marzo 4, 2026
[My Bible Journey]
Leer la Biblia en un año, así, al vuelo, ha generado cierto debate. Los que no están a favor de este método aducen que al leerla tan rápido uno se pierde muchos matices, pasa por alto cuestiones importantes, no tiene tiempo para reflexionar o asimilar debidamente lo leído y otros tantos argumentos. Si bien esas observaciones son legítimas, yo mismo me embarqué en la aventura de leer así la Biblia y llegué a unas sorprendes conclusiones.
Mi hermana y una amiga suya me habían enviado una Biblia cronológica para leer en un año. Al principio la idea no me entusiasmaba por los motivos expuestos anteriormente. No obstante, al pensar en todos los esfuerzos que hicieron ellas para hacerme llegar la Biblia, el Señor me dio un empujoncito y acepté el reto.
No les voy a mentir, fue una ardua tarea. Dada la abultada cantidad de texto que tenía que abarcar cada día no me quedaba mucho tiempo para masticar lo que había leído, cavilar, comparar versículos y tomar apuntes, que es lo que hago normalmente. En todo caso, el Espíritu Santo es más que capaz de enseñarnos todas las cosas y guiarnos a toda la verdad (Juan 14:26; 16:13). La Palabra de Dios es poderosa, ya si la leemos ligero, o si despacio y con determinación.
Leyendo la Biblia de corrido a lo largo del año he descubierto otros aspectos que también son valiosos. Fue mi inseparable compañera durante los largos periodos que estuve internado en el hospital y me planteaba una prueba difícil pero estimulante que tenía que sortear cada día. Hay que destacar también la ventaja que ofrece en cuanto a captar el panorama global. Leyendo la Biblia sin pausas e interrupciones podemos apreciar la visión o cuadro general que uno quizá no abarque durante una lectura lenta.
Por ejemplo, mientras leía las epístolas de un vuelo, me di cuenta de algo que no había comprendido antes, y es la total importancia que Pablo otorga a Cristo. Todo en sus cartas se centra en Cristo. Todo versa sobre Jesús. Él es preponderante. En comparación, para Pablo todo lo demás parece trivial, carente de valor y de importancia. Es un incondicional de Cristo. Las tradiciones judías, diferencias culturales, todas resultan intrascendentes. Jesús es primordial y preponderante en los escritos de Pablo. La verdad es que estaba loco por Jesús. En epístola tras epístola no para de hablar maravillas sobre Jesús. Para él ninguna otra cosa tiene importancia. Así se lo expresó a los corintios:
«Porque me propuse no saber nada entre ustedes, sino a Jesucristo, y a Él crucificado» (1 Corintios 2:2).
La lista de versos bíblicos referidos a Cristo como el centro de todo es kilométrica. En todo caso, aquí tienen una muestra de algunos que exponen la supremacía de Cristo:
«Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3:11).
«Por lo tanto, ya no son extranjeros ni forasteros sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular» (Efesios 2:19,20).
«Para que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe de modo que, siendo arraigados y fundamentados en amor, ustedes sean plenamente capaces de comprender, junto con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento para que así sean llenos de toda la plenitud de Dios» (Efesios 3:17–19).
«Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5).
Me pasó algo parecido cuando me tocó leer los profetas mayores y menores. La lectura veloz me permitió ver en su conjunto el mensaje que entregaban y me saltaron de la página muchos versos aplicables al mundo actual.
Hace poco oí al famoso especialista en textos bíblicos N. T. Wright expresar un pensamiento afín. Cuando le preguntaron qué pensaba de la lectura rápida de la Biblia, dijo que no veía nada reprochable en ello. Tiene su lugar. Todo tiene su hora y hay un momento para todo (Eclesiastés 3:1). Sea que optes por hacerlo con rapidez o con lentitud, lo importante es que leas y estudies la Biblia. Al fin y al cabo, es la carta de amor escrita por Dios para cada uno de nosotros.
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