La adoración como forma de vida

julio 21, 2026

Recopilación

[A Lifestyle of Worship]

Fuiste concebido para el placer de Dios. Desde el momento que llegaste a este mundo, Dios estuvo allí, como testigo silencioso de tu primer aliento. Él te quería con vida y tu nacimiento fue para Él motivo de gran satisfacción. Dios no tenía por qué crearte, pero eligió hacerlo para Su propio disfrute. Existes para el beneficio, la gloria, el propósito y el placer de Dios.

Hacer feliz a Dios y vivir para Su deleite es tu mayor propósito en la vida. Cuando aceptas esa verdad, nunca vuelves a sentir que eres poca cosa; porque demuestra con claridad lo que vales. Si eres tan importante para Dios, y Él te considera lo suficientemente valioso como para tenerte a Su lado por toda la eternidad, ¿qué mayor importancia podrías tener? […]

La adoración no es solo parte de tu vida. Es tu vida. La Biblia nos dice que alabemos al Señor en todo tiempo. Toda actividad se puede transformar en un acto de adoración cuando la haces para la gloria, la alabanza y el deleite de Dios. La Biblia dice: «Así que, sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Martín Lutero dijo: «La lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios».

¿Cómo podemos hacer que todo sea para la gloria de Dios? Pues haciendo cada tarea como para Jesús y llevando al mismo tiempo una conversación interna con Él. La Biblia dice: «Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23).

Ese es el secreto de una vida de adoración: hacerlo todo como para Jesús. El trabajo se vuelve adoración cuando se dedica a Dios y se lleva a cabo pensando en Su presencia.  Rick Warren[1]

Amor lleno de gratitud

Una lección que mis nietos me enseñan todo el tiempo es lo mucho que agradecen recibir amor. Un poquito de amor los llena de gratitud. Hace poco, a uno de los más pequeños, Wilson, le costaba expresar con palabras lo agradecido que estaba por el paseo en carretilla que le di por nuestro jardín, dando vueltas alrededor de los árboles, las hojas y los palitos tirados en el suelo. Era como ir en tren, aunque bastante más lento. Su risa y sus palmaditas demandaban más y más vueltas, y sus ojos brillaban de alegría y agradecimiento. El corazón me latía con regocijo, y mis piernas encontraban nuevas fuerzas al ver la gratitud reflejada en su carita. La amorosa gratitud de un niño es un importante recordatorio de las muchas maneras en que podemos dar gracias a Jesús por Su amor.

Cuando Jesús se dirigía a sanar a una chica de 12 años, se encontró con una mujer que padecía una enfermedad crónica. Llevaba así más de una década (Lucas 8:41-48). En ese momento, una mujer joven seguramente moriría sin el toque sanador de Jesús, mientras que una mujer mayor estaba destinada a morir sin Su poder. Si bien estaba en camino para curar a la joven, el Señor no estaba tan ocupado como para ignorar a quien había agotado todos sus recursos en doctores y medicina. Ahora que lo había perdido todo y se sentía temerosa y humillada, necesitaba de la esperanza, el consuelo emocional, el amor puro, el perdón de los pecados y la curación física del Gran Sanador. Su vergüenza la hacía sentir ignorada y excluida, pero el amor hizo que extendiera la mano para tocar el manto de Dios. Es posible que nunca hubiera sentido el amor de un padre, así que Jesús la llamó tiernamente hija, retribuyendo así su confianza con bendiciones y curación. «Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni me negó Su gran amor» (Salmo 66:20).

¿Ha cautivado el amor de Cristo tu corazón con gratitud y alabanzas a Dios? El amor del Señor permanece cuando se esfuma el de otros pretendientes de tu alma. El amor celestial es el único remedio para un alma agobiada por los dolores terrestres. El cansancio se desvanece cuando el Espíritu Santo conquista tu corazón con tierno consuelo y perpetuo amor. El amor de Dios produce gratitud en el alma. No dejes de reconocer el amor de Dios en el rostro de un niño o en las palabras de un amigo. La gratitud emana de lo más profundo de tu ser al descubrir que eres el amado hijo del Rey. […]

Es posible que sientas soledad, que las tribulaciones de este mundo te aprisionen y que no recibas el apoyo emocional que necesitas. Pero jamás olvides que el Señor te ama y que nunca vas a estar solo. Así que dale gracias por el inquebrantable amor que Él siente por ti.  Boyd Bailey[2]

Aunque la higuera no florezca

Me aventuraría a decir que Habacuc es de los profetas bíblicos menos conocidos hoy en día. Vale decir, sin embargo, que era un conocedor indiscutible de la fuerza de las promesas divinas y lo que significa confiar en Dios por muy negra que se presente la situación:

«Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación» (Habacuc 3:17-18).

