agosto 14, 2026
[His Presence in Life’s Storms]
Muy tarde esa misma noche, los discípulos estaban en la barca en medio del lago y Jesús estaba en tierra, solo. Jesús vio que ellos se encontraban en serios problemas, pues remaban con mucha fuerza y luchaban contra el viento y las olas. A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua. […] Todos quedaron aterrados al verlo. Pero Jesús les habló de inmediato: «No tengan miedo —dijo—. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí!» Entonces subió a la barca, y el viento se detuvo. Ellos estaban totalmente asombrados. Marcos 6:47–51
¿Alguna vez una tormenta te ha desviado de tu rumbo en la vida?
En el capítulo 6 del evangelio de Marcos, Jesús pidió a Sus discípulos que se adelantaran y fueran a Betsaida mientras Él subía al monte a orar. No era un viaje largo en la embarcación, pero una tormenta desvió a los discípulos. Cuando Jesús vio que luchaban contra el viento en medio del lago, fue a ayudarlos.
¿Te parece que tu vida es como la de los discípulos en aquel momento? Tal vez no tenías intención alguna de encontrarte donde estás ahora en lo que respecta a tu trabajo, tu matrimonio o tu situación económica. Te has desviado del rumbo por culpa de situaciones que no podías controlar. Sientes que a estas alturas ya deberías estar en tu destino original, pero en estos momentos has perdido la esperanza de llegar hasta allí. Solo quieres volver a un lugar seguro.
O tal vez tenías grandes sueños a los que renunciaste hace mucho tiempo. Ya no te preocupa hacer progresos. Solo te preguntas si podrás sobrevivir.
Cuando te encuentras en un momento de desesperación, ¿qué hace Jesús? Marcos 6:48 dice: «A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua». Prestemos atención a que Él no pidió a los discípulos que se acercaran a Él. Jesús sabía que no podían llegar a donde Él se encontraba. Así que Él fue hacia ellos. Es lo mismo en tu caso. Cuando llegas al límite de la desesperación, ¡Jesús se acerca a ti!
Me encanta que Jesús no se quedara en la playa dándoles instrucciones a gritos. Cuando estás en medio de una tempestad, no necesitas consejos. ¡Necesitas un milagro! Necesitas que alguien se presente; y eso es lo que hizo Jesús. Intervino en la tormenta de Sus discípulos.
Este es el evangelio: Dios no se queda en la orilla diciéndote lo que tienes que hacer; al contrario, sale a tu encuentro en medio de tu propia tormenta: en tu dolor, tu miedo, tu depresión y tu desánimo. Él viene a ti. ¡Dios es magnífico!
Puede que ahora mismo te sientas abandonado, pero no lo estás. Esta paráfrasis está en The Living Bible: «No los abandonaré, no los dejaré como huérfanos en medio de una tormenta; vendré a ustedes» (Juan 14:18). ¡Puedes contar con ello! Rick Warren1
Después de un atareado día de apostolado, al atardecer se encontraban físicamente agotados. Así pues, cuando Jesús les dijo: «Pasemos al otro lado», los discípulos estaban listos para seguir (Marcos 4:35). No estaban nerviosos por el viaje; era solo uno de los muchos que habían hecho a través del mar de Galilea. […]
Lamentablemente, no resultó ser el viaje rutinario que esperaban los discípulos. En aquella zona, las tormentas no eran algo raro. […] De repente, se vieron envueltos en una situación muy peligrosa, con fuertes vientos, y las enormes olas comenzaron a romper sobre la embarcación una tras otra. La embarcación se estaba llenando rápidamente de agua, y los experimentados pescadores que iban a bordo sabían que se encontraban en una situación que ponía en peligro su vida (Marcos 4:37).
¿Y dónde estaba Jesús? Estaba en la popa de la embarcación, durmiendo sobre una almohadilla. Pero Su siesta no duró mucho. Asustados, los discípulos lo despertaron diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Marcos 4:38). Jesús despertó y reprendió al viento, diciéndole: «¡Cálmate, sosiégate!»; y así de rápido terminó la tormenta y las aguas se calmaron (Marcos 4:39).
¿A Jesús no le importaban aquellos hombres que fueron cuidadosamente seleccionados por Él y que eran Sus más cercanos seguidores? ¿No estaban obedeciendo a Jesús, que les dijo: «pasemos al otro lado»? ¿Por qué entonces estaban pasando por un momento tal convulso?
