octubre 8, 2026
[God Is Not in a Hurry]
«El amor es paciente, es bondadoso». 1 Corintios 13:4
La paciencia y la vida cotidiana pueden parecer tan incompatibles como el agua y el aceite. Ya sea que esté esperando en una fila lenta para pagar, atrapada en el tráfico o pidiéndole a uno de mis hijos por enésima vez que haga algo que olvidó, la impaciencia parece surgir fácilmente.
La impaciencia a menudo revela más sobre mi corazón que de mis circunstancias. Cuando las cosas no salen como yo quiero, los planes tardan más de lo que esperaba o la vida interrumpe mi agenda tan cuidadosamente planificada, surge la frustración. En el fondo, la impaciencia suele tener que ver conmigo: con mi comodidad, mi cronograma, mis expectativas.
Pero Dios me pide algo diferente. Con el Espíritu de Dios que vive en mí, Él cultiva el fruto de la paciencia (Gálatas 5:22). Me da la capacidad de disminuir la marcha, esperar y confiar en el momento elegido por Él. […]
La Biblia describe a Dios como que «tiene paciencia con [la gente], porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan» (2 Pedro 3:9). Dios fue paciente para guiarme hacia Él, y sigue siendo paciente conmigo mientras cultivo una relación con Él.
Así es el amor verdadero. Como escribió el apóstol Pablo: «El amor es paciente» (1 Corintios 13:4). El amor de Dios toma su tiempo. Espera. No apresura el proceso. Su amor no es agresivo; es paciente y persistente.
Si Dios no tiene prisa conmigo, entonces yo tampoco tengo que vivir con prisa constante. Puedo descansar sabiendo que Él está obrando, incluso cuando me parece que la vida es lenta o desordenada. Su paciencia me da espacio para crecer y también me da un ejemplo de cómo demostrar paciencia a las personas que me rodean.
Así que hoy, cuando surja la impaciencia, quiero recordar: Dios no me apresura. Él se deleita en mí y promete que perfeccionará la obra que comenzó en mí (Filipenses 1:6). Esa verdad me libera para extender Su amor y paciencia a los demás, e incluso a mí misma. Señor, recuérdame que no tienes prisa conmigo y que puedo confiar en Tú sabes cuál es el momento oportuno para todas las cosas. Ruth Schwenk1
Dios siempre llega a tiempo
Dios nunca tiene prisa y nunca llega tarde. Él siempre llega a tiempo.
El momento dispuesto por Dios es perfecto, incluso cuando no podemos entenderlo. Nunca lo entenderemos completamente, porque Dios existe en una longitud de onda diferente. Como Dios es eterno, tiene una visión diferente del tiempo.
En 2 Pedro 3:8, la Biblia habla de cómo Dios entiende el tiempo. Dice: «Para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día». […] La eternidad de Dios tiene grandes implicaciones para tu vida. […]
¿Qué visión te ha dado Dios? Con el correr de los años he visto que, aunque todo el mundo suele empezar muy joven con una visión, conforme pasa el tiempo, más y más personas renuncian a su sueño antes de que lograrlo. En muchos casos, la razón es que no sucede lo suficientemente rápido.
Tal vez tienes un sueño maltrecho. Quizá tu sueño se ha roto. O podría ser que por desánimo y desilusión, has enterrado tu sueño; has renunciado a él.
Dios no quiere que hagas eso. Si Dios te dio un sueño para tu vida, se cumplirá. Lo que pasa es que se cumplirá en el momento indicado por Dios, no en el tuyo.
Dios dice esto acerca de tu sueño: «Esta visión es para un tiempo futuro. Describe el fin, y este se cumplirá. Aunque parezca que se demora en llegar, espera con paciencia, porque sin lugar a dudas sucederá. No se tardará» (Habacuc 2:3).
Empecé la iglesia Saddleback cuando yo tenía 25 años; tenía prisa por hacer todo rápido. Pero Dios me dijo lo mismo que te dirá a ti con respecto a tu sueño: «No, no todo va a suceder en este momento. De manera lenta, constante, la visión se cumplirá».
Quiero que recuerdes esta poderosa verdad: Dios nunca llega antes en tu vida. Él nunca llega tarde en tu vida.
Dios siempre llega a tiempo. Rick Warren2
Sacudir el kétchup
Hace poco vi un aviso publicitario de una famosa marca de kétchup (salsa de tomate con vinagre y especias) en el que se mostraba el producto saliendo de un recipiente muy lentamente al son de la música de At Last. Me recordó cuando era niña y esperaba que el kétchup cayera con lentitud exasperante sobre mi hamburguesa.
Algunas marcas son muy aguadas, lo que hace que servir la salsa ya no sea un inconveniente, salvo que resulta desabrida. Algunas marcas ahora vienen en recipientes de plástico blando o en pequeños paquetes de plástico que se cortan en una punta, para que los impacientes como yo podamos apretarlas para extraer el contenido. A lo que me refiero aquí es a las botellas de vidrio de cuello estrecho, que no te dejaban otra opción que esperar.
