La conversión de un procónsul romano

abril 1, 2026

Tesoros

[The Conversion of a Roman Proconsul]

Nos encontramos aproximadamente en el año 45 d.C. Las fronteras del Imperio Romano, defendida por sus legiones, se extienden a lo largo del mundo, abarcando desde la Gran Bretaña hasta Persia. Roma —la llamada «ciudad eterna» por el poeta romano Albio Tibulo en el siglo I a. C.—, sede de toda autoridad y hogar de los césares, ejerce pleno dominio del mundo.

Quince años atrás, un carpintero aparentemente insignificante llamado Jesús de Nazaret —que afirmaba ser el Hijo de Dios—, dio inicio a una revolución religiosa en la lejana provincia romana de Palestina. Su movimiento, no obstante, pareció llegar a su fin cuando Jesús fue arrestado y condenado a morir crucificado, una sentencia típica entre los romanos. Aquel incidente no tardó en olvidarse y la Roma imperial, con todo su esplendor y su decadente gloria, continuó con su indiscutido dominio del mundo.

Nuestro relato tiene lugar en Chipre, un lugar clave en el Nuevo Testamento. Chipre era el hogar de Mnasón, de quien se dice era un «discípulo antiguo» y probablemente uno de los primeros conversos en Pentecostés (Hechos 21:16). El apóstol Bernabé también era natural de Chipre (Hechos 4:36).

Cuando se desató la persecución en Jerusalén, el libro de los Hechos relata que muchos cristianos se dispersaron desde Jerusalén, y algunos «pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la Palabra, sino solo a los judíos» (Hechos 11:19). Algunos de los creyentes de Chipre que habían ido a Antioquía (en Siria), empezaron a anunciar el evangelio a los griegos, «hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús… y un gran número creyó y se convirtió al Señor» (Hechos 11:20-21).

El apóstol Pablo hizo su primer viaje misionero a Chipre con Bernabé y Juan Marcos. Navegaron desde Siria a Salamina en el este de Chipre, donde predicaron en la sinagoga (Hechos 13:4-5). Y atravesando toda la isla llegaron a la ciudad de Pafos en el oeste (Hechos 13:6).

Fue en ese momento crucial de la historia cuando Sergio Paulo ocupaba el cargo de procónsul de la isla de Chipre, el cargo de mayor rango en esta provincia senatorial de Roma. En virtud de su cargo, tenía acceso a todas las comodidades, lujos y placeres materiales que pudiera desear. Así y todo, no se sentía satisfecho y buscaba la verdad más allá del imperialismo y materialismo de su época.

Sergio era un hombre inteligente y culto, y había llegado a la conclusión de que los dioses y ceremonias religiosas romanas no tenían ningún sentido; no eran más que supersticiones. En su búsqueda de la verdad espiritual había empezado a escuchar a un falso profeta judío, un tal Barjesús (Hechos 13:6). Este hombre también era conocido como «Elimas», que quiere decir «el mago». En la antigüedad, la magia se practicaba para curar enfermedades, atraer bendiciones físicas, maldecir o hacer daño a los demás, y también se recurría a los magos para predecir el futuro.

Sergio no podía negar que Elimas poseía cierto poder espiritual. Aun así, el gobernador no hallaba paz.

—¿Cuál será la verdad? —se preguntaba.

Fue en ese momento cuando se enteró de que unos hombres que predicaban la Palabra de Dios habían estado recorriendo Chipre y habían llegado a Pafos. Se había corrido la voz de que esos hombres hablaban del renacimiento espiritual y del camino hacia la vida eterna. Interesado en saber más, Sergio convocó a esos forasteros a una audiencia en su corte para poder escuchar la Palabra de Dios (Hechos 13:7).

Al día siguiente, una súbita interrupción lo apartó de sus pensamientos. Uno de sus asistentes le informó de que los hombres a los que había mandado llamar habían llegado. Sergio abandonó la terraza y entró en su residencia para recibirlos. Tres judíos, Bernabé, su sobrino Juan Marcos y Pablo de Tarso lo saludaron y se presentaron. Sergio le dio una cálida bienvenida a su buen amigo y consejero, Elimas el mago, que también acababa de llegar.

Tras llenar la mesa con exquisitos manjares y vino seco de Chipre, empezar a platicar. Sergio se llevó una grata sorpresa al enterarse de que no solo era Pablo ciudadano romano, sino que Bernabé era natural de Chipre. Dijo entonces Sergio:

—He oído mucho acerca de su religión y que, hace poco más de un año, el rey Herodes ejecutó a uno de sus dirigentes y mandó encarcelar a otros, ¿no es cierto? (Hechos 12:1-4). Por aquella época escuché toda suerte de informaciones maliciosas sobre ustedes, pero no sabía muy bien qué creer. Al enterarme poco después de la muerte de Herodes comido de gusanos, comencé a preguntarme si no sería un castigo del Dios de ustedes (Hechos 12:20-23). Por otro lado, en todas partes se habla en contra de su secta (Hechos 28:22).

