, a diario debería colmar nuestro corazón para consolar y restaurar un mundo quebrantado.  Anónimo[5]

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El propio árbol de Navidad puede aprovecharse para dar testimonio, como símbolo de la belleza de la vida y de lo viviente. Durante el invierno, los árboles de hoja perenne son signo de la vida eterna. Pese a los rigores del tiempo, las plantas de hoja perenne siguen vivas y conservan su verdor y lozanía a lo largo de toda la temporada invernal. En este aspecto, son semejantes al Señor.

En años recientes, me he vuelto un poquito más liberal acerca de la celebración de Navidad que se hace en el mundo. Antes pensaba: «¡Qué terrible! Fíjense en los millones de dólares que se gastan cada Navidad, y miren todas las celebraciones, árboles y decoraciones de los festejos navideños»… ¡y no se incluye a Jesús! Sin embargo, llegué al punto en que me alegro de ver que el mundo celebra la Navidad. Si no piensan en Jesús en ningún otro momento del año, en esa temporada piensan en Él.

No creo que el 25 de diciembre forzosamente sea la fecha exacta en que nació Jesús, ¿y qué? Mientras el mundo festeje a Jesús, creo que es una buena idea que se celebre, en particular si no se olvidan qué es lo que se celebra. ¿Y qué importa el día que se celebre, mientras Jesús sea el festejado y se anime a que las personas lo recuerden una vez al año al hacerse regalos mutuamente, dar regalos a los chicos, hacer felices a los niñitos en esa fecha y que esperen con ilusión que llegue la Navidad?

Algo agradable en los países católicos es que no permiten que se olvide de qué se trata la Navidad. Tienen nacimientos, belenes o pesebres, y los exhiben en las ventanas y bajo los árboles; cantan villancicos ¡y no se puede olvidar que Navidad es acerca de Jesús!

Que el árbol, pues, sea un recuerdo de Jesús, el árbol perenne del Espíritu; de Jesús, Hijo del imperecedero y eterno Dios de los Cielos; de Jesús y Sus dones del Espíritu que nos adornan continuamente, y de nuestra perennidad y vida eterna. No olvidemos nunca el verdadero sentido de la Navidad, ni dejemos que el auténtico simbolismo del árbol y el verdadero espíritu de Cristo que dio origen a la celebración termine ahogado por la confusión de este mundo y su superficialidad. ¡Glorifiquemos al Señor en estas fechas!  David Brandt Berg

Publicado en Áncora en diciembre de 2013.
Traducción: Patricia Zapata N. y Antonia López.


[1] Mateo 24:14.

[2] 1 Corintios 9:16.

[3] Lucas 14:33; 1 Corintios 15:31.

[4] Sarah Young, Jesus Calling (Nashville: Thomas Nelson, 2010).

[5] Every Day with Jesus (Worthy Publishing, 2011).

 

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