Recuerdo que me ponía muy impaciente con el kétchup. Probaba sacudiendo la botella. Le daba golpes en la base. A veces hasta recurría a meter un cuchillo para sacarlo. Pero en la mayoría de los casos me tocaba esperar hasta que el contenido se deslizara y saliera pausadamente y a su ritmo de la botella.
Hace unos días me quedé dormida una mañana y me desperté con ganas de golpear, alegóricamente hablando, aquella botella de kétchup. Me empeñaba en apurarme para no llegar tarde a una cita. Hasta intenté unos atajos y me pasé algunos semáforos en amarillo con tal de llegar a tiempo. Era como si estuviera metiéndole un cuchillo a la botella de kétchup para que se apresurara en salir.
Caí entonces en la cuenta de que la vida es como aquella mentada botella de kétchup. Todo transcurre a su propio ritmo. Aunque en nuestra impaciencia nos pongamos a sacudir y golpear, los acontecimientos se irán dando como deba ser. Algunas de las mejores cosas de la vida transcurren despacito: Baladas suaves, atardeceres paulatinos, besos largos y hasta el moroso kétchup. Joyce Suttin
Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Romanos 12:12
Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y Él se fijó en mí y oyó mi clamor. Salmo 40:1
Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor. Lamentaciones 3:25,26
Tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera. Santiago 5:8
Dios no tiene prisa… ¿por qué tenemos prisa nosotros?
¿Has conocido a alguien que lleva una vida ajetreada como si fuera una insignia que se luce con orgullo? Dios nos ha dado distintas capacidades y vocaciones, así que no puedo juzgar la agenda de una persona, pero sé lo que es asignar al ajetreo un valor erróneo, lo que en mi vida produjo una sensación de premura.
Al crecer, sin darme cuenta, me tomé a pecho el proverbio «la ociosidad es la madre de todos los vicios». Al llegar a la edad adulta, oí decir que estar ocupado es igual a llevar la carga del yugo de Satanás y también que si el diablo no puede hacer que seas una mala persona, te mantendrá ocupada.
Todas esas frases tienen algo de verdad, dependiendo de cómo se apliquen. Sin embargo, el ajetreo me quitó algo más que la quietud. Y equivocadamente asignar valor al ajetreo ha saboteado momentos de quietud con una sensación persistente de que debería estar haciendo algo. […]
Mi deseo de ser responsable me llevó a una falta de equilibrio en mi vida. Un día, mi esposo dijo: «Cuando estás sobrecargada, todos sufrimos». Le había pedido que me dijera lo que pensaba de una nueva oportunidad de servicio, pero sus palabras me dolieron, porque yo sabía que él tenía razón. […]
Los evangelios cuestionaron mis opiniones sobre la productividad. Nunca vi a Jesús apresurándose durante Su misión de tres años. Me sorprendió que dijo que no a grandes oportunidades de misión. Se alejó de las multitudes ansiosas a fin de seguir el ritmo de Su Padre (Marcos 1:35–38). Elogió a María que se sentó a Sus pies a escucharlo, mientras que su hermana Marta se quejó de que María no hacía lo suficiente.
«El Señor le dijo: “Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará”» (Lucas 10:41,42). […]
Tal vez el problema no está en el ajetreo ni en la ociosidad, sino en un corazón distraído que nos vuelve inquietos. La vida tiene ritmos. Las personas tienen diferentes habilidades. Sin embargo, todos necesitamos permanecer en sintonía con nuestro Señor a fin de no perder la capacidad de disfrutar de Él, de las personas importantes en nuestra vida, y de la vida misma.
Señales de que se le da demasiada importancia al ajetreo:
Si estamos acostumbrados a mucha actividad y tenemos que disminuir nuestro ritmo, es posible que nos parezca que nos han puesto en un estante. No es verdad. Dios valora que tengamos comunión con Él, como apreció lo que hizo María. Disfruta de nuestra compañía. […]
¿No es esa la vida que todos anhelamos? Dedicarnos plenamente a la obra que Dios nos pide que realicemos, sin prisas y sin compararnos a nosotros mismos ni a los demás con nuestros propios criterios poco realistas. Apreciar a quienes tienen inclinaciones y dones diferentes. Disfrutar de nuestro Señor, de nuestros seres queridos e incluso de nosotros mismos. Debbie W. Wilson3
Publicado en Áncora en octubre de 2026.
1 Ruth Schwenk, Dios no tiene prisa contigo, proverbs31.org, 29 de diciembre de 2025, https://proverbs31.org/es/lee/devocionales/texto-completo/2025/12/29/spanish-december-29
2 Rick Warren, Dios siempre llega a tiempo, www.pastorrick.com, 23 de diciembre de 2025 https://www.pastorrick.com/es/current-teaching/devotional/dios-siempre-llega-a-tiempo-2025
3 Debbie W. Wilson, God Isn’t in a Hurry—Why Are We?, debbiewwilson.com, 28 de julio de 2025, https://debbiewwilson.com/god-isnt-in-a-hurry.
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