julio 7, 2026
[Walk in Peace]
La notificación iluminó la pantalla de mi teléfono. Sentí un nudo en la garganta mientras me acercaba a tomarlo. ¿Y si son malas noticias? Las palabras se desdibujaban: «Sus resultados son anormales; se requiere un estudio adicional».
Mientras mi mente se adelantaba a los acontecimientos, imaginando los peores escenarios posibles, una oleada de calor recorrió mi cuerpo y, por un momento, no pude moverme.
Entonces, suavemente —casi sin pensarlo—, comencé a tararear un antiguo himno. «Tengo paz como un río…».
Necesitaba esa paz. Así que busqué en las Escrituras y encontré Isaías 26:3: «Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en Ti confía».
Ese versículo también me recordó Efesios 6:15, donde el apóstol Pablo describió el calzado de la paz como parte de la armadura de Dios.
En el siglo I, cuando Pablo escribió esas palabras, los soldados romanos utilizaban un calzado resistente, mitad bota, mitad sandalia, llamado cáliga. Diseñadas para la guerra, las cáligas tenían suelas gruesas, reforzadas con tachuelas de hierro afiladas e incrustadas. No era un calzado pensado para la comodidad; era un arma en toda regla. Las tachuelas se aferraban al suelo, impidiendo que los soldados resbalaran en medio del combate y permitiéndoles marchar por kilómetros. En la batalla, esas mismas tachuelas les permitían pisotear a sus enemigos caídos.
Ese calzado era esencial para la supervivencia de un soldado. Sin él, en el campo de batalla sus pies podían resultar heridos fácilmente por objetos afilados. Sin embargo, con los pies firmemente asegurados, el soldado podía avanzar con confianza, preparado para cualquier terreno o enemigo al que se enfrentara.
Quizás sea por eso que Pablo nos dice: «Calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz» (Efesios 6:15). Nuestras batallas espirituales requieren un paso firme.
El enemigo solo quiere agitar nuestra paz. Es por ello que arroja distracciones, desaliento y miedo a nuestro camino; espera hacernos tambalear y dudar. Sin embargo, el evangelio nos ancla. Nos ofrece estabilidad cuando la vida parece un caos, aguante cuando el camino es largo y protección cuando el enemigo intenta derribarnos. Nos mantiene avanzando, cuando todo nuestro ser quiere retroceder.
¿Qué es lo que hoy intenta desviarte del camino? ¿Un diagnóstico complicado? ¿Una relación rota? ¿El peso de la incertidumbre que hay en este mundo?
Este es tu recordatorio de que Jesús mismo es tu paz (Efesios 2:14). Jesús ya se ha adelantado; ha hecho el camino firme. Cuando tus pensamientos están firmemente fijos en el Señor, Él te mantendrá en perfecta paz.
Sea lo que sea que enfrentes hoy, puedes respirar hondo, confiar plenamente, y caminar con seguridad en Su paz.
Padre, hoy me pongo el calzado de la paz, firmemente arraigada en las buenas nuevas de Jesús. Cuando las circunstancias intentan agitar nuestro fundamento, cuando la ansiedad y el miedo se presentan, recuérdanos que Tú estás en control y que Tu paz sobrepasa todo entendimiento. Dirige, guía y afirma nuestros pasos en perfecta paz, a medida que confiamos en Ti. En el nombre de Jesús, amén. Dr. Avril Occilien-Similien1
¡Cuántas veces, habiendo alcanzado por fin un estado de plácido contentamiento, ansiamos poder colgar en la puerta un letrero de No molestar!
Lógicamente no podemos evitar las interrupciones ni las situaciones estresantes; pero dice la Biblia que, cuando se presentan, Dios puede concedernos paz. «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado» (Isaías 26:3). Si acudimos a Jesús, Él nos infunde Su paz. Cuando pasamos ratos orando y conversando con Él, leyendo Sus palabras o siquiera pensando en Él, dice la Biblia que experimentaremos la serenidad de espíritu que ha prometido.
A veces quizá nos parezca imposible conservar la calma. Se nos hace difícil afrontar la vida. Sin embargo, Jesús es el Príncipe de Paz y nos asegura: «La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo» (Juan 14:27). Así pues, cuando tengamos ganas de colocarnos en la frente un cartel de No molestar, recordemos que el Señor nos otorga una paz muy particular: una paz eterna, profunda y tangible. Chloe West
Vivir en paz se puede comparar a los pétalos de una flor que se abre a la luz del sol matutino. Los pétalos de la paz en nuestra vida se desdoblan a medida que aprendemos más sobre Dios. Descubrimos que Su carácter es siempre fiel. Experimentamos Su bondad incesante. Leemos más sobre Sus promesas (Salmo 100:5; 115:11; Isaías 26:4). Aprendemos a disfrutar de Su gran amor por nosotros (Romanos 8:38–39). No permitimos que las circunstancias cambiantes determinen nuestro nivel de satisfacción, sino que nos apoyamos en el carácter de Dios, que nunca cambia (Santiago 1:17; Malaquías 3:6).
Cuando desarrollamos un estilo de vida en el que el Señor es nuestro refugio, empezamos a vivir en la paz de Dios (Salmo 46:1; 62:8). El Salmo 91:1-2 contiene el secreto para vivir en la paz de Dios: «El que habita al amparo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: “Refugio mío y fortaleza mía, Mi Dios, en quien confío”». Ese lugar secreto en nuestro corazón es a donde nos dirigimos para ir a encontrarnos con Dios. Cuando elegimos vivir allí y escondernos bajo Su sombra, manteniéndonos en constante comunión con Él, podemos permanecer en paz, incluso cuando las circunstancias no sean pacíficas. Cuando aprendemos a clamar a Él en tiempos difíciles, descubrimos que Su paz sobrepasa todo entendimiento humano (Filipenses 4:7). Got Questions2
Cuenta tus problemas a Jesús y deja que Él lleve esa carga.
Job 22:21: Reconcíliate con Dios, y recupera la paz; así Él te devolverá la prosperidad.
Salmo 55:22: Echa tu carga sobre el Señor, y Él te sostendrá. Jamás dejará caído al justo.
Juan 14:27: La paz les dejo, Mi paz les doy. No como el mundo la da Yo se la doy a ustedes. No se turbe su corazón ni tenga miedo.
Filipenses 4:6,7: Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
1 Pedro 5:7: Echen sobre Él toda su ansiedad porque Él tiene cuidado de ustedes.
Fijemos la mirada en Jesús y Su bondad.
Salmo 94:19: Cuando me vi abrumado por la angustia, Tú me brindaste consuelo y alegría.
Isaías 26:3: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado.
Filipenses 4:8: En cuanto a lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto piensen.
Hebreos 12:1,2: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que tenía delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
Obtener paz de la Palabra de Dios.
Salmo 119:165: Mucha paz tienen los que aman Tu ley, y no hay para ellos tropiezo.
Juan 16:33: Les he hablado de estas cosas para que en Mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción, pero ¡tengan valor; Yo he vencido al mundo!
Publicado en Áncora en julio de 2026.
1 Avril Occilien-Similien, «Camina en perfecta paz», Proverbs 31, 17 de julio de 2025, https://proverbs31.org/es/lee/devocionales/texto-completo/2025/07/17/camina-en-perfecta-paz
2 «¿Qué es la paz de Dios y cómo la puedo experimentar?» GotQuestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/paz-de-Dios.html
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