septiembre 15, 2026
[Following Our Savior]
Durante sus viajes por todo Israel, cuando Jesús instaba a la gente a arrepentirse y creer el evangelio, «sígueme» era un estribillo constante en Su mensaje. Al comienzo de Su ministerio, llamó a Sus primeros discípulos con la concisa orden: «Síganme y Yo los haré pescadores de hombres». A medida que Su ministerio progresaba, dijo a las multitudes: «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8:34). Al final de Su ministerio terrenal, volvió a encomendar la misión al arrepentido Pedro con la palabra: «Sígueme» (Juan 21:19)…
¿Qué significa seguir a Jesús? Empezamos a seguir a Jesús cuando respondemos a Su llamada al arrepentimiento y a creer en el evangelio. La Buena Nueva de que Dios nos ama y ha tomado la iniciativa de reconciliarnos con Él al entregar a Su Hijo para expiar nuestros pecados nos hace tomar conciencia de la gracia de Dios y nos motiva a querer vivir para Cristo y seguirlo. […]
Cuando observamos detenidamente las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo, el llamado «sígueme» se hace más claro y específico. Es, de hecho, un llamado a «actuar como actuó Jesús», a vivir una vida de fe y amor radicales. Una vez que comprendemos esto de verdad, es probable que nuestra primera reacción sea de consternación. Si somos conscientes, aunque sea un poco, de la profundidad del pecado arraigado en nuestro interior y de las disfunciones que azotan nuestra vida, sabemos que nos resulta imposible responder a tal llamado. Sin embargo, esta reacción en realidad es beneficiosa, porque se basa en la realidad. Ciertamente es imposible que vivamos así. Y esa es precisamente la cuestión. Jesús sabe que no podemos seguirlo sin un poder que trascienda nuestra propia capacidad. Y por eso nos envió el Espíritu Santo para darnos poder.
Solo a través del Espíritu Santo que mora en nosotros podemos obedecer la enseñanza de Jesús y seguir Su ejemplo. Él nos reafirma el amor del Padre, hace que las cosas de Cristo sean reales para nosotros; nos hace valorar el preciado evangelio; nos mueve a contrición cuando pecamos y nos garantiza el perdón cuando nos arrepentimos; nos transforma de gloria en gloria, a la semejanza de Jesús (2 Corintios 3:16–18). Por eso se nos enseña a procurar con diligencia ser llenos del Espíritu cada día (Efesios 5:18) y a ser guiados por Él en todos nuestros caminos (Gálatas 5:16–17). Cuando lo hacemos, descubrimos que podemos vivir una nueva vida. No perfectamente ni de inmediato.
Pero día a día, a medida que vivimos con fe y obediencia, el Espíritu produce en nosotros las características de Jesús: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22–23). Thomas A. Tarrants1
Estudiantes del maestro
Un discípulo es un seguidor de Jesús, un aprendiz, uno que sigue las pisadas de su maestro, un partidario, uno que aspira a ser como Jesús. Un discípulo desea estudiar, aprender y a continuación seguir y aplicar lo que su profesor le enseña. Nosotros somos pupilos de Jesús; Él es nuestro Maestro. No solo ansiamos conocer cómo fue Su vida en la Tierra, cuáles son las verdades contenidas en la Palabra de Dios y cuál es Su naturaleza y forma de ser, sino que también anhelamos seguir Su ejemplo y conducirnos como Él nos ha enseñado, amar como Él amó y vivir conforme a la fe.
Uno de los llamados más transformadores de Jesús consistió en una sola palabra: «Sígueme». Al decir eso, se refería a que lo imitáramos en nuestra forma de vivir, nuestros pensamientos, nuestros hábitos y nuestras acciones. Dado que somos seres humanos falibles, ese reto queda por encima de nuestras posibilidades; pero si nos sometemos a Dios y echamos mano del poder del Espíritu Santo, nos transformamos progresivamente en la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).
Ser discípulo no es consecuencia de una decisión aislada, tomada una sola vez en la vida. Se trata de un viaje espiritual, un viaje de fe. Requiere decisiones y acciones cotidianas con el fin de que Jesús sea la piedra angular de nuestra vida, permanecer en Él y permitirle que permanezca en nosotros, dejar que Su Palabra nos guíe, someternos a Su voluntad para nosotros, obedecerlo lo mejor posible y dar testimonio de Su amor mediante nuestras palabras y acciones.
