Encarar los retos

septiembre 13, 2021

Palabras de Jesús

[Meeting the Challenges]

La vida es una batalla, y así debe ser, porque los retos te hacen crecer. Pero te prometo que, si depositas en Mí tu confianza, yo haré que todas las dificultades, sean cuales sean, redunden en tu bien. Las circunstancias particulares, las pruebas y las debilidades tuyas que surgen día tras día no importan mucho. Lo fundamental es tu reacción: las conclusiones que sacas y las decisiones que tomas. Lo principal es que tomes buenas decisiones, sean cuales sean las consecuencias inmediatas.

Entiendo las presiones que sientes a diario y el agobio y estrés que pueden llegar a causarte. Todos los que me aman disponen de una válvula de seguridad: cuando la situación te abrume y te cargue, puedes venir a Mí, y Yo te daré Mi prometido descanso. Hallarás alivio en Mí. Seré tu válvula de escape.

Cuando este mundo te deprima, cuando los problemas y la confusión de la vida te rodeen y te asedien, acude a Mí y déjame llevar la carga. Pídeme que te ayude a elevarte por encima de la presión y el estrés, y te conduciré a un remanso mental y espiritual donde estarás a salvo.

Existe un lugar al que puedes retirarte en Mi presencia. Está resguardado de todos los afanes del mundo, y es tu defensa y refugio en momentos de problemas y necesidad. Cuando te refugias en Mí, Yo enjugo todas tus lágrimas, disipo todos tus temores, renuevo tus fuerzas y te devuelvo el valor para volver a afrontar la vida.

Te tengo un cariño especial. Recuérdalo cuando sufras una decepción, cuando todo parezca perdido, cuando te sientas triste o simplemente cuando te falte motivación. La inspiración viene y va, las circunstancias cambian, pero Mi amor por ti es constante. Siempre te apreciaré mucho.

Piensa en lo bueno

Al afrontar este día, piensa en todo lo bueno que te espera. No te preocupes por lo que te intimida, porque eso también terminará siendo positivo, ya que servirá para fortalecerte espiritualmente. Piensa en la dicha que me das cada vez que optas por agradarme.

Durante el día, sean cuales sean las circunstancias, alábame y piensa en cosas buenas. Cuando estés caminando, dime algo que te encante de Mí; cuando comas, llénate de pensamientos de gratitud por lo bien que te cuido, porque tienes amor todo a tu alrededor. Cuando broten tus alabanzas, sentirás Mi alegría, que te infundirá fuerzas.

Un día conocerás una alegría inimaginable. Todo lo que ahora se te hace tan difícil pasará, y todo lo que hayas aprendido te elevará a unas alturas maravillosas. No habrá lágrimas ni dolor en el día en que vengas a vivir para siempre en Mi presencia.

Te compensaré plenamente toda pérdida o dificultad que sufras en esta vida, todo aquello a lo que has renunciado por Mí y los males que has sufrido. Sigue luchando por la corona de la vida que se te entregará por haber corrido la carrera y llegado a la meta[1].

No te concentres en lo fragoso del camino, sino en el futuro prometido que te aguarda al final. No pongas la mirada en las piedras con que te encuentras, sino en la belleza y lo bueno que he creado; no en las heridas y desgracias, sino en la fortaleza que has adquirido con ellas; no en el dolor, sino en la alegría eterna que experimentarás cuando termine tu periplo por la vida.

Mi amor por ti

Te amo por entero. Amo toda tu alma, todo tu ser. Todo él es precioso, hermoso, y significa mucho para Mí. Te creé —cuerpo y espíritu— para Mi deleite, y estoy contento con lo que hice. Cuando tú expresas tu gratitud, tienes una actitud positiva y me alabas por cómo te hice, me deleito aún más en ti.

Soy tu gran abastecedor. Sé que son muchas tus necesidades, pero no hay ni una que no pueda satisfacer. Cuando necesites algo, pídemelo con fe, expectante, sabiendo que velo por ti y proveeré para ti.

Si te parece que las tareas y obstáculos a los que te enfrentas son superiores a tus fuerzas, ¡tienes toda la razón! Pero nunca son superiores a Mis fuerzas. Si todo me lo encomiendas y me sigues de cerca, haré que se cumpla Mi voluntad en ti y por medio de ti.

No permitas que el desánimo te venza. No prestes atención a las olas que a veces amenazan con arrollarte. Es cierto que están ahí —los problemas son reales, tus defectos también, no es que te los estés imaginando—, pero no pueden hundirte si no dejas de aferrarte a Mí. No tienen por qué dominarte ni decidir el rumbo de tu vida. Así como Pedro caminó sobre las aguas, tú puedes andar sobre las olas por fe, con la mirada fija en Mí, el autor y consumador de tu fe.

¿Has caído en el abatimiento o el desánimo? ¿Estás sin fuerzas para encarar el día? No te preocupes, Mi amor, te daré el empujón que necesitas. Acércate a Mí y llénate de energías escuchando lo que tengo hoy para ti. Si pasas un rato conmigo, verás que tu corazón entra en Mi lugar secreto, donde tengo oportunidad de recargarte y renovarte con Mi poder.

Ven a Mí

Busca Mi presencia en la mañana y deja que tus sentimientos y pensamientos se imbuyan de Mi Espíritu. Quiero que Mi Espíritu y Mi Palabra habiten en abundancia en ti con toda sabiduría[2], para que disfrutes todo el día de Mi amor y Mi alegría, en toda situación.

Bendita la paz de esos momentos de comunión que pasamos los dos juntos, a solas tú y yo. Es así como obtienes fuerzas. No descuides esos ratos conmigo; son tu fuente de fortaleza.

Este día que te concedo es un regalo, pero por el momento es como un caja vacía. A medida que comienzas el día, te toca irla llenando. Deja que se llene de cosas hermosas que te doy.

Eres una maravillosa y asombrosa criatura Mía, que dispuse que cumpliera una función que solo tú puedes desempeñar. Me encanta ver cómo te mueves, cómo te comportas y piensas con Mi poder y ungimiento, cumpliendo tu destino, el papel para el que te creé.

Cumpliré Mi propósito en ti. Eres Mi amada esposa en quien me complazco. Por amor has entregado tu vida y tus fuerzas a Mí y a quienes te rodean. A medida que des, se te dará.

Te amo más de lo que puedes imaginarte o comprender. Cada día, cuando acudes a Mí, recibes Mi gracia para seguir luchando, y cada día te reservo nuevas alegrías para cuando llegues aquí a tu hogar. Cuando contemples Mi rostro, ¡te alegrarás tanto de haber aguantado en las buenas y en las malas!

Publicado por primera vez en junio de 2005. Adaptado y publicado de nuevo en septiembre de 2021.


[1] Santiago 1:12.

[2] Colosenses 3:16.

 

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