Los discípulos se pondrían muy tristes cuando Jesús los miró y les dijo: «¿Por qué están atemorizados? ¿Cómo no tienen fe?» (Marcos 4:40). Después de esa experiencia, estaban sorprendidos y se decían unos a otros: «¿Quién, pues, es Este que aun el viento y el mar le obedecen?» (Marcos 4:41).
Nadie está libre de las tempestades de la vida. Recuerda, la embarcación de Jesús y los discípulos no era la única que se encontraba en los alrededores. Marcos nos dijo que había otras barcas. Así pues, también enfrentaron la tormenta los que se encontraban en esas barcas y que tal vez no eran creyentes. El evangelio no nos dice nada más sobre ellos, pero enfrentaron la atemorizante situación sin Jesús.
Cuando pasamos por las tempestades, tenemos una ventaja sobre los que no conocen al Señor. Nunca estamos solos en la tormenta; Aquel que tiene poder sobre el viento y el mar está con nosotros. […] Al atravesar las tormentas sabemos que estamos protegidos por el poder de Dios al depositar nuestra fe en Él. […] Al confiar en Jesús durante las tempestades que enfrentamos, es posible que alguna tormenta no se detenga de inmediato. […] Pero podemos tener la seguridad de que al salir de nuestras tormentas tendremos una mayor comprensión de la grandeza de nuestro Dios. Barbara Robbins2
Hay un lugar que llegué a conocer.
Aunque mi corazón y mis fuerzas flaqueen,
mi alma cuenta con un ancla.
Puedo afirmar que está todo en orden. Chris Tomlin
Entoné la letra de esta canción una y otra vez con la esperanza de que la repetición me aportara algo de paz. Sin embargo, la paz no se hacía presente. Mi alma estaba turbada, hasta aterrada, diría. ¿Dónde está Dios en este lío? ¿Dónde está Dios en esta incertidumbre?
Estoy segura de que mi sollozo sonaba exactamente como el de los discípulos de Jesús cuando quedaron atrapados en una tormenta en medio del mar. Jesús, imperturbable ante el vendaval, dormía sobre una almohada. Los discípulos lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» Jesús se levantó y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cálmate!», y la tormenta se aplacó y el mar se serenó. Entonces Jesús dijo a Sus discípulos «¿Por qué están asustados? ¿Cómo no tienen fe?» Jesús no les hizo esa pregunta porque tuvieran miedo de la tormenta, sino porque cuestionaron si a Él le importaba o no (Marcos 4:35–40).
En las mismas me encontraba yo dando pábulo a temores parecidos: Dios, ¿acaso no te importa? Mi paz —y a veces hasta mi fe— están demasiado ligadas a que todo marche como yo quiero.
Estas son algunas de las cosas que me despojan de la paz:
Huelga decir que en este tipo de situaciones nadie espera que haya paz, así como es previsible tener miedo durante una gran tormenta en un pequeño barco zarandeado por las olas. A Dios no le importa que reaccionemos con miedo —sabe que una tormenta da miedo—, pero nos dice que Jesús está en la barca con nosotros y no tenemos por qué cuestionar si se preocupa o no.
Volviendo a las tribulaciones de mi alma, acababa de perder a un familiar de forma repentina y dolorosa. Uno de mis hijos sufría graves trastornos de salud. Otro se enfrentaba a una encrucijada muy difícil. A veces todo parece demasiado, la paz me evade y, al igual que los apóstoles, me pregunto si a Dios le importa.
Naturalmente, Jesús está conmigo en mi barca y claro que le importa. Volví a leer el relato. Canté los versos de ese hermoso himno una y otra vez invitando a la paz a retornar a mi alma, y efectivamente, me invadió. Marie Alvero
Publicado en Áncora en agosto de 2026.
1 Rick Warren, Jesus Comes to You in Your Storm, pastorrick.com, 8 de julio de 2025, https://www.pastorrick.com/current-teaching/devotional/jesus-comes-to-you-in-your-storm-2025.
2 Barbara Robbins, Jesus Is With Us in the Storm, hopeandlight.blog, 20 de mayo de 2020, https://hopeandlight.blog/2020/05/20/jesus-is-with-us-in-the-storm.
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