La resurrección de Jesús (1ª parte)

marzo 23, 2026

Peter Amsterdam

[The Resurrection of Jesus—Part 1]

A lo largo de Su ministerio, Jesús predijo Su muerte y resurrección. Leemos en el Evangelio de Marcos que Jesús «comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del hombre padecer mucho, ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, ser muerto y resucitar después de tres días» (Marcos 8:31). Aunque las palabras de Jesús nos parecen ahora bastante claras, ciertos hechos muestran que los discípulos no captaron del todo a qué se refería.

Los cuatro evangelios hablan de las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús el domingo por la mañana temprano. El de Lucas explica que, tras haber visto el sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús, «al regresar, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento» (Lucas 23:56). El de Marcos cuenta que, «cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo» (Marcos 16:1). Al terminar el día de reposo (al anochecer del sábado), se entiende que las tiendas volvieron a abrir, y las mujeres pudieron adquirir las especias necesarias para ungir el cuerpo de Jesús.

Los cuatro Evangelios mencionan que la gran piedra que tapaba la entrada del sepulcro en el que habían puesto a Jesús el viernes fue movida. El libro de Mateo proporciona detalles adicionales:

De pronto hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. De miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos (Mateo 28:2–4).

Solo el Evangelio de Mateo señala que en ese momento hubo un terremoto. Dice que se produjo porque un ángel del Señor vino del Cielo y movió la piedra.

Aparte de que la piedra había sido retirada, todos los Evangelios mencionan la presencia de seres celestiales dentro o cerca del sepulcro. Mientras que el Evangelio de Mateo habla de un ángel del Señor, el de Lucas dice: «Entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes» (Lucas 24:3,4).

El Evangelio de Mateo dice que los que custodiaban el sepulcro vieron al ángel del Señor: «De miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos» (Mateo 28:2–4). Los guardas que estaban allí para custodiar al muerto (Jesús) cayeron desmayados como muertos en presencia del ángel. En cambio, el muerto había resucitado.

Leemos en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas que el ángel o los ángeles hablaron con las mujeres y les dijeron que no tuvieran miedo. Luego les comunicaron la buena noticia de que Jesús había resucitado.

El ángel dijo a las mujeres: «No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor» (Mateo 28:5,6). (V. también Marcos 16:5,6; Lucas 24:5–8.)

Se nos dice que las mujeres recordaron las palabras de Jesús sobre Su crucifixión y Su resurrección al tercer día. Volvieron y contaron esas cosas a los apóstoles, y ellos no lo creyeron (Lucas 24:8–11).

En el Evangelio de Juan, el relato se centra en María Magdalena. Al ver que habían retirado la piedra de la entrada del sepulcro, lo primero que hizo María Magdalena fue correr a la ciudad y contarles a Pedro y al otro discípulo (probablemente Juan) que alguien se había llevado del sepulcro el cuerpo de Jesús. «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto» (Juan 20:1,2).

Cuando Pedro entró en el sepulcro «vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó, pues aún no habían entendido la Escritura: que era necesario que Él resucitara de los muertos» (Juan 20:3–10).

Los discípulos volvieron a sus hogares. Cuando ellos se fueron, «María estaba fuera llorando junto al sepulcro; […] se inclinó para mirar dentro del sepulcro, y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” Les dijo: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”» (Juan 20:11–13).

Los cuatro evangelios (así como el libro de los Hechos) narran que Jesús se apareció a Sus discípulos (tanto mujeres como hombres) después de Su resurrección. En el de Mateo, cuando unas discípulas fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús, se encontraron con la tumba vacía. Les salió al encuentro un ángel que les indicó que fueran a decirles a los apóstoles que Jesús estaba vivo y que iba a Galilea, donde lo verían (Mateo 28:6,7).

Las mujeres, después de que el ángel les encargó que les dijeran a los discípulos que Jesús estaba vivo, «saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a Sus discípulos» (Mateo 28:8). El hecho de que las mujeres salieran «con temor» muestra que estaban conmocionadas por la visita del mensajero celestial.

Tras haber visto a un ángel y haber recibido un mensaje para los discípulos, entonces las mujeres se toparon de camino con el propio Jesús resucitado.

Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Salve!» Y ellas, acercándose, abrazaron Sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: «No temáis; id, dad las nuevas a Mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán» (Mateo 28:9,10).

Cuesta imaginarse la alegría y el asombro que sintieron al ver a Jesús resucitado. Al postrarse a Sus pies y adorarlo demostraron entender que era más que un simple hombre. También queda claro que el cuerpo de Jesús después de resucitar era un cuerpo de verdad, no una mera visión o aparición. Las mujeres comprendieron que Jesús era divino.

Jesús repitió la orden del ángel, «No temáis», y también sus instrucciones: «Id, dad las nuevas a Mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán».

En el Evangelio de Mateo, hay mujeres presentes en todos los momentos importantes de la muerte y resurrección de Jesús. Estuvieron presentes cuando murió en la cruz, fueron las primeras en ir al sepulcro y también las primeras en ver al Señor resucitado.

En el Evangelio de Mateo dice que mientras las mujeres se dirigían a donde estaban los discípulos para decirles que fueran a Galilea como les indicaron que hicieran, algunos de los guardias entraron en la ciudad y les contaron a los principales sacerdotes lo que había ocurrido (Mateo 28:11). Normalmente, los guardias acudían a sus superiores para comunicarles las incidencias; pero Poncio Pilato había puesto los guardias romanos a disposición de los dirigentes judíos, por lo que fueron a informar a estos (Mateo 27:64,65). Quizá se sintieron algo aliviados de no tener que informar a sus superiores romanos, ya que habrían tenido que confesar que no habían sabido impedir la extracción de un cadáver de un sepulcro que ellos estaban vigilando.

Al escuchar a los guardias, los principales sacerdotes y los ancianos resolvieron que lo mejor era sobornar a los guardias para que mintieran sobre lo ocurrido. El texto dice que «les dieron a los soldados una fuerte suma de dinero», y al aceptar el soborno, los soldados se comprometieron a mentir sobre lo que había sucedido (Mateo 28:12–14). En el ejército romano, dormirse estando de guardia era considerado un grave incumplimiento del deber, así que decirles a sus superiores que los discípulos vinieron de noche, mientras ellos dormían, y «hurtaron» el cuerpo era bastante arriesgado. Pero ante la gran suma de dinero que les ofrecieron, por lo visto les pareció que valía la pena arriesgarse. «Así que los soldados tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Esta es la versión de los sucesos que hasta el día de hoy ha circulado entre los judíos» (Mateo 28:15).

En el momento en que se escribió el Evangelio de Mateo (probablemente después del año 70 d.C.), el cuento de que los discípulos habían llegado de noche y robado del sepulcro el cuerpo de Jesús mientras los guardias dormían había estado circulando unos 35 años. A pesar de los intentos de ocultar la resurrección de Jesús, ya han transcurrido más de dos mil años y cada año en todo el mundo más de dos mil millones de personas celebran la Pascua de Resurrección.

Publicado por primera vez en junio de 2022. Adaptado y publicado de nuevo en marzo de 2026.

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