agosto 17, 2026
[Adapting to the Changing Seasons of Life]
Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Efesios 2:10
El primer período de tu vida fue tu primavera, cuando eras joven y rebosabas inquietudes y energías. Estabas todo el día aprendiendo, experimentando y buscando tu lugar en el mundo. Luego vinieron los años de crecimiento y floración, el productivo verano de tu vida, en el que te seguiste desarrollando, maduraste y diste fruto.
Ahora te encuentras en el otoño. La cosecha está recogida, y las hojas antes verdes adquieren intensos tonos rojos y dorados. A primera vista esta etapa puede parecer decepcionante. Tal vez te preocupe perder las habilidades o las energías que consideras necesarias para llevar una vida digna y provechosa.
Sin embargo, si aceptas esta etapa como la bendición que es, podrás seguir gozando plenamente de la vida y cumplir Mis propósitos. Quizá ya no puedas hacer algunas cosas, pero eso te dará más tiempo para lo que tengo ahora para ti.
Las multicolores hojas otoñales son como los numerosos aspectos de las nuevas bendiciones que tengo para esta etapa de tu vida. Recuerda que todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere tiene su hora (Eclesiastés 3:1). Mi plan para tu vida abarca todas sus etapas y más, hasta la eternidad.
Hijos de Dios para siempre
Miren cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios. 1 Juan 3:1
Nunca debes jubilarte de la vida; solo necesitas adoptar una nueva perspectiva y nuevas metas para esta etapa. Es posible que ya no tengas fuerzas para hacer ciertas cosas, pero puedes sustituirlas por otras actividades, como hacer voluntariado, iniciar un ministerio de oración, entablar comunicación con tus vecinos o ayudar a las personas necesitadas de tu entorno.
Uno de los tesoros de la vejez es el tiempo. Gracias al don del tiempo, puedes aminorar la marcha y aprender a disfrutar de las maravillas de Mi creación y el actuar de Mi Espíritu. Puedes dedicar tiempo a cosas que no podías hacer en tu juventud, cuando tenías muchas obligaciones que consumían tu tiempo.
Toma la decisión de que encararás con alegría esta etapa de la vida y los cambios que trae consigo. Conforme vas envejeciendo, aprendes a apreciar más el valor del tiempo. Como adulto mayor, valoras las sencillas alegrías de la vida cotidiana que solían quedar relegadas por las numerosas presiones de cuando eras más joven.
Nunca olvides que, tengas la edad que tengas, seguirás siendo un hijo o una hija de Dios. Déjame que prepare tu corazón para tu viaje a tu hogar celestial, donde todo es bello y Mi amor y alegría te envolverán para siempre.
Dios te cuida
Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en Su amor. Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. 1 Juan 4:16,17
No dejaré que te suceda nada que no redunde en tu bien de algún modo (Romanos 8:28). Obro incluso en tus períodos de enfermedad, para acercarte a Mí y ayudarte a volverte más como Yo. En esos períodos, cuando estás a solas conmigo, puedo envolverte en Mi consuelo y comulgar contigo sin distracciones.
Cuando rezas y lees Mi Palabra, Mi Espíritu puede hablarte al corazón en la quietud. Mi suave murmullo puede guiarte (1 Reyes 19:11,12). Así que, cuando te venga una temporada de enfermedad, acude a Mí y entrégame tu carga. Reposa en Mí. Déjame cuidarte y consolarte. Deja también que otros te cuiden.
Sé que a veces te cuesta aceptar que te ayuden, incluso cuando estás muy débil o doliente. También es posible que te cueste aceptar los consejos de salud y bienestar que te dan los que te quieren. Quizá pienses que tú sabes lo que más te conviene. A veces en efecto es así, pero no siempre. Conviene que les prestes atención y que sopeses sus consejos en actitud de oración.
Deja que tus seres queridos se esfuercen por hacerte la vida más fácil. Para ellos es una oportunidad de manifestarte el amor que te tienen. Además, el hecho de que Yo ponga personas a tu lado para atenderte es una pequeña expresión del amor que siento por ti. Al aceptar las muestras de amor y cariño de tus allegados, estás aceptando también Mi amor por ti.
Ninguna condenación
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1
Que no te asuste ni te inquiete que Yo no te haya perdonado tus pecados o fracasos, lo que hiciste mal o el daño que quizás ocasionaste a otros. En el momento en que me pediste que te purificara de tus pecados y fuera tu Salvador, te perdoné, y tu salvación quedó asegurada. Nada que hayas hecho o vayas a hacer podrá privarte de Mi amor por ti.
Tampoco es necesario que te preocupes o sientas remordimiento por tus pecados y fallos. Si los confiesas y pides perdón a las personas que has herido u ofendido, Yo soy fiel para perdonar tus pecados y limpiarte de toda maldad (1 Juan 1:9).
Deja, pues, de condenarte, deja de sentir remordimiento. Si ya has extraído lecciones del pasado, no pierdas el tiempo que se te ha dado mirando hacia atrás. El remordimiento es impotente para alterar el pasado, y en cambio puede robarte ahora tu alegría. Yo vine para darte paz; no permitas que se turbe tu corazón (Juan 14:27). Olvida lo que queda atrás y prosigue hacia las cosas eternas que tengo reservadas para ti y para todos los que me aman (Filipenses 3:13).
Siempre tendrás Mi amor
Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él. 1 Juan 4:16
Te amo y siempre te he amado, incluso antes de que me conocieras (1 Juan 4:19). Agradezco tus labores de amor y tus sinceras oraciones, ya que benefician a otros. Pero recuerda que esas buenas obras no te granjean Mi amor. El amor que te profeso es un obsequio. Te amo con un amor eterno.
Mi amor por ti es incondicional. Por muchas imperfecciones que tengas, aunque pienses que no te mereces Mi amor, Yo te amo. Yo te creé. Conozco tus debilidades y soy consciente de cada vez que cometes un error o no das la talla, pero eso no altera Mi amor por ti. Cuando te arrepientes y me pides perdón, siempre estoy dispuesto a perdonarte y derramar sobre ti Mi gracia.
Que no se te olvide nunca que eres un hijo o una hija amada de Dios y que te amo profundamente. Medita sobre Mi amor infinito por ti, un amor que me llevó hasta la cruz para redimirte. Pasa ratos estudiando Mi Palabra, para que te transformes por la renovación de tu entendimiento, crezcas en la fe y te llenes de Mi alegría (Romanos 12:2).
Siento un cariño especial y único por cada persona. Te amo como si no hubiera nadie más en todo el mundo.
Publicado por primera vez en 2008. Adaptado y publicado de nuevo en agosto de 2026. Traducción: Esteban.
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