septiembre 22, 2026
[Don’t Be Annoyed, Be Jesus]
El predicador pidió a todos los niños que se sentaran a mi lado en la primera fila un domingo por la mañana en la iglesia. Un pequeño, al que le costaba mucho quedarse quieto y callado, se sentó justo a mi lado. Quería hablar conmigo, y yo quería que le prestara atención al predicador (al fin y al cabo, eso es lo que se supone que debes hacer en la iglesia). Finalmente se calmó y se concentró en lo que el predicador estaba diciendo.
El predicador mencionó el nombre «Timoteo» en su sermón, y eso pareció activar de nuevo el botón de «conversación» del niño. Se me acercó y me dijo (en un tono mucho más alto que un susurro): «Tengo un amigo en la escuela...» pero lo interrumpí, con el dedo índice presionado con firmeza contra mis labios, y le dije: «Shhh... presta atención al predicador». Pero él siguió: «Era diferente de los otros niños del colegio. Se enfermó…» Lo volví a interrumpir y le dije: «Cuéntamelo cuando salgamos de la iglesia; ahora debes escuchar al predicador». Pero él insistió y continuó: «Murió la semana pasada. Cada vez que el predicador dice “Timoteo”, me pongo triste porque ese era su nombre». Se me cayó el alma al suelo al darme cuenta de que estaba tratando de «silenciar» algo que realmente necesitaba «exteriorizarse».
De repente, el sermón perdió importancia, el protocolo de la iglesia perdió importancia, y una interrupción inconveniente perdió importancia. Lo único que tenía importancia era el corazón de un niño que extrañaba a su amigo de la escuela. Un niño que esperaba que un adulto fuera compasivo. Me arrepentí rápidamente de la fría respuesta que le había dado antes; coloqué mi mano sobre la suya, lo miré a los ojos y le susurré: «Lo siento mucho, amigo». Sosteniendo su mano, recé por él en voz baja mientras un predicador continuaba con su sermón.
Me di cuenta de que lo que acababa de ocurrir con este pequeño era tan importante como las palabras que salían del púlpito. Dios me habló a través de mi experiencia con ese niño sobre demostrar compasión incluso cuando aparentemente «no es el momento adecuado» y es inconveniente.
Un día puede que olvide las palabras pronunciadas por ese predicador aquel domingo por la mañana, pero nunca olvidaré el sermón que Dios me dio a través del niño que estaba en la primera fila de esa iglesia.
Mi oración para hoy: Señor, ayúdame a prestar atención a las necesidades de los que me rodean y a estar siempre dispuesto a ayudar y a servir, incluso cuando parezca inconveniente o que no es el momento adecuado. Amén. Greg A. Lane1
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Un fruto del Espíritu Santo es la paciencia (Gálatas 5:22–23), y la paciencia es definitivamente necesaria cuando tratamos con personas que nos alteran. Nuestra misión es amar (Juan 13:35), ser compasivos, bondadosos, humildes y pacientes (Colosenses 3:12–13). Estos atributos deben determinar cómo reaccionamos con todas las personas, incluso con las que nos molestan.
En varias ocasiones los discípulos querían impedir que la gente «molestara» a Jesús. En diversas ocasiones, unos niños, un hombre ciego, una mujer samaritana y una prostituta con perfume quisieron intercambiar palabras con Jesús, y los discípulos u otras personas querían impedirles que «incomodaran» al Señor. Pero a Jesús no le molestaban. Él nunca puso las normas sociales por encima de amar a las personas con las que se topaba (Mateo 19:13; Juan 4; Lucas 7:36–39; Lucas 18:35–42).
Cuando alguien nos molesta, primero debemos examinar nuestro corazón y después pedirle ayuda al Espíritu Santo para ser un ejemplo de Jesucristo para los demás (2 Corintios 6:3–10). Si «el amor cubre todas las faltas» (Proverbios 10:12), no cabe duda de que puede cubrir las molestias. Got Questions2
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Ruego que en medio del ajetreo de la vida, por muchas necesidades urgentes y prioritarias que surjan, no perdamos de vista la importancia del amor, así en las decisiones cotidianas como en las cuestiones de mayor trascendencia. A veces se nos olvida que nuestros logros no son nada sin amor.
