junio 16, 2026
[When God Doesn’t Grant the Desires of Our Hearts]
Deléitate en el Señor y Él te concederá los deseos de tu corazón. Salmo 37:4
Hace años, cuando me convertí al cristianismo, había una pareja joven en nuestra iglesia que me acogió con los brazos abiertos. Estaba agradecida por su amistad, su apoyo, y por el esfuerzo que hacían para responder a mis muchas preguntas. Un día surgió el tema de los deseos y los sueños incumplidos, a lo que la esposa respondió citando el Salmo 37:4: «Él te concederá los deseos de tu corazón». La fuerte implicación era que, como cristiana, podía esperar que Dios me diera cualquier cosa que deseaba, si tan solo se lo pedía. […]
En su conjunto, el significado del versículo se vuelve más claro. No se trata de una carta blanca por la que Dios se comprometa a conceder todo lo que se le ocurra al lector: más dinero, un trabajo mejor, una casa más bonita, vacaciones divertidas. No es el evangelio según Janis Joplin, quien cantó en 1970: «Oh Señor, ¿me comprarías un Mercedes-Benz? Mis amigos tienen Porsches, tengo que estar a la par».
Tampoco es la filosofía consagrada en las películas de Disney, que profesan: «Haz lo que te dicte el corazón. Nunca te llevará por mal camino». […] La clave de Salmo 37:4 está en la frase inicial: Deléitate en el Señor. Esencialmente, Dios promete que, a quienes lo conviertan a Él en el objeto de su deseo, Él les concederá ese deseo. […]
Este tema del anhelo de Dios trasciende el libro de los Salmos y se extiende hasta las páginas del Nuevo Testamento. Jesús describe el reino de los cielos como un tesoro por el que una persona lo daría todo con tal de poseerlo (Mateo 13:44–46). Cuando Pablo hablaba de su propia experiencia, decía que consideraba que todo lo que tenía carecía de valor en comparación con el valor supremo de conocer a Jesús. (Filipenses 3:7–11). […]
Si bien puede que no sepamos cuál es la voluntad de Dios en ciertas situaciones específicas, de esto siempre podemos estar seguros: si le pedimos a Dios que avive nuestros afectos y haga que nuestro corazón se deleite en Él, estamos pidiendo conforme a Su voluntad y Él honrará esa petición. Si establecemos nuestro deseo más profundo en el Señor, Él concederá ese deseo.
Existe un peligro claro y presente, especialmente en las culturas pudientes, de hacer ídolos de los buenos dones de Dios, de adorar a la creación en lugar de adorar al Creador. Las civilizaciones antiguas lo hacían con imágenes de personas y animales y cuerpos celestes. Nuestra sociedad moderna es más propensa a hacerlo con la riqueza y la ambición, la comodidad y el ocio. En consecuencia, vemos a Dios como un medio para lograr un fin, en lugar de un fin en sí mismo. Queremos las cosas de Dios en lugar de a Dios mismo.
Pero esto no nos lleva a buen puerto. Como dijo C.S. Lewis: «Dios no puede concedernos la felicidad y la paz al margen de Sí mismo, porque eso no existe. No hay tal cosa».
Dios diseñó a los seres humanos para que encontráramos nuestro placer y plenitud en Él. Todos los demás placeres solo encuentran su lugar adecuado en relación con este deleite supremo en el Señor. Subby Szterszky1
Deleitarnos en Dios
En mi adolescencia «descubrí» Salmo 37:4 y lo declaré el versículo de mi vida en ese momento (¿no me digas que no tenías uno?). «Deléitate en el Señor, y Él te concederá los deseos de tu corazón». Esta es una fórmula que podría seguir toda la vida, ¿cierto? ¿Deleitarme en el Señor? ¡Sencillo! Él es genial, es increíble, se le da reconocimiento cuando las cosas van bien. Ahora, esperaré con ilusión a que Él haga lo que le pido. […]
Pero esto no es una ecuación. No es una fórmula matemática. Tener una relación superficial con Dios no significa que pueda manipularlo para que me conceda lo que deseo. Incluso el asombro sincero por Su bondad no equivale a marcar las casillas de los deseos insatisfechos. Con quince años no entendía que un corazón que se deleita de verdad en Dios desea lo que Él desea, ama lo que Él ama y hace lo que Él se propone.
