mayo 26, 2026
[Sharing God’s Love]
Me encontraba haciendo compras en una tienda de segunda mano; buscaba unas cosas de dormitorio. La cajera parecía una de las personas más infelices y enfadadas que he visto. Yo era la sexta persona en la fila y daba la impresión de que se enfadaba cada vez más con cada cliente que pasaba.
Se enfadó especialmente cuando hubo que comprobar el precio de uno de mis artículos que no estaba marcado. Eso sacó de quicio a aquella pobre mujer y yo me llevé la peor parte.
Sin embargo, cuando ella registraba mis compras, sentí un hormigueo, un aviso o empujoncito del alma, por así decirlo.
Traté de negociar con Jesús y le dije que esa pequeña cantidad de dinero extra que tenía en la parte de atrás en mi billetera no era para la cajera. Sin duda debería ser para alguien más agradable, más amable, alguien que lo mereciera más o quizá que por lo menos lo apreciara. No para una persona que se comporta de forma cruel y furiosa.
Pero Dios no cedió. Tampoco el hormigueo. […]
Así que pagué mi cuenta y con renuencia busqué en la parte trasera de mi billetera. Cuando ella me dio el comprobante de compra, le pasé algo de dinero en efectivo.
El gesto la tomó por sorpresa.
Con una mano tomó el billete doblado e hizo una pausa. Después con la otra mano se bajó la mascarilla. Su voz fuerte, severa, se convirtió en un susurro, en una pregunta: «¿Por qué?» A lo que yo respondí: «Un empujoncito del alma, una intuición».
Hubo otra pausa. Una especie de breve cálculo. Cuando me agarró de la mano y no me soltaba, fui yo quien se sorprendió. Dijo: «Hoy cumplo 75 años y nadie me llamó. Ni siquiera mi hermana. Ninguno de mis hijos. Ninguna de estas personas que están aquí. Nadie. Nada. No creo que alguna vez haya estado tan triste. Nadie recordó mi cumpleaños.»
Sentí de nuevo el hormigueo. Levanté la vista en aquel viejo almacén. Miré la luminaria y escuché el zumbido del balasto roto. Como Jesús es algún castillo en el aire que tal vez veamos si observamos con detenimiento. La luz parpadeaba. Le dije: «Alguien lo recordó». Aunque no vi a Jesús, ese empujoncito del alma me dijo que Él la vio.
Se mordió el labio inferior cuando parecía que iba a llorar. Y noté el profundo dolor y la dulce humildad bajo esa máscara simbólica y la mascarilla física que llevaba debajo de la barbilla.
¿Verdad que todos llevamos una máscara puesta?
Además de mí, la noticia del cumpleaños llegó a otros dos clientes que estaban a mi lado. Hablar es fácil y las palabras parecen insuficientes… hasta que dejan de serlo. Hubo un pequeño coro de voces que decían alegremente «feliz cumpleaños». Ella se quedó allí parada, dándose palmaditas en el corazón y asimilándolo todo. Las palabras penetraron. La ira se disipó. Se manifestó la esperanza. El hormigueo se volvió tangible.
No sabemos lo que alguien puede estar atravesando o la batalla que libra. Las cosas no siempre son como parecen.
Ahora mismo vivimos en un mundo al revés. Tal vez nos veamos tentados a devolver la animosidad con odio. A tomar represalias. A distanciarnos. […] Pero existe una manera mejor.
Hoy pensé que necesitaba cosas para el dormitorio. Resulta que necesitaba un recordatorio. ¿Quizá tú también lo necesitas?
Seamos lentos para juzgar. Y rápidos para obedecer. Confiemos en que el Espíritu Santo indicará el camino.