«Si tuviera el don de profecía y entendiera todos los planes secretos de Dios y contara con todo el conocimiento, y si tuviera una fe que me hiciera capaz de mover montañas, pero no amara a otros, yo no sería nada. Si diera todo lo que tengo a los pobres y hasta sacrificara mi cuerpo, podría jactarme de eso; pero si no amara a los demás, no habría logrado nada» (1 Corintios 13:2–3). Si no amamos, ni nuestros sacrificios ni nuestro trabajo tendrán mucho valor ni llevarán el fruto deseado.
Velar por los demás es todo un arte, en el cual siempre hay espacio para perfeccionarse. Es, por ejemplo, manifestarles amor con actos que agradezcan y necesiten; cuidarlos cuando se enferman o tienen algún achaque; animarlos cuando se deprimen; brindarles apoyo cuando su carga de trabajo se hace pesada; expresarles nuestra amistad cuando se sienten solos; custodiarlos en los momentos de debilidad, y sostenerlos espiritualmente con una fe y una esperanza que miren más allá de sus faltas.
Una de las maravillas del amor es que se adapta a la necesidad. Según la ocasión, puede significar no hacer ruido y respetar el deseo de silencio de la persona. O ser más extrovertido y conversar con ella. No se rige por ninguna fórmula. De ahí que parte de la tarea de amar consista en averiguar la necesidad y cómo satisfacerla.
Es motivador pensar en lo que puede ocurrir si nos comprometemos a amar a nuestros semejantes, y en los beneficios para nosotros mismos, toda vez que nosotros también salimos favorecidos al canalizar el amor del Señor. Es fortalecedor para nuestro espíritu y nos reporta satisfacción de nuevas maneras. Además, atrae las bendiciones y milagros del Señor.
Que el amor de Dios te acompañe hoy y siempre. María Fontaine
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Hace años me di cuenta de que me resultaba más fácil juzgar a alguien nada más conocerlo que mostrarle compasión. Me fijaba en cómo vestía, hablaba y se comportaba, en lugar de en su corazón, por el que Cristo murió. Esa actitud no era un reflejo ejemplar de la figura de Cristo en mí. Era más bien una manifestación de mis flaquezas carnales. Mi egoísmo. Mi inseguridad, que me hacía sentir que necesitaba compararme con los demás con la esperanza de sentirme superior. Por eso la gente no veía a Cristo en mí. Presenciaba una mujer criticona queriendo compensar sus propias heridas.
Cuando tú y yo empecemos a mostrar compasión hacia los demás, a empatizar con sus situaciones o sus sufrimientos, y a mostrar bondad y misericordia en lugar de un espíritu crítico, podemos ser representantes de la gracia y la misericordia de Cristo. En Miqueas 6:8 leemos que lo que Dios exige de los Suyos es «practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios». ¿Eres justo, misericordioso y humilde en tu actitud hacia los demás? De ser así, verán a Cristo en ti. Cindi McMenamin3
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Regocíjate en Mí siempre. Que tu amabilidad sea evidente para los demás. Yo estoy a tu lado. Regocijarte en Mí te puede proteger de la tentación de quejarte. Cuando tus circunstancias son estresantes, te resulta fácil volverte irritable. Pero quiero que demuestres gentileza, no irritabilidad. Esto es posible en la medida en que encuentres alegría en mí. Como soy el mismo ayer, hoy y por los siglos, siempre hay mucho por lo que alegrarse.
Puedes alegrarte sabiendo que estoy a tu lado. Cuando un hombre y una mujer están profundamente enamorados, a menudo sacan lo mejor el uno del otro. El solo hecho de estar cerca de la persona amada puede calmar las irritaciones y aumentar la felicidad. Soy el Amante que siempre está cerca; invisible pero tiernamente presente. Puedo calmar tus frustraciones y llenarte de gozo en la medida en que te sintonizas con Mi amorosa presencia. Esto se puede lograr si me agradeces por Mi continua presencia y Mi constante amor. Cuando las circunstancias te deprimen, dirige tu atención a Mí y piensa en el gran Amor que siento por ti. Regocíjate. Jesús4
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Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. Filipenses 4:4-5
Publicado en Áncora en septiembre de 2026.
1 Greg A. Lane, My Morning Walks with God (Inspired Design & Graphics, diciembre de 2016).
2 «¿Cómo deben los cristianos responder a las personas que les molestan?» gotquestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/personas-molestas.html
3 Cindi McMenamin, 5 Ways to Let Others See Christ in Your Life, strengthforthesoul.com, 20 de enero de 2021, https://strengthforthesoul.com/5-ways-to-let-others-see-christ-in-your-life
4 Sarah Young, Jesus Today (Thomas Nelson, 2012).
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