Así que una década después de mi epifanía de Salmo 37:4, no pude evitar sollozar, boca abajo en el suelo del baño, con la centésima prueba de embarazo negativa en la mano y un agujero en el corazón. ¿Dios no había cumplido lo que yo creía que me había prometido? ¿Podría Él estar haciendo algo bueno en los años de espera infructuosa? […]
Cuando empecé a leer las Escrituras para averiguar por qué Él estaba privándome de tener hijos, descubrí que Él no estaba reteniendo los deseos de mi corazón, sino que estaba dándome otros deseos nuevos. [...] Al buscar en las Escrituras lo que pudiera aprender acerca de la personalidad de Dios, tenía aún los brazos vacíos. Pero mi corazón se empezó a llenar. Acudía a la Palabra día tras día para fijar la mirada en la bondad de Dios, y lo que encontré me conmovió. Él era bueno, fiel, misericordioso, justo, sabio, soberano, y estaba presente.
Al meditar sobre Su carácter, comencé a darme cuenta de que ningún deseo, por muy tierno o noble que fuera, podía ocupar el lugar de mi Salvador. Soy esclava de Cristo; por lo tanto, no puedo tener ningún otro amo. Ni la maternidad, ni el matrimonio, ni el estatus, ni la notoriedad. Hasta las cosas buenas pueden convertirse en ídolos si intentan ocupar el lugar central en nuestro corazón. […]
Como Él es intencional y bondadoso, nos dio todo aspecto de sí mismo: Padre, Hijo y Espíritu, para que recibamos todo lo que necesitamos. Desde el huerto hasta el templo, pasando por la cruz y llegando a Pentecostés, Dios se nos ha entregado y nos ha dejado constancia de ello en Su Palabra. Un día lo veremos cara a cara, sin ningún impedimento, y entonces cesará todo anhelo. […]
Cuando Dios no te concede los deseos de tu corazón, es posible que te esté brindando los deseos de Su corazón. Es posible que Él retenga la dádiva que le pides para que fijes tus ojos más bien en el Dador. Deja que tu anhelo te lleve hacia Aquel por quien tu corazón fue creado para anhelar. Glenna Marshall2
Confiar, deleitarnos y encomendarnos a Él
Dios me ha bendecido con muchas cosas buenas: un lugar seguro donde vivir, comida para alimentarme, personas a quienes amar y servir. Pero a decir verdad, da la sensación de que siempre quiero algo más: un matrimonio con un buen hombre, una casa bonita, una carrera que me encante y que pague las cuentas, amistades perfectas… La lista continúa.
Recientemente, mientras pensaba en todos mis deseos insatisfechos, se me escapó una risa sarcástica. Dios, Tú dijiste que me concederías los deseos de mi corazón. Pero mírame, aquí estoy haciendo malabares con dos empleos y escribo en mi tiempo libre. Me levanto muy temprano. Mi refrigeradora vieja dejará de funcionar en cualquier momento. Mi aspecto físico y mis amistades a veces me angustian.
En medio de mi frustración, leí el pasaje bíblico en el cual creí que Dios prometía concederme los deseos de mi corazón: «Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el Señor y Él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino...» (Salmo 37:3–5).