Pablo respondió:

—En una época yo también detestaba tanto a los cristianos que instigué contra ellos una persecución por toda aquella región del Imperio. Me oponía tan rotundamente a ellos que incluso los perseguía en ciudades extranjeras. Allanaba sus hogares y encerré en cárceles a hombres y mujeres. No solo pretendía obligarlos a blasfemar el nombre de Cristo y renegar de su fe, ¡sino que incluso mandé a algunos a la muerte! (Hechos 26:9-11).

—¡Increíble! —Sergio exclamó—. Y hoy en día eres el cabecilla de esta secta. ¿Cómo se llaman ustedes?

Elimas exclamó con sarcasmo:

—¡Se llaman «la secta de los nazarenos»! (Hechos 24:5).

—Nosotros preferimos que se nos llame cristianos (Hechos 11:26) —repuso Bernabé.

AL comenzar Pablo a relatarle su milagrosa conversión al cristianismo camino de Damasco, Elimas notó con qué interés escuchaba Sergio sus palabras. Consciente de que si su amigo, el gobernador, llegase a convertirse al cristianismo ya no haría caso de sus consejos, Elimas, llenó de envidia, montó en cólera. Furibundo, interrumpió la conversación y empezó a contradecir a Pablo y Bernabé, hablando de todas las acusaciones y mala propaganda que había oído sobre su movimiento.

Sergio Paulo estaba confuso. Le interesaban las doctrinas del amor y la verdad de Dios de aquellos cristianos, y sin embargo, desde hacía ya tiempo Elimas era su fiel consejero con quien mantenía una estrecha amistad. ¿A quién debía creer?

Mas al ver Pablo que Elimas pretendía apartar de la fe al gobernador, el Espíritu Santo vino sobre él con gran poder y autoridad, y reprendió al mago diciendo:

—¡Eres enemigo de toda justicia! Estás lleno de toda suerte de engaño y mentiras. ¿Cuándo cesarás de trastornar los caminos del Señor? La mano del Señor está contra ti y serás ciego por un tiempo (Hechos 13:10-11).

Inmediatamente después, Elimas gritó que había caído sobre él un manto de oscuridad y empezó a tropezar por todas partes buscando quien lo condujese de la mano. Tal fue el asombro de Sergio ante aquella demostración del poder de Dios que se convenció de que Pablo y Bernabé le habían estado diciendo la verdad y creyó sus enseñanzas sobre el Señor. Ese día, el procónsul romano pidió a Jesucristo que entrase en su vida y lo transformase en un hombre nuevo, y se convirtió al cristianismo (Hechos 13:12).

Sergio Paulo no se despojó de sus vestiduras reales para unirse a Pablo y Bernabé en sus viajes misioneros, pero resolvió hacer todo lo que podía: emplearía su poder y autoridad como gobernador para difundir el cristianismo por toda la isla de Chipre, y además protegería a los pequeños grupos de cristianos que Pablo y Bernabé ya habían iniciado a lo largo y ancho de la isla desde Salamina a Pafos, que era la sede del gobierno de Roma en la isla. Si bien Pablo, Bernabé y Juan Marcos luego abandonaron Chipre para seguir pregonando el Evangelio en otras regiones (Hechos 13:13), Bernabé y Juan Marcos no tardaron en regresar a Chipre para presenciar el crecimiento de la iglesia mientras el cristianismo florecía en la región con el favor y la protección de Sergio Paulo.

Aunque el Nuevo Testamento no detalla la vida de Sergio Paulo luego de su conversión, su historia en los Hechos es significativa, ya que es el primer relato de un funcionario romano que se convierte al cristianismo. También fue el primer gentil del que se tiene constancia en el libro de los Hechos en convertirse tras la visita a Chipre de Pablo y Bernabé. La conversión al cristianismo de un alto funcionario romano como Sergio Paulo habría tenido un gran impacto en la difusión del cristianismo en la región. Al ser un hombre influyente, su nueva fe podría haber abierto las puertas a la evangelización en toda la isla y haber dado credibilidad al mensaje cristiano.

Tomado de una serie de relatos dramatizados de la Biblia publicada por la Familia Internacional en 1987. Adaptado y publicado de nuevo en abril de 2026.

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