La resurrección de Jesús (2ª parte)

marzo 30, 2026

Peter Amsterdam

[The Resurrection of Jesus—Part 2]

Habiendo visto resucitado a Jesús, las mujeres siguieron Sus instrucciones y fueron a decirles a los discípulos que estaba vivo. El Evangelio de Lucas explica que los discípulos no creyeron lo que les transmitieron las mujeres, pues «a ellos les parecían locura las palabras de ellas» (Lucas 24:10,11).

«Pedro, sin embargo, levantándose, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro vio solo los lienzos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido»(Lucas 24:12). Aunque los discípulos no creyeron, Pedro fue al sepulcro de todos modos, examinó la situación y volvió a casa maravillándose.

Lucas relata acontecimientos en torno a dos discípulos, que no eran de los once apóstoles, y que estaban viajando. Posiblemente regresaban a su casa.

Dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. Hablaban entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Y sucedió que, mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Pero los ojos de ellos estaban velados, para que no lo reconocieran (Lucas 24:13–16).

Esta es la única mención de Emaús en las Escrituras, por lo que no se sabe bien dónde estaba. Mientras iban, los dos discípulos se pusieron a hablar de los últimos sucesos. Habían sido días difíciles. Jesús había sido detenido, condenado a muerte, colgado de una cruz y sepultado; pero a los tres días, el sepulcro estaba vacío. Como se iban de Jerusalén, quizá se dirigían a su casa para retomar su vida anterior.

Pero sucedió algo inesperado. Mientras iban hablando de todo lo ocurrido, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos, aunque no fueron capaces de reconocerlo. En el Evangelio de Juan se da una situación similar, en que los discípulos de Jesús no reconocieron a Cristo resucitado, pues «se presentó Jesús en la playa, pero los discípulos no sabían que era Jesús» (Juan 21:4). María Magdalena tampoco reconoció inicialmente a Cristo resucitado. «Se volvió y vio a Jesús que estaba allí; pero no sabía que era Jesús » (Juan 20:14).

Jesús entabló una conversación con los dos discípulos que iban caminando.

Él les dijo: «¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?» Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: «¿Eres Tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?» (Lucas 24:17,18).

A Cleofas le sorprendió bastante la pregunta de Jesús. Le costaba creer que alguien que viniera de Jerusalén no supiera lo que había sucedido los últimos días, ya que el juicio y la crucifixión de Jesús habían tenido lugar a la vista de todos.

Entonces Él les preguntó: «¿Qué cosas?» Y ellos le dijeron: «De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo lo entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y lo crucificaron. Pero nosotros esperábamos que Él fuera el que había de redimir a Israel. Sin embargo, además de todo, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido» (Lucas 24:19–21).

Cleofas y el otro discípulo habían creído en Jesús y habían depositado muchas esperanzas en Él y en Su ministerio. Sin embargo, después de todo lo ocurrido con Su arresto y crucifixión estaban desilusionados. A pesar de que Jesús, durante Su ministerio, hizo portentos y hasta resucitó muertos, sufrió el rechazo de los principales sacerdotes y los gobernantes, que fueron los responsables de que fuera sentenciado a muerte, ya que lo entregaron a los romanos para ser crucificado.

Habían pasado tres días desde la crucifixión de Jesús, los tres días que Él había predicho a lo largo de los evangelios (Lucas 9:21–22; Mateo 20:17–19).

Los dos discípulos resumieron así lo que Lucas describe en la primera parte de este capítulo: que las mujeres fueron al sepulcro y se encontraron con que Jesús no estaba allí:

Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las cuales antes del día fueron al sepulcro; como no hallaron Su cuerpo, volvieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que Él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a Él no lo vieron (Lucas 24:22–24).

En su resumen mencionaron el sepulcro vacío, la aparición de los ángeles y el mensaje de que Jesús estaba vivo. Sin embargo, dijeron que los discípulos que habían ido al sepulcro lo habían encontrado vacío; no vieron a Jesús. Jesús respondió a su relato diciéndoles: «¡Insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en Su gloria?» (Lucas 24:25,26.)

Al decirles a los dos discípulos que eran «insensatos y tardos de corazón para creer», Jesús se refería a que no comprendían algo evidente. Jesús señaló que había muchas enseñanzas del Antiguo Testamento sobre el tema, ya que se refirió a «todo» lo que los profetas habían dicho. Hizo hincapié en algo que los dos discípulos deberían haber sabido por las Escrituras: que era necesario que Cristo sufriera y entrara en Su gloria, como dice el libro de Isaías (Isaías 53:5–7).

«Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían» (Lucas 24:27). Jesús continuó explicando a Cleofas y al otro discípulo, cuyo nombre no se menciona, lo que todas las Escrituras (el Antiguo Testamento) decían sobre el Mesías prometido, Jesús.

Cuando Jesús y los dos discípulos llegaron a la aldea de Emaús, Jesús hizo como si fuera a seguir caminando, quizás hasta el siguiente pueblo. Como ya era tarde y pronto oscurecería, los discípulos le instaron a quedarse con ellos. Jesús accedió «y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertoslos ojos y lo reconocieron; pero Él desapareció de su vista» (Lucas 24:28–31).

Cuando los dos discípulos se sentaron a la mesa con Jesús, todavía no sabían quién era. Una vez que «les fueron abiertos los ojos y lo reconocieron», Él desapareció. Los Evangelios hablan de que, después de Su resurrección, Jesús se apareció en varias ocasiones a los creyentes y luego desapareció. (V. Lucas 24:36; Juan 20:19.)

Después de que Jesús desapareció, los dos discípulos se decían el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino y cuando nos abría las Escrituras?» (Lucas 24:32). Una vez que los dos discípulos se dieron cuenta de que Jesús había estado con ellos, con gran emoción expresaron la impresión que Su presencia y Sus palabras habían causado en ellos.

Levantándose en esa misma hora, volvieron a Jerusalén; y hallaron a los once reunidos y a los que estaban con ellos, que decían: «Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón». Entonces ellos contaron las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan (Lucas 24:33–35).

Los dos discípulos quisieron comunicar la noticia de que habían visto a Jesús, así que dieron marcha atrás y emprendieron el regreso a Jerusalén. Pero antes de que tuvieran oportunidad de contar lo que les había sucedido, se supo otra noticia. Les dijeron: «Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón».

Mientras aún hablaban de los dos encuentros con Cristo resucitado, «Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: “¡Paz a vosotros!”» Los apóstoles y los demás que estaban con ellos se sorprendieron y asustaron, pensando que veían un fantasma (Lucas 24:36–37). Para calmarlos, Jesús les hizo dos preguntas.

«¿Por qué estáis turbados y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad Mis manos y Mis pies, que Yo mismo soy. Palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que Yo tengo».Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies (Lucas 24:38–40).

Jesús les dijo a los discípulos que le miraran las manos y los pies, para que vieran las heridas que le habían quedado tras Su crucifixión. Este pasaje, al igual que uno del libro de Juan (Juan 20:25), demuestra que Jesús fue clavado a la cruz, no solo atado a ella. Jesús no solo los animó a mirar Sus heridas, sino también a tocarlo, pues quería que comprobaran que tenía un cuerpo de carne y hueso y no era un espíritu incorpóreo.

Pero como todavía ellos, de gozo, no lo creían y estaban maravillados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Entonces le dieron un trozo de pescado asado y un panal de miel. Él lo tomó y comió delante de ellos(Lucas 24:41–43).

Al pedir algo de comer y sentarse a la mesa con ellos para compartir la comida, Jesús demostró que no era un fantasma ni ningún tipo de aparición. Es también prueba de que Jesús realmente resucitó. Se les apareció, habló con ellos y comió con ellos. No quedó duda alguna sobre Su resurrección.

Luego les dijo: «Estas son las palabras que os hablé estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de Mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos»(Lucas 24:44). Al decir «las palabras que os hablé», Jesús no se refería a Sus enseñanzas en general, sino a aquellas sobre Su muerte y resurrección.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras; y les dijo: «Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día; y que se predicara enSu nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén»(Lucas 24:45–47).

Gracias a las explicaciones de Jesús, los discípulos entendieron mejor las enseñanzas de las Escrituras sobre Su muerte y resurrección, mientras que antes les costaba asimilarlas por el hecho de que algunas cosas les estaban veladas o encubiertas (Lucas 9:45, 18:34).

Otra observación que hace es «que se predicara en Su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones». Aquí se presenta cuál será el plan de Dios en el futuro: El mensaje de arrepentimiento y perdón debe proclamarse en todas partes. Jesús les indicó que comenzaran su misión en Jerusalén y luego la fueran ampliando, con el fin de llevar el evangelio al mundo entero.

Jesús continúa diciendo: «Vosotros sois testigos de estas cosas» (Lucas 24:48). Los discípulos fueron testigos oculares de la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús. Se les encargó que divulgaran su experiencia personal con Cristo resucitado. Su misión era proclamar el mensaje en todas las naciones, como actualmente es la misión de Sus discípulos. Nosotros, como seguidores de Jesús, también somos llamados a ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15).

Publicado por primera vez en julio de 2022. Adaptado y publicado de nuevo en marzo de 2026.

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