Fe para vencer

junio 21, 2026

María Fontaine

[Faith to Overcome]

Todo el mundo pasa por momentos difíciles en algún momento de su vida, ya sea la punzada de la injusticia o el dolor del rechazo, o el duelo por la pérdida de un ser querido u otras circunstancias trágicas. Tales experiencias pueden dejar lo que podríamos llamar heridas en nuestro espíritu. Sin embargo, las circunstancias del pasado, el dolor y las heridas no tienen que determinar nuestras perspectivas actuales, porque Dios nos ha abierto el camino para vencer por medio de Jesús.

La Biblia dice: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). A medida que nos sumergimos en Jesús y Su Palabra y en la nueva vida que Él nos ha dado, las cosas viejas pasarán y con el tiempo las cosas del pasado que solían atormentarnos serán menos dolorosas y menos importantes.

La Biblia nos enseña a examinar nuestra vida y a vaciar nuestro corazón de cualquier cosa del pasado que nos pueda estorbar: «Examinemos nuestros caminos; investiguémoslos y volvamos al Señor. Alcemos nuestro corazón en las manos hacia Dios que está en los cielos» (Lamentaciones 3:40,41). El autor de Hebreos nos advierte: «Tengan cuidado de no permitir que entre ustedes eche raíces el resentimiento, porque causa graves dificultades a medida que brote, y daña a muchos en su vida espiritual» (Hebreos 12:15).

Asimismo, la Biblia nos exhorta a buscar ayuda y el apoyo de otros cuando lo necesitamos, a confesarnos nuestras faltas unos a otros, y a orar unos por otros para que podamos ser sanados (Santiago 5:16). En lo que se refiere a dejar atrás las heridas y problemas no resueltos del pasado y a erradicar el resentimiento, ¡tenemos certeza de que podemos superar el pasado gracias a nuestra fe y a lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz!

En la cultura contemporánea, la tendencia generalizada es achacar los defectos o complejos que uno tiene a los demás o a experiencias que se han sufrido, atribuirlos a los padres, a los hermanos, a los compañeros, al ambiente, a rasgos heredados, a sus circunstancias. Aunque esos factores sin duda afectan la trayectoria de la vida de las personas, ese enfoque les permite evadir la propia responsabilidad por sus actos. Evita que tengan fe para actuar a fin de que cambie su vida y sus circunstancias.

La vida cristiana, en cambio, es superar obstáculos, sobreponerse a las circunstancias y no permitir que los desafíos y reveses dicten el curso de nuestra vida y el estado de nuestra mente y corazón. La vida cristiana consiste en convertir los escollos en peldaños. Se trata de sanar el cuerpo, el corazón y la mente por medio de la fe, y de alcanzar la plenitud gracias al perdón y el amor del Señor. Por medio de la Palabra de Dios, podemos librarnos de la esclavitud del resentimiento, la infelicidad y el trauma del pasado. Por la gracia de Dios, los problemas del pasado quedan enterrados y son remplazados por el proceso de la renovación y transformación de nuestra mente que Él lleva a cabo (Romanos 12:2).

Todos, hasta cierto punto, somos producto del ambiente en que vivimos y, como tales, hemos recibido influencias positivas y negativas. No hay nadie que haya vivido exclusivamente experiencias positivas. Todo el mundo ha enfrentado dificultades y sufrimientos causados por experiencias vividas, cuyos efectos en ciertos casos se dejaron sentir durante mucho tiempo. La buena noticia es que el Señor ha prometido fortalecernos y ayudarnos en toda dificultad o desafío que enfrentemos. Nuestras circunstancias —presentes o del pasado— no tienen por qué dominar nuestra vida en el plano emocional, ni en el mental ni en el espiritual.

El Señor y Su Palabra nos piden cuentas a cada uno por la forma en que reaccionamos ante las situaciones en que nos vemos. Dios ha dado a cada persona libre albedrío, libre determinación. Él nos pide constantemente a cada uno que tomemos decisiones acertadas y las medidas adecuadas. Al hacerlo, Su Espíritu nos dará poder, gracia y fuerzas.

Muy a menudo quienes saben lo que es tener dificultades y las han superado son los que luego demuestran ser capaces de ayudar a otras personas a tener el valor y la fe necesarios para superar las dificultades que tengan. Su ejemplo da esperanza a las personas de que es posible superar grandes obstáculos en la vida, sobreponerse a situaciones aparentemente imposibles e incluso triunfar frente a la desesperación. Nos inspiran a tener fe en que Dios obrará en nuestra vida y circunstancias y que todo redundará en bien para los que aman a Dios, como promete Su Palabra (Romanos 8:28).

Cuando Dios permite que suframos daño, que nos enfrentemos a pruebas o que experimentemos pérdidas, nunca deja que sea más de lo que podemos soportar, solo lo suficiente para sacar la dulzura y cambios valiosos y enseñanzas en nuestra vida (1 Corintios 10:13). Según lo que dice la Palabra de Dios, las pruebas que enfrentamos en la vida tienen por objeto fortalecernos. «Luego de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables» (1 Pedro 5:10).

Piensa en esto: Si no tuviéramos necesidad de vencer ninguna dificultad en la vida, terminaríamos satisfechos de nosotros mismos y no adquiriríamos la fortaleza de carácter que es fruto de bregar para superar dificultades. Además, probablemente nos resultaría difícil compadecernos de quienes pasan dificultades e identificarnos con ellos. «Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros» (2 Corintios 1:4).

Si no enfrentáramos problemas, dificultades y desafíos, podríamos perdernos el portentoso milagro que se produce cuando descubrimos lo mucho que necesitamos a Jesús y nos acercamos a Él. Tal vez nunca aprenderíamos que siempre se hallan fuerzas en Él cuando no tenemos a quién más recurrir. Quizá no experimentemos cómo Su gracia es suficiente y Su poder se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).

El apóstol Pablo nos revela el secreto para alcanzar satisfacción independientemente de nuestras circunstancias, pasadas o presentes. «He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir en la pobreza, y sé vivir en la abundancia. En todo lugar y en todas las circunstancias he aprendido el secreto de hacer frente tanto a la hartura como al hambre, tanto a la abundancia como a la necesidad. ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!» (Filipenses 4:11–13).

Dios desea que estemos llenos de gozo hasta desbordarnos (Juan 15:11). Podemos vivir esa alegría al alabarlo y honrarlo en los buenos momentos y en los tiempos de angustia. «Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).

Publicado por primera vez en 2003. Adaptado y publicado de nuevo en mayo de 2026.

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