marzo 9, 2026
[The Story of Ruth—Part 2]
Al final del artículo anterior vimos que Booz le dijo a Rut que podía espigar en sus campos con plena libertad hasta que estuvieran del todo cosechados. Ella, pues, siguió trabajando en sus campos con las mujeres durante la cosecha de la cebada y la del trigo.
Un día le dijo su suegra Noemí: «Hija mía, ¿no debo buscarte un hogar para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas has estado? Esta noche él avienta la parva de las cebadas. Te lavarás, pues, te perfumarás, te pondrás tu mejor vestido, e irás a la era; pero no te presentarás al hombre hasta que él haya acabado de comer y de beber. Cuando se acueste, fíjate en qué lugar se acuesta, ve, descubre sus pies, y acuéstate allí; él mismo te dirá lo que debas hacer». Rut respondió: «Haré todo lo que tú me mandes»(Rut 3:1–5).
A Noemí le preocupaba el futuro de Rut, y quería buscarle seguridad y un hogar. Dado que Booz era familiar de ellas, y un pariente-redentor; en otras palabras, tenía cierta obligación de casarse con Rut para mantener vivo el nombre de su difunto esposo (Mahlón). Noemí sabía que Booz estaría aventando cebada en la era aquella tarde, así que dio instrucciones a Rut para que se preparara bañándose, poniéndose su mejor vestido y perfumándose. Es posible que Rut llevara luto, por lo que al cambiarse de ropa daría a entender que ya no estaba de luto.
Noemí también le mandó a Rut que no dejara que Booz la viera hasta que se acostara y se durmiera. Por lo visto no dormía con los trabajadores; quizá tenía un lugar especial a cierta distancia de ellos. Cuando se quedara dormido, debía destaparle los pies y acostarse allí. Noemí le aseguró que cuando Booz se despertara y encontrara a Rut a sus pies, ya le diría lo que debía hacer.
Descendió, pues, al campo, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estaba contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Un rato más tarde vino ella calladamente, le descubrió los pies y se acostó (Rut 3:6–7).
Después de comer y beber un poco, Booz seguramente se sentía satisfecho. Cuando anocheció, se dirigió a un costado del montón de grano y se quedó dormido. Rut se fijó en el lugar donde se acostaba. Cuando ya estaba dormido, ella se acercó, retiró lo que le cubría los pies para que quedaran expuestos al aire nocturno y se acostó a sus pies.
Y sucedió que a la medianoche Boaz se estremeció y se dio vuelta. ¡Y he aquí que una mujer estaba acostada a sus pies! Entonces él le preguntó: «¿Quién eres tú?» Y ella respondió: «Yo soy Rut, tu sierva. Extiende tus alas sobre tu sierva, porque tú eres pariente redentor». (Rut 3:8–9).
Al identificarse ante Booz, Rut agrega que él es un «pariente redentor». Algunos han especulado que este encuentro de Booz y Rut fue de carácter sexual; pero las notas de estudio de la versión ESV explican: «A veces se sugiere que la expresión “a sus pies” (literalmente, “el lugar de los pies”, en hebreo margelot) es un eufemismo para referirse al contacto sexual, pero no hay pruebas de ello, y en este relato estaría fuera de lugar».
Booz entendía cuál era la responsabilidad de un redentor: debía casarse con Rut para engendrar un hijo que sería considerado hijo de Mahlón, su primer marido e hijo de Noemí.
Dijo Booz: «El Señor te bendiga, hija mía; tu segunda bondad ha sido mayor que la primera, pues no has ido en busca de algún joven, pobre o rico. Ahora, pues, no temas, hija mía; haré contigo como tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa. Aunque es cierto que soy pariente cercano, hay un pariente más cercano que yo» (Rut 3:10–12).
En vez de mostrarse reacio o vacilante, Booz se ilusionó ante la perspectiva de casarse con Rut y le deseó que Dios la bendijera. La diferencia de edad entre ambos debía de ser significativa, ya que la volvió a llamar «hija mía». Al decirle: «Tu segunda bondad ha sido mayor que la primera», Booz probablemente se refería a cómo había cuidado de Noemí, considerando que esa había sido su primera bondad. Para él, la bondad que ella había manifestado al escoger casarse con él superaba incluso todo lo que había hecho por Noemí.
Booz accedió a lo que Rut le pedía; sin embargo, había un impedimento. Había un pariente más cercano de su difunto marido, lo cual significaba que él era el que tenía la obligación de casarse con ella. Sin embargo, si él optaba por no hacerlo, Booz sería el siguiente en la línea.
«Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redime, bien, que te redima; pero si no quiere redimirte, yo te redimiré. El Señor es testigo. Descansa, pues, hasta la mañana». Después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó Rut antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque Booz había dicho: «Que no se sepa que una mujer ha venido al campo». Después él le pidió: «Quítate el manto con que te cubres y sujétalo bien». Mientras ella lo sujetaba, midió Booz seis medidas de cebada y se las puso encima. Entonces ella se fue a la ciudad (Rut 3:13–15).
Una vez tomada la decisión, Booz le dijo que se acostara a sus pies hasta la mañana. Antes de que Rut se fuera, Booz le dio seis medidas de cebada para que si alguien veía a Rut fuera tan temprano por la mañana, supusiera que había ido a comprar grano y que regresaba a su casa.
