Las pequeñeces y lo que realmente importa

abril 29, 2026

Christian

[Little Things and What Truly Matters]

Últimamente he reducido bastante el ritmo de mi vida y, al hacerlo, estoy aprendiendo a detenerme para notar las pequeñeces que me suceden con regularidad y reflexionar sobre ellas. Ha sido como tener «un ojo más». Es difícil precisar cuándo empezó esto o incluso si siempre fue parte de mi vida, pero ha sido un cambio significativo para mí, ya que en el pasado siempre fui una persona muy centrada en el trabajo.

Hace unos días tuve que llevar unas prendas a una costurera que tiene una tiendita en nuestra zona. La fui a ver entre citas, y mientras me dirigía allí, oí la voz del Señor que me dijo: «Pregúntale cómo está y escucha». Eso hice.

Gracias a esto me contó que había estado padeciendo un dolor incesante en ambas rodillas durante los últimos meses. Añadió: «Está cada vez peor».Tiene sesenta y tantos años y, aunado a la falta de ejercicio y las largas horas que pasa sentada ante su máquina de coser, algo se había roto y ambos meniscos se habían desgarrado.

Hablamos. Yo escuché. Terminé la conversación diciéndole: «A veces suceden cosas que nos ayudan a darnos cuenta de lo frágiles que somos como seres humanos y de lo mucho que realmente necesitamos la ayuda y la curación que nos ofrece nuestro Padre. Rezaremos por ti».

Le hablé a mi esposa de esa mujer y decidimos ir juntos a verla para que Cristina pudiera hablar con ella y darle consejos prácticos y apoyo espiritual, lo cual agradeció mucho. Vi la mano de nuestro Padre en lo que le había pasado a mi ropa, lo que creó una oportunidad para que pudiéramos enterarnos de su dolor y su dificultad y brindarle un poco de alivio; sobre todo la certeza de que es querida y valorada. También me enseñó lo importante que es estar presente y no tener una «agenda» estricta.

Como hijo de Dios, como Su embajador, mi vocación es siempre la prioridad: estar ahí para las almas que Él pone en mi camino, sin importar qué esté haciendo. Ese es el propósito principal de mi existencia.

Tengo la bendición de que mi hijo Patrick (22 años) sigue viviendo con nosotros. De vez en cuando, lo llevo a su parada de metro y desde ahí se va al trabajo. Nos da la oportunidad de pasar un rato juntos, y aunque algunas mañanas me apetece dormir más, espero con ilusión esos 15 minutos. No siempre hablamos, a veces solo intercambiamos unas breves palabras, pero significa mucho para los dos. Esta es una confirmación más de que la vida se vive en el momento presente, en cada instante.

De camino a casa, a veces compro pan para nuestro equipo. Valoro y espero con ilusión los pocos minutos que puedo conversar e intercambiar palabras amables y edificantes con la señora del mostrador, con el hombre de Bali que trabaja allí e incluso con otros clientes que esperan a ser atendidos. Me doy cuenta de que les alegra verme; se sienten valorados y que son importantes, porque lo son. De vez en cuando, les dejo una copia de la revista Conéctate, y les recomiendo algunos artículos que me inspiraron.

Además, siempre me paso un momento por la florería de al lado para saludar a la señora que trabaja allí. Intercambiamos unas palabras y, por lo general, le dejo una copia de la última revista Conéctate.

Esta mañana, mientras volvía a mi coche, me detuve para intercambiar unas palabras con una pareja de mediana edad que empujaba un cochecito. Nunca los había visto. Percibí que sus mentes estaban llenas de pensamientos y de listas de tareas pendientes, pero de pronto, espontáneamente, iniciamos una conversación, sonriendo y compartiendo unas palabras alentadoras de nuestro Padre. Esto les hizo volver por unos minutos al momento presente, a lo que realmente importa. Les dije: «Cuando miran a su hijo, es como ver un adelanto del cielo». Dio la impresión de que la paz había llenado sus almas por un instante y sonrieron.

Conduciendo de vuelta a casa me sentí como que flotaba en una nube de paz. En ese momento me vino a la mente una historia de la vida de San Francisco:

San Francisco de Asís un día dijo a varios de sus seguidores: «Vayamos al pueblo del otro lado y prediquemos». Mientras iban, se encontraron con un humilde peatón que estaba muy apesadumbrado. Francisco no tenía prisa y lo escuchó atentamente mientras le hablaba de su desdicha.

Cuando llegaron al pueblo, Francisco habló con los comerciantes, dedicó tiempo a los agricultores en sus puestos de frutas y verduras, y jugó con los niños en las calles. De regreso se encontraron con un granjero con una carga de heno, y Francisco pasó un tiempo con él. Al terminar la mañana, el grupo llegó al monasterio desde donde habían partido a primera hora.

Uno de los seguidores, que estaba muy decepcionado, le dijo a Francisco: «Hermano Francisco, dijiste que ibas a predicar. Se fue la mañana y no diste ningún sermón».

Y el santo Francisco respondió: «Pero hemos estado predicando todo el camino».

Casi toda mi vida estuve orientado y centrado en mis logros; la realización de obras y proyectos, la enseñanza, testificar y estar en el frente de batalla. No tiene nada de malo y, sin duda, estas actividades tienen su espacio y su momento, pero a medida que envejezco me doy cuenta del desequilibrio que tuve en mi vida, lo que me llevó a descuidar algunas cosas que también eran importantes. Me recuerda lo que Pablo escribió en su carta a la iglesia de Corinto: «Mas yo os muestro un camino aún más excelente» como preludio al «Capítulo del amor» (1 Corintios 12:31–13:3).

Esta reflexión surgió porque cada vez me doy más cuenta de que en la vida no solo debemos aspirar a grandes logros, sino también disfrutar momentos de calma que a menudo pasan desapercibidos, comprender lo que de verdad tiene importancia, estar presente, atento y disponible para las personas que Dios pone en mi camino. Estoy redescubriendo que mi llamado principal no es hacer cosas para Dios sino ser Su amor para el mundo.

El dicho: «En la vida lo importante no es el destino, sino lo que vivimos y aprendemos en el camino» se ha convertido para mí en algo más que un tópico. Es algo en lo que creo de verdad, y que manifiesto por la forma en que vivo mis días, centrándome menos en mis objetivos y metas y tomando más conciencia del propio recorrido y la experiencia, el momento inmediato, el presente, para no perder de vista lo que realmente importa.

Copyright © 2026 The Family International