El corazón humano, dirigido por el Amor, no nos llevará por mal camino. Anónimo1
Juan 3:16 nos dice lo que significa amar como Jesús ama: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito». El amor de Dios se da con sacrificio. Amar como ama Jesús significa que sostenemos todo lo que poseemos con las manos sueltas. Estamos dispuestos a desprendernos de dinero, tiempo y posesiones para servir a otras personas. […] Cuando vemos a un hermano o una hermana necesitados y tenemos recursos que pueden ayudarlos, debemos compartir con ellos lo que tenemos (Santiago 2:15–17; 1 Juan 3:16–17).
Jesús amaba a todos por igual. […] Ricos y pobres, jóvenes y ancianos, religiosos y paganos: las personas acudían a escuchar a Jesús porque Él las amaba (Marcos 10:1; Mateo 9:35,36; Lucas 18:18).
Amar como Jesús significa que no podemos ser selectivos en la manera en que tratamos a las personas. […] Debemos tratar a todo ser humano con dignidad y respeto, recordando que esa persona es una creación única, diseñada a imagen de Dios (1 Juan 2:9,10; 4:20–21). Debemos esforzarnos por limpiar nuestro corazón de prejuicios raciales, esnobismo socioeconómico y superioridad religiosa. Nada de eso pertenece a la vida de alguien que quiere amar como Jesús ama. GotQuestions.org2
Cuando manifiestas amor y consideración a personas que no te atraen mucho o que a tu juicio no se lo merecen, les comunicas Mi amor, que trasciende el amor humano. Es más, se trata de una demostración de Mi amor más grande que cuando das cariño a alguien con quien tienes una relación muy estrecha. No es hipocresía ni falta de sinceridad. Al contrario, es un cumplimiento de Mi precepto de amar al prójimo como a ti mismo. Es un acto de obediencia a Mi Palabra. Es permitir que Mi amor actúe en ti y te mueva a obrar bien.
El que alguien no te caiga bien no debiera ser obstáculo para que le expreses Mi amor. Para Mí no hay nadie demasiado malo, nadie que esté fuera del alcance de Mi amor. Quiero que contribuyas a transmitir eso a tus congéneres. Aunque no sientas apego por ellos, Yo sí lo siento. Al manifestarles amor y comprensión, les haces llegar Mi amor.
Al mostrar cariño y cortesía sin parcialidad, expresas Mi amor. Además de bendecir a las personas a quienes manifiestes amor y consideración, te bendeciré a ti. Independientemente de lo que sientas, a medida que transmitas Mi amor, eres Mi mensajero de amor y cumples Mi voluntad en tu vida. Jesús
«No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque esos son los sacrificios que agradan a Dios» (Hebreos 13:16).
Pongamos atención a esas palabras en la mitad de la frase.
«Compartir con otros lo que tienen».
Cuando vamos por la vida dispuestos a compartir lo que Dios nos ha dado, vemos cómo Él se siente: «esos son los sacrificios que agradan a Dios».
A nuestro alrededor hay personas que necesitan ánimo. ¿Qué puedes hacer para animarlas? Puede significar dirigirles una palabra amable. Compartir una sencilla comida. Entregar el regalo de un oído que escucha, o una oración con fe. Lo que sea que poseas —material o emocional— decide ser alguien que comparte lo que tiene con regularidad y alegremente.
Incluso los pequeños sacrificios —de nuestro tiempo o recursos— agradan al Señor. Tendamos la mano esta semana y voluntariamente demos bendición a otros con una parte de las provisiones que Cristo nos ha prodigado. Karen Ehman3
Publicado en Áncora en mayo de 2026.
1 Soul Nudges and Heart Tingles, The Everyday Good, 12 de agosto de 2022, https://www.theeverydaygood.com/post/soul-nudges-and-heart-tingles
2 «¿Qué significa amar como Jesús?», GotQuestions.org https://www.gotquestions.org/Espanol/amar-como-Jesus.html
3 Karen Ehman, Comparte tus cosas; sirve al Señor, Proverbs 31, 12 de octubre de 2020, https://proverbs31.org/es/lee/devocionales/texto-completo/2020/10/12/comparte-tus-cosas-sirve-al-senor
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