El discipulado cristiano es el compromiso de modelar nuestra vida, nuestras opiniones y nuestros actos sobre las enseñanzas y la conducta de Jesús. En pocas palabras, ser como Él. Y eso es mucho pedir, dado que Jesús fue, de entre todas las personas que han vivido en la Tierra, la máxima expresión de amor, misericordia, compasión, sacrificio, verdad e integridad.
Dios quiere que todo en nosotros —nuestro corazón, nuestra vida, nuestra profesión y nuestra aspiración personal— lo glorifique, ensalce a Jesús y haga las veces de luz situada sobre un monte que alumbre la senda de los demás, cualquiera que sea nuestro llamamiento, actividad o carrera profesional. Peter Amsterdam
No hay otros maestros
El dominio propio es el poder emancipador del Espíritu que nos libera, no para dominarnos a nosotros mismos ni ser dominados por algo más, sino para poder decir que nos sometemos al mejor Maestro, Jesús. […] En Cristo, el pecado y nuestros deseos egoístas ya no son nuestros amos. Solo Jesús es nuestro Rey. ¡Qué gran alivio! Si nuestro corazón desea el pecado, no tenemos que actuar en consecuencia; el Espíritu nos da dominio propio. […]
El dominio propio proviene de dos fuentes. Es un deseo que nos da Dios de hacer lo que Dios desea, y es una fuerza que nos da Dios para honrar a Dios en lo que hacemos. Nos libera del deseo de desobedecer a Dios, y del perjuicio que proviene de deshonrar a Dios con nuestra vida.
Tienes un solo maestro, y es el mejor. Erradiquemos cualquier tentación de sustituirlo por nosotros mismos o por el placer de cualquier ser humano. A veces nos cuesta mucho darnos cuenta de que estamos siguiendo a otros maestros. Por eso Dios lo describe como una trampa. Él dice que «el temor al hombre es un lazo» (Proverbios 29:25). Un lazo es como una trampa escondida. Nos sometemos al peligro sin darnos cuenta. Cuando vivimos nuestra vida tomando decisiones basadas en lo que creemos que agradará a las personas que nos rodean, como si fueran nuestros amos, nos ponemos en peligro. […]
Pero esto es lo bueno. No tienes que rendirte a los caprichos de ningún amo terrenal. Pablo exhorta, literalmente suplica a los cristianos, que «no se amolden al mundo actual, sino que sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2). El fruto del Espíritu es dominio propio. Seguir la guía del Espíritu fomenta un tremendo poder en nosotros. Así puedes remar contra la corriente. Puedes correr cuesta arriba. Puedes criar a tus hijos de otra manera y liberarte de la opresión de otros amos y solo seguir a Cristo.
Nos tienta el pecado, pero no es nuestro amo. Enfrentamos una cultura que no nos impulsa hacia Cristo, pero nuestra cultura no nos domina. […] La buena noticia es que nuestro maestro nos da la fuerza para seguirlo. Adam Griffin2
Comprados por precio
En Mateo 6:24, Jesús dijo: «Nadie puede servir a dos maestros; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». Pronunció estas palabras como parte de Su Sermón del Monte, en el que había dicho que era una tontería acumular tesoros en la tierra, donde «la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban» (Mateo 6:19–20); más bien, nos instó a acumular tesoros en el cielo, donde durarán para siempre.
El obstáculo que nos impide invertir sabiamente es el corazón. Donde esté nuestro tesoro, allí estará nuestro corazón (Mateo 6:21). Cuando algo cautiva nuestro corazón, lo seguimos, y Jesús dejó claro que no podemos servir a dos amos. Un amo es cualquier cosa que nos esclaviza (Romanos 6:16). […]
El llamado de Jesús a seguirle es un llamado a abandonar a todos los demás amos. La reivindicación de Jesús sobre nosotros es exclusiva. Él nos compró con Su propia sangre y nos libró de nuestro antiguo amo, el pecado (1 Corintios 6:20). Él no comparte Su trono con nadie… Cuando seguimos a Cristo, debemos morir a todo lo demás. Got Questions3
Publicado en Áncora en septiembre de 2026.
1 Thomas A. Tarrants, Following Jesus Christ, cslewisinstitute.org, 2 de septiembre de 2011, https://www.cslewisinstitute.org/resources/following-jesus-christ.
2 Adam Griffin, When Pleasing Our Kids Becomes Idolatry, crossway.org, 2 de octubre de 2025, https://www.crossway.org/articles/when-pleasing-our-kids-becomes-idolatry.
3 «¿Qué significa que no se puede servir a dos señores en Mateo 6:24?» gotquestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/no-puedes-servir-a-dos-senores.html.
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