enero 13, 2026
[Crossing the Finish Line]
Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1
¿En qué clase de carrera participan los creyentes? La «carrera» es la vida cristiana. Es una maratón, no un sprint, y se nos llama a permanecer en la carrera y ser fieles hasta el fin. Pablo utilizó esta misma metáfora hacia el final de su vida: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7).
Tenemos por delante la carrera; nosotros no elegimos el recorrido, pues es Dios quien lo estableció. Esta carrera la corremos por Cristo. Mantenemos el rumbo a pesar de las pruebas y persecuciones (Hebreos 12:4-11). Mientras corremos, debemos fijar «la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe» (Hebreos 12:2). Puesto que Él terminó perfectamente Su carrera, Él es el centro de nuestra vida. Apartamos la mirada de todas las distracciones, porque Él ya se encuentra en la línea de meta.
No importa lo larga que sea la carrera, mantenemos la mirada en Jesús, «el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe» (Hebreos 12:2). Nos espera gran alegría. En palabras de las cantautoras Twila y Starla Paris: «Corredor, cuando hayas cruzado la meta, irás directamente a los brazos de Jesús». GotQuestions.org1
Terminar bien
En Hechos 20, el apóstol Pablo habla acerca de terminar bien la carrera de la vida. Dijo: «Pero mi vida no vale nada para mí a menos que la use para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios» (Hechos 20:24).
Cuando somos jóvenes, tal vez pensemos que recién estamos empezando nuestra carrera, pero no sabemos cuánto tiempo hemos de vivir. Por eso debemos correr adecuadamente la carrera de la vida y el objetivo es terminarla bien.
En una versión de este versículo Pablo dice que quiere terminar su carrera «con gozo». Algunos cristianos han perdido el gozo. Tal vez empezaron la carrera con gozo, pero luego algo pasó. Quizás perdieron interés en las cosas de Dios u otras cosas eclipsaron su relación con el Señor. Necesitan orar como el salmista David: «Restaura en mí la alegría de Tu salvación y haz que esté dispuesto a obedecerte » (Salmo 51:12).
Para el cristiano la carrera de la vida no es una carrera de velocidad; es una carrera de larga distancia.
Hebreos nos anima, diciendo: «Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe» (Hebreos 12:1-2).
Así es cómo se corre la carrera de manera correcta y se termina bien: Corrámosla por Jesús, no lo hagamos por la gente y no la corramos por mera obligación. Tenemos una persona que nos observa, el mismo Jesucristo. Por eso corramos por Él y no solo empecemos bien la carrera, terminémosla bien y con alegría. Greg Laurie2
La meta
La carrera de la fe tiene un objetivo: estar con Jesucristo en Su gloria. No dejemos que nada nos detenga, nos demore o interfiera en esta carrera: dificultades, preocupaciones o pecado. Habrá momentos en que luchemos contra las preocupaciones, la ansiedad, el estrés, enfermedades o guerra espiritual. Es en esos momentos cuando empleamos la Palabra de Dios para contraatacar con todas las promesas que Dios nos ha dado (Mateo 16:19).
El deseo de Dios es que todos terminemos la carrera de la fe; nos prepara y respalda para que podamos llegar a nuestro destino final y cruzar la línea de meta para estar para siempre en Su presencia. Abner Galvan3
El viaje del peregrino
La ruta de ferrocarril que más me gusta recorrer es la Indian Pacific de Australia. Une a Sídney, en la costa oriental, con Perth, en la occidental. Atraviesa todo el continente y conecta dos océanos, el Pacífico y el Índico. Cubre una distancia de 4.352 kilómetros y cruza tres husos horarios.
Durante el recorrido, que dura 65 horas, el tren pasa por algunos de los parajes más inhóspitos y estériles del mundo. Un tramo atraviesa la llanura de Nullarbor. Se trata de un territorio llano, árido y sin árboles, semejante a un paisaje lunar. Hasta donde alcanza la vista no se ve nada sino terreno reseco e infértil. En un tramo de 478 kilómetros no hay una sola curva en la vía: es la recta más larga del mundo en una vía férrea.