Dios nos llama a confiar, deleitarnos y encomendarnos a Él. Comprender esto cambió mi perspectiva y me dio paz durante una época en la que me sentía descontenta. […]
Nuestro compromiso con Cristo significa que nuestra vida ya no nos pertenece. Ahora tenemos un propósito y un sentido que trascienden nuestro deseo de seguir nuestros planes. Como resultado, Su gozo resplandece en nosotros como el sol de la mañana. Él nos da paz en medio del caos y las dificultades inesperadas. Es mi oración que nosotros deseemos más a Jesús porque cuando confiamos en Él, nos deleitamos en Él y nos encomendamos a Él, encontramos paz en Su plan […] incluso cuando la vida no sale como habíamos soñado.
Señor, ayúdame a centrarme más en Ti y menos en mis deseos insatisfechos. Que mi mayor deseo siempre sea Tu voluntad y Tu gloria. Cuando me sienta insatisfecha, recuérdame que Tú eres bueno y que estás obrando para mi bien. En el nombre de Jesús, amén. Grace Valentine3
¿Qué significa el versículo Salmo 37:4?
Salmo 37:4 contiene una gran promesa: «Deléitate en el Señor y Él te concederá los deseos de tu corazón». Este versículo nos invita a tener una relación profundamente íntima con Dios. Si nos deleitamos en Él, Él nos dará los deseos de nuestro corazón. […]
Para entender la promesa de Salmo 37:4, primero debemos examinar qué significa deleitarse en el Señor. La palabra deleite engloba un profundo sentido de alegría, satisfacción y plenitud. Cuando nos deleitamos en el Señor, buscamos Su presencia (Salmo 27:4), meditamos en Su Palabra día y noche (Josué 1:8 y Salmo 1:2), y alineamos nuestra voluntad con la Suya (Romanos 12:2). […]
Cuando nos deleitamos en el Señor, experimentamos un cambio radical en nuestros deseos. Es decir, ya no deseamos cosas egoístas y pecaminosas (Gálatas 5:17–21). […] A medida que nos acercamos a Él, nuestros deseos comienzan a reflejar Sus deseos para nosotros, y manifiestan Su bondad y rectitud. […]
El Salmo 37:4 nos invita a deleitarnos en el Señor y a alinear nuestros deseos con Su perfecta voluntad. A medida que cultivemos un corazón que encuentra gozo, satisfacción y contentamiento en Él, Él transformará nuestros deseos para que reflejen Sus propósitos. GotQuestions.org4
Una plegaria de alabanza
¡Cuán gloriosa es Tu misericordia, qué maravillosa es Tu bondad (Salmo 36:7)! Tu amor lo supera todo. Para siempre es Tu misericordia (Salmo 136:1). Tu perdón es total: me lava el alma y me redime para Tu reino celestial (Efesios 1:7), y así me presento ante Ti: mi Señor, mi Dios, mi Salvador, mi todo.
Mi deseo es complacerte y adorarte, y hacer Tu voluntad. Nadie tiene el honor, la gloria, la fortaleza ni el amor que Tú posees. Elevo a Ti mi voz, mi corazón y mi espíritu en alabanza, acción de gracias, honra, gratitud y gloria. Te entrego cuanto tengo, pues digno eres de ello.
Publicado en Áncora en junio de 2026.
1 Subby Szterszky, The desires of our hearts, Focus on the Family Canada, 2016, https://www.focusonthefamily.ca/content/the-desires-of-our-hearts
2 Glenna Marshall, When God Doesn’t Give You the Desires of Your Heart, glennamarshall.com, 6 de agosto de 2018, https://www.glennamarshall.com/2018/08/06/when-god-doesnt-give-you-the-desires-of-your-heart/
3 Grace Valentine, When God Hasn’t Given You the Desires of Your Heart, Proverbs 31, 28 de junio de 2025, https://proverbs31.org/read/devotions/full-post/2025/06/28/when-god-hasnt-given-you-the-desires-of-your-heart
4 «¿Qué significa que Dios te concederá las peticiones de tu corazón (Salmo 37:4)?» GotQuestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/El-te-concedera-los-deseos-de-tu-corazon.html
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