Cuando llegó a casa de su suegra, esta le preguntó: «¿Qué hay, hija mía?» Rut le contó todo cuanto le había ocurrido con aquel hombre, y añadió: «Me dio estas seis medidas de cebada, y me dijo: “Para que no vuelvas a la casa de tu suegra con las manos vacías”». Entonces Noemí dijo: «Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve esto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy» (Rut 3:16–18)
Noemí animó a Rut a aguardar pacientemente a ver qué ocurría. Estaba segura de que el asunto se resolvería ese mismo día, aunque tendrían que esperar para conocer el desenlace. Mientras tanto, Booz se ponía en acción tratando de disponerlo todo para poder casarse con Rut.
Más tarde, Booz subió a la entrada del pueblo y se sentó allí; en ese momento pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado. «Eh, fulano —le dijo Booz—, ven acá y siéntate». Y este fue y se sentó. Entonces Booz llamó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y les dijo: «Sentaos aquí». […] Ellos se sentaron (Rut 4:1,2).
En la Antigüedad, la puerta del pueblo, aparte de ser un lugar de encuentro y socialización, era a menudo donde se realizaban los negocios y las transacciones legales. Cuando llegó el redentor, Booz le pidió que se sentara con él, y pidió a diez ancianos de la ciudad que estaban también a la entrada que se sentaran con ellos para que fueran testigos de lo que iban a hablar.
Cuando ellos se sentaron, dijo al pariente: «Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. Y yo decidí hacértelo saber y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si quieres redimir la tierra, redímela; y si no quieres redimirla, decláramelo para que yo lo sepa, pues no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti». «Yo la redimiré», respondió el pariente (Rut 4:3,4).
Booz fue al grano. Quería que el redentor estuviera al tanto de la situación de Noemí y Rut y de las tierras de Elimelec, ya que él tenía derecho a comprarlas por ser el pariente más cercano. El primer redentor aceptó inicialmente comprar las tierras, sin saber todavía que esa compra estaba sujeta a ciertas condiciones, como Booz pasó a señalar.
Entonces replicó Booz: «El mismo día que compres las tierras de manos de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión». El pariente respondió: «No puedo redimir para mí, no sea que perjudique mi herencia. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré hacerlo» (Rut 4:5,6).
Al referirse a Rut, Booz la llamó «la moabita, mujer del difunto». Lo más probable es que, como él quería quedarse con Rut, estuviera tratando de insinuarle al redentor que no le convenía tomar las tierras y casarse con ella. Tener que cuidar de Noemí y además casarse con Rut complicaría la vida del redentor. Así que cambió de opinión y renunció a su derecho de redimir y se lo dio a Booz. Formalizó su decisión al dar a Booz una de sus sandalias. En aquella época era una costumbre para las transacciones legales (Rut 4:7,8).
Cuando el pariente renunció a comprar las tierras, Booz se dirigió a los ancianos que habían sido testigos de la transacción y «a todo el pueblo» que se había juntado a su alrededor. Confirmó que compraba las tierras que habían pertenecido a Elimelec, marido de Noemí, y a sus hijos, y que iba a casarse con Rut (Rut 4:9,10).
Todos los que estaban a la puerta del pueblo y los ancianos respondieron: «Testigos somos. El Señor haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas distinguido en Efrata, y renombrado en Belén. Sea tu casa como la casa de Fares, el hijo de Tamar y Judá, gracias a la descendencia que de esa joven te dé el Señor» (Rut 4:11,12).
Los que estaban a la puerta del pueblo, junto con los ancianos, confirmaron ser testigos de la compra por parte de Booz de todo lo que pertenecía a Noemí y dieron una triple bendición, probablemente pronunciada por un portavoz de los ancianos. En primer lugar, le desearon que Rut fuera fructífera como Raquel y Lea, que entre ellas tuvieron doce hijos. La segunda bendición fue que Booz, como patriarca de esta nueva familia, prosperara y que su nombre se perpetuara en Israel. La tercera bendición tenía que ver con Obed, el hijo que tendrían Booz y Rut y que aún no había sido concebido.
Poco después de casarse con Booz, Rut quedó embarazada y dio a luz a un hijo (Rut 4:13).
Y las mujeres decían a Noemí: «Alabado sea el Señor, que hizo que no te faltara hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual será restaurador de tu alma, y te sostendrá en tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos». Tomando Noemí al niño, lo puso en su regazo y lo crió. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: «¡Le ha nacido un hijo a Noemí!» Y le pusieron por nombre Obed. Este fue el padre de Isaí, padre de David (Rut 4:14–17).
Las mujeres de Belén, que sabían lo vacía que Noemí había llegado a sentirse (Rut 1:19,20), ofrecieron alabanzas y oraciones. Alabaron al Señor, que no la había dejado sin pariente-redentor, y oraron para que el niño llegara a tener renombre en todo Israel. También elogiaron a Rut, su nuera, que había demostrado tener un amor incondicional por Noemí y ser «de más valor para [ella] que siete hijos».
Llamaron Obed al hijo (que significa «siervo»). Probablemente era un diminutivo de Abdías (que significa «siervo del Señor»). Obed llegó a ser padre de Isaí, que fue padre del rey David, lo cual quiere decir que Rut fue bisabuela de David (Rut 4:18–22).
Cierto autor resume de la siguiente manera el libro de Rut: «Al final, Dios vence todos los obstáculos para que Noemí pase de la vaciedad a la plenitud, para que Booz deje su soltería y se convierta en un hombre felizmente casado, y para que Rut, una viuda extranjera, llegue a ser la bisabuela del mayor rey de Israel.»1
Publicado por primera vez en noviembre de 2022. Adaptado y publicado de nuevo en marzo de 2026.
1 W. Gary Phillips, Holman Old Testament Commentary, Judges and Ruth (B&H Publishing Group, 2004), 353.
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