mayo 11, 2026
[Christian Discipleship, Part 1: The Call]
Los evangelios cuentan la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús. También hablan de lo que Él enseñó a los que lo siguieron como discípulos. Los cuatro evangelios describen la relación y comunicación de Jesús con Sus seguidores y la evolución espiritual de estos últimos hasta llegar a comprender quién era Jesús, y los problemas que surgieron las veces en que estos malentendieron Sus enseñanzas.
En los evangelios encontramos una imagen general de discipulado. Con referencia a los discípulos de Jesús hay bastantes paralelismos en los evangelios; también algunas diferencias1. Por ejemplo, el Evangelio de Lucas habla de los doce discípulos a los que Jesús nombró apóstoles (Lucas 6:13), y también de un grupo más amplio de 72 discípulos, aparte de los doce, a los que no se menciona en los demás evangelios (Lucas 10:1). El Evangelio de Lucas también alude a la «multitud de los discípulos» que «gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto» (Lucas 19:37).
Los evangelios retratan a los discípulos como personas normales y corrientes, que se equivocaban, malentendían lo que Jesús decía, discutían entre sí y se comportaban de forma orgullosa o egoísta, pero que por otra parte se quedaron con Jesús cuando otros lo dejaron y con el tiempo llegaron a comprender que Él era el Mesías, el Hijo de Dios (Mateo 16:16).
En tiempos de Jesús, los varones judíos que deseaban honrar a Dios obedeciendo plenamente Su Palabra se hacían a veces discípulos de rabinos. Para ello era preciso que escogieran a un rabino de quien aprender y a quien servir; de esa manera entablaban con él una relación discípulo-maestro. Sin embargo, con Sus discípulos, Jesús invirtió el procedimiento habitual, ya que Él los escogió.
Saliendo Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado en el banco de los tributos públicos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió (Mateo 9:9).
Les dijo: «Venid en pos de Mí, y os haré pescadores de hombres» (Mateo 4:19).
No me elegisteis vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en Mi nombre, Él os lo dé (Juan 15:16).
Aunque Jesús escogió y llamó a Sus discípulos, fueron ellos quienes respondieron a Su llamado. Observamos esto en el caso de los hermanos Simón (Pedro) y Andrés, los cuales «dejando al instante sus redes, lo siguieron», y Jacobo y Juan, que «dejando a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros, lo siguieron»(Marcos 1:17–20).
La aceptación del llamado para ser discípulos produjo un cambio importante en su estilo de vida, como dijo Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, este la salvará» (Lucas 9:23,24). Cuando Jesús estuvo en la Tierra, ser discípulo significaba ser ante todo leal a Cristo.
Dicha lealtad adoptó diversas formas en los evangelios. Jesús pidió a los doce apóstoles, y también a otros discípulos Suyos, que dejaran su profesión, sus bienes y su familia para acompañarlo en Su ministerio.
Si bien a todos los discípulos se les exigía que tuvieran en cuenta el costo del discipulado, el llamamiento para seguir a Jesús de ciudad en ciudad no era para todos. Eso se aprecia, por ejemplo, en el pasaje sobre el hombre que, después de haber sido liberado por Jesús de un demonio, le suplicó que le permitiera seguirlo como discípulo. La respuesta que Él le dio fue: «“Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido misericordia de ti”». Luego leemos que él «se fue y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban» (Marcos 5:18–20). Obedeció a Jesús y tuvo éxito predicándolo, por lo que se comportó como un discípulo sin acompañar a Jesús en Sus viajes.
José de Arimatea se hizo discípulo en algún momento, pero por lo visto siguió formando parte de la clase dirigente religiosa. En los evangelios se señala que él era un «miembro noble del Concilio» (Marcos 15:43) y «un hombre rico» (Mateo 27:57) […] también «era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos» (Juan 19:38). Mostró su lealtad como discípulo cuando fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús y luego lo puso en su sepulcro. Incluso en tiempos de Jesús, la definición de discipulado no siempre incluyó que las personas abandonaran su trabajo, su hogar y su familia.
En los evangelios está claro que los discípulos distaban mucho de ser perfectos. Con frecuencia no entendían las enseñanzas de Jesús. También se observa que, con el transcurso del tiempo, cada vez fueron comprendiendo más. Dice que, a pesar de las debilidades de los discípulos, Jesús les enseñaba y corregía, con lo que se fortalecieron y fueron capaces de ganar otros discípulos y divulgar el evangelio por todo el mundo de su época.
En el libro de los Hechos, Lucas habla de «creer en Jesús» y de «seguir a Jesús» con el significado de «ser discípulo». Se dice que Pablo llegó a Éfeso y que «hallando a ciertos discípulos», cuando se les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo al creer en Cristo, ellos respondieron: «Ni siquiera habíamos oído que hubiera Espíritu Santo»(Hechos 19:1,2). Esos creyentes en Jesús (llamados discípulos en este contexto) todavía no habían oído hablar del Espíritu Santo.