Intrigado por conocer la coyuntura y circunstancias de la vida y época de Habacuc, que lo inspiraron a componer semejante declaración de fe, decidí leer todo el libro. En realidad es muy breve: consta de apenas 3 capítulos, y el pasaje citado no figura sino hasta el final, como conclusión al diálogo que el profeta mantiene con Dios. Si bien el libro ofrece muy pocos detalles sobre la vida personal de Habacuc, es evidente que vivió en una época muy difícil de la historia de su pueblo. Parte cuestionando abiertamente la sabiduría de Dios.

Habacuc le manifiesta a Dios que no ve a su alrededor otra cosa que injusticia, violencia y destrucción a manos de ejércitos invasores y plantea la misma pregunta que muchos suelen hacerse, por lo general con mucha menos justificación que la que tenía él: ¿Por qué no pone Dios las cosas en orden y por qué permite que el mal, presumiblemente, triunfe? Las pacientes respuestas de Dios a la larga reavivan la fe de Habacuc que recobra su confianza en el Altísimo y en lo que ha prometido, y le permite depositar todas sus quejas e inquietudes en las amorosas manos del Padre.

Esa lección, tan vigente hoy como siempre, es algo que todos podemos aprender. Podemos optar por regocijarnos en Dios y en nuestra salvación, aun en medio de las experiencias más peliagudas, porque Él ha dicho: «Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé» (Hebreos 13:5). Podemos confiar en que Sus promesas, que no tienen límite de tiempo, nos resguardarán de todas y cada una de las tormentas que afrontemos.  Gabriel García Valdivieso

Alabanza llena de gratitud

Quiero postrarme hacia Tu santo Templo y alabar Tu nombre por Tu gran amor y fidelidad.  Salmo 138:2

Las experiencias que vivimos pueden desbordarnos y hacernos sentir que son desafíos insuperables. Podemos sentir hastío, desánimo y frustración producto de las circunstancias o relaciones que escapan a nuestro control. Pero en los momentos que perdemos la esperanza y sentimos que no damos más, lo mejor que podemos hacer es apartarnos de los problemas y acercarnos al amor de Dios. Elevar una plegaria de agradecimiento produce cambios en nuestra mente y corazón. Al recordar que Dios está al control de todo y que nuestra vida no es propiamente nuestra, sabemos que tenemos un Salvador que nos fortalece en la debilidad y que nos consuela cuando lo necesitamos.

Al contar nuestras bendiciones, no hay mejor manera de expresar nuestra gratitud que mediante una sentida oración de agradecimiento. Ese tipo de oraciones no sólo enumeran lo bueno que tenemos, sino que nos conectan profundamente con Dios y nos permiten ver Su abundante generosidad. Amamos y servimos a un Padre bueno y bondadoso. No merecemos las exuberantes demostraciones de amor, gracia y misericordia que Él nos dispensa. ¿Qué más podemos hacer sino retribuirle con interminables gracias y alabanzas? […]

Querido Dios, gracias por Tu maravilloso poder que obra en nuestra vida. Gracias por Tu bondad y por las bendiciones que nos regalas. Gracias por alimentar nuestra esperanza incluso en los momentos más oscuros. Por fortalecernos para poder cumplir Tus propósitos. Gracias por Tu amor y cuidados sin fin. Gracias por Tu gracia y misericordia. Gracias por siempre estar con nosotros y nunca desampararnos.

Gracias por el impagable sacrificio que hiciste para que pudiéramos tener libertad y vida. Perdónanos por no darte suficientes gracias por quién eres, por todo lo que haces y por todo lo que nos has dado. Ayúdanos a levantar hacia Ti la vista y el corazón todos los días. Renueva nuestro espíritu y llénanos de paz y de alegría. Te amamos y te necesitamos hoy y siempre. Te alabamos y damos gracias, porque sólo Tú eres merecedor de ellas. En el nombre de Jesús, amén.  Rachel Dawson[3]

Publicado en Áncora en julio de 2026.



[1] Rick Warren, A Lifestyle of Worship, cfaith.com, https://www.cfaith.com/the-secret-to-a-lifestyle-of-worship

[2] Boyd Bailey, Grateful for God’s Love, wisdomhunters.com, 24 de noviembre de 2021, https://www.wisdomhunters.com/grateful-for-gods-love

[3] Rachel Dawson, 15 Prayers to Say Thank You God with Heartfelt Gratitude, crosswalk.com, 28 de agosto de 2024, https://www.crosswalk.com/faith/prayer/prayers-to-say-thank-you-to-god-today.html

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