Al cabo de una travesía que por momentos se hace interminable, el tren llega a su destino final: la ciudad de Perth. A uno le parece que llegara a otro mundo. Al ver la opulencia de la ciudad, los relumbrantes edificios, los parques y espacios abiertos y un río que desemboca en el mar, cuesta imaginar que un rato antes no se viera sino polvo y matorrales. Arribamos a una flamante y deslumbrante urbe, pero solo después de haber recorrido una gigantesca estepa vacía.
¡Qué analogía con el peregrinaje del creyente! Como peregrinos que pasan por este mundo transitorio enfrentaremos terrenos accidentados y a veces condiciones inhóspitas. Sin embargo, se nos llama a transitar por el sendero que Dios nos ha preparado, así como el tren avanza por la vía recta que le trazó el ingeniero. Con la ayuda del Espíritu de Dios podemos atravesar el desierto de este mundo dotados de la paz y el consuelo que Él brinda.
De igual modo, una espléndida ciudad nos espera a nosotros al final del trayecto, labrada no por la mano de hombre, sino por Dios, el Creador. El capítulo 21 del Apocalipsis la describe en toda su grandiosidad. No guarda parecido con ninguna otra urbe y ha sido preparada por Dios para los Suyos, para Sus hijos que lo aman y permanecen en Su amor. Es una ciudad en la que, a diferencia de las urbes de los hombres, habita la bondad y el mal no puede entrar; donde dejaremos atrás el calor, el polvo y los paisajes desérticos de este mundo. «Las angustias primeras serán olvidadas. [...] De lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento» (Isaías 65:16-17). Uday Paul
Mantente en la carrera
La película Rudy cuenta la historia de Daniel Rudy Ruettiger, cuyo sueño era llegar a ser jugador de fútbol americano en Notre Dame, aunque no tenía las notas necesarias para entrar en la universidad ni las habilidades deportivas para entrar en el equipo. Con todo, mediante la persistencia, trabajo arduo y empeño, se las arregló para unirse al equipo como jugador suplente y jugó en el último partido de la temporada de 1975.
En el final de la película —en gran parte ficticio—, tras la última jugada del partido, los jugadores que estaban a un costado de la cancha empezaron a corear su nombre hasta que todo el estadio empezó a corear: «¡Rudy, Rudy, Rudy!» Y Rudy es sacado del campo por sus compañeros entre vítores, aplausos y cánticos con su nombre.
Es una escena increíble. Pero es nada en comparación con la recepción que vamos a recibir un día cuando terminemos la carrera y crucemos la meta hacia la eternidad y el aplauso del cielo. Solo imaginémonos el recibimiento que nos dará Jesús con todos los santos coreando nuestro nombre.
Deberíamos vivir para el aplauso del cielo porque eso es lo que va a importar en la eternidad. Un día sentiremos la emoción de pararnos frente a Dios, nuestro Creador, y escucharle decir algo así: «¡Lo lograste! Terminaste la carrera. No te descarriaste ni abandonaste la carrera. Bien hecho, celebremos por la eternidad.»
El apóstol Pablo anticipó dicha recompensa. En 2 Timoteo 4:7-8, dice: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman Su venida».
Tal vez aceptaste a Cristo y empezaste con entusiasmo la carrera, pero te dejaste llevar por la apatía. Te has descarriado o has quedado herido o desanimado. No esperes más para volver a la carrera. Empieza por hacer esta oración:
«Querido Dios, no me quiero quedar fuera de la carrera por el resto de mi vida. Quiero terminar la carrera que has puesto delante de mí. Ayúdame a concentrarme en la eternidad y en las recompensas que tienes para mí. Quiero vivir para Tus propósitos eternos y haz que el resto de mi vida sea la mejor parte. Por favor, ayúdame a terminar bien. En el nombre de Jesús, amén». Rick Warren4
Publicado en Áncora en enero de 2026.
1 «¿Qué significa “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1)?» GotQuestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/corramos-la-carrera-que-tenemos-por-delante.html
2 Greg Laurie, It’s How You Finish, Harvest.org, 2 de noviembre de 2023, https://harvest.org/resources/devotion/its-how-you-finish-2/
3 Abner Galvan, How to Finish Strong in the Race of Faith, Coastalchurch.org, https://coastalchurch.org/how-to-finish-strong-in-the-race-of-faith/
4 Rick Warren, It’s Time to Get Back in the Race, Pastor Rick’s Daily Hope, 6 de enero de 2025, https://pastorrick.com/its-time-to-get-back-in-the-race/
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