Dice también que, después de predicar en varias ciudades, Pablo y Bernabé regresaron a ellas «confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos a que permanecieran en la fe y diciéndoles: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”» (Hechos 14:22,23). Aquí se observa de nuevo que a los creyentes se los llama discípulos. En la última parte del libro de los Hechos y en las epístolas se observa que los creyentes son llamados «la iglesia», y con el tiempo, se los llamó cristianos (Hechos 11:26).
En diversos lugares en los evangelios, también leemos que entre Sus discípulos había mujeres y que algunas lo acompañaban en Sus viajes (Lucas 8:1,2). Esas mujeres lo siguieron cuando fue a Jerusalén, presenciaron Su crucifixión y fueron las primeras en llegar al sepulcro vacío después de Su resurrección. En el libro de los Hechos se menciona a mujeres que desempeñaban funciones importantes dentro de la iglesia. Al hablar de una discípula llamada Tabita, se utiliza la palabra discípulo en su forma femenina, lo cual reafirma que tanto los hombres como las mujeres eran considerados discípulos (Hechos 9:36).
Cuando reconocemos que ser cristianos es sinónimo de ser discípulos de Jesús, nos damos cuenta de que las enseñanzas de Jesús para el discipulado se aplican a todos los creyentes. No son solo pautas para las personas que han sido llamadas a consagrarse totalmente a servir a Cristo, como los misioneros, propagadores, sacerdotes y predicadores. Las palabras de Jesús van dirigidas a todos los creyentes; todos hemos sido llamados a creerlas y aplicarlas.
Muchas instrucciones de Jesús a Sus seguidores son muy exigentes, como las enseñanzas de Jesús acerca de negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz cada día, seguir Sus pisadas y adecuar nuestra actitud frente a las riquezas materiales. En el Evangelio de Juan se habla de algunos discípulos que siguieron a Jesús por un tiempo y terminaron dejándolo después de unas declaraciones Suyas que les costó aceptar. «Al oír esto, muchos de Sus discípulos dijeron: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?”»[…] «Desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con Él» (Juan 6:60, 66).
Si bien en un principio se habían comprometido hasta cierto punto, en ese momento lo abandonaron. La expresión «volvieron atrás» indica que regresaron a lo que habían dejado. Se apartaron de la senda del discipulado.
Para los muchos que creyeron en Jesús y lo siguieron cuando estuvo en la Tierra y posteriormente, el llamado a ser discípulos —a tener fe en Él y atreverse a vivir Sus enseñanzas— les exigió bastante a nivel personal. Seguir a Jesús requería compromiso, dedicación y abnegación, y Él dejó eso bien claro en lo que predicó y enseñó.
Una de esas enseñanzas se encuentra en el evangelio de Lucas, donde menciona a tres aspirantes a discípulos. Dos de ellos expresan el deseo de convertirse en seguidores de Jesús; el tercero es llamado por Jesús. «Yendo por el camino, uno le dijo: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas”. Jesús le dijo: “Las zorras tienen guaridas y las aves de los cielos nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza”»(Lucas 9:57–58).
No dice cómo reaccionó esa persona ante el comentario de Jesús, pero el mensaje está claro: la fe en el Señor y la decisión de vivir para Él entrañan sacrificios.
«Dijo a otro:“Sígueme”. Él le respondió: “Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre”. Jesús le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú vete a anunciar el reino de Dios”»(Lucas 9:59,60).
Jesús pidió a ese hombre que lo siguiera; y a diferencia de algunos de Sus discípulos, que al instante dejaron sus redes, su barca y su trabajo y lo siguieron, este buscó cumplir una obligación familiar antes de seguir a Jesús. Vista la importancia de sepultar a los padres, lo más probable es que el padre del hombre no se acabara de morir2. Lo que el hombre estaba diciendo era que tenía que aplazar la decisión de seguir a Jesús hasta haber cumplido su obligación para con su padre, por tanto tiempo como siguiera viviendo su padre, posiblemente años o decenios.
El propósito del pasaje no era restar valor a las obligaciones o relaciones familiares. En otras ocasiones Jesús llamó la atención a los fariseos por no honrar a sus padres (Mateo 15:3–9). Aquí Él más bien hace hincapié en el hecho de que para seguirlo es necesario dar prioridad a Dios y Su reino y por tanto reevaluar nuestros afectos anteriores. No significa que nuestras demás lealtades —para con nuestra familia, nuestros amigos y nuestras obligaciones— carezcan de importancia, sino que nuestro compromiso con Cristo tiene primacía sobre todo lo demás.
En estos ejemplos, se nos enseña que el llamado al reino de Dios debe tener prioridad. La decisión de ser discípulos —de creer y aplicar las enseñanzas de Jesús y tener como objetivo andar con Dios— nos compromete a reorientar nuestra vida a fin de que esté alineada con lo que Dios considera prioritario.
Publicado por primera vez en septiembre de 2017. Adaptado y publicado de nuevo en mayo de 2026.
1 Los distintos puntos de este artículo son un resumen de la sección «Discipleship», de M. J. Wilkins, de la obra Dictionary of Jesus and the Gospels (ed. Joel B. Green y Scot McKnight. InterVarsity Press, 1992), 182–188.
2 Bailey, Kenneth E.: Jesús a través de los ojos del Medio Oriente, Grupo Nelson, 2012.
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