Mi vida dio un giro completo de 360 grados

agosto 15, 2018

Tommy Paluchowski

[360 Degrees—I Made a Full Circle]

Es la misma habitación en el mismo apartamento, 34 años después.

Es la misma vista que se aprecia desde la ventana, solo que los árboles del exterior están increíblemente altos.

Es el mismo complejo habitacional en la misma ciudad con las mismas calles, solo que ahora hay muchos más autos.

Es el mismo país con la misma bandera y el mismo himno, pero a pesar de ello aquí me siento como un extranjero.

Aunque me crié en este vecindario, por haberme ausentado durante tanto tiempo, prácticamente no reconozco a nadie a mi alrededor.

Todo empezó aquí. De este mismo apartamento partí en una aventurera misión que entonces no tenía idea de en qué consistía ni cuánto iba a durar. Y ahora estoy de vuelta donde comencé.

Mi vida dio un giro completo de 360 grados. Tomó 34 años.

Reconozco este lugar porque fue mi hogar durante muchos años. Aquí es donde siendo un joven ansioso desafié a un Dios desconocido a que me convirtiera en una persona útil.

Lo recuerdo vívidamente. Una noche al llegar a casa justo antes del amanecer, después de haber abusado de sustancias, cansado de lo que para mí era una existencia sin sentido, en mi lamentable estado espeté estas angustiadas palabras: «Escucha, Dios, si de veras existes y si es verdad que eres omnipresente y omnisciente como afirman algunos, en realidad no necesito describirte nada acerca de mi vida. Tú sabes lo desdichado que soy. Deseo cambiar, quiero una vida significativa y feliz o si no prefiero morir, lo uno o lo otro, pero no aguanto más esta subsistencia sin sentido. Espero que hagas algo al respecto.»

A pesar de que lo dije, en ese entonces me asustaba mucho la idea de «transferirme a la inexistencia», pues así me imaginaba la muerte.

Desde aquel angustiante instante mi vida ha dado un giro completo de 360 grados.

Me encuentro en el mismo lugar donde viví siendo un joven angustiado. Con el pasar del tiempo dicho joven se transformó en un hombre adulto con una actitud diametralmente diferente.

No obstante, mi edad no es lo que cuenta. Mi cambio se debe a dos razones.

En primer lugar, ya no le hablo a un Dios desconocido. O más bien debería decir ya no hablo con.

En segundo lugar, a diferencia de cuando era joven, ya no le temo a la muerte. Es más, cuanto más envejezco, más anhelo ser reubicado, puesto que sé lo que me espera.

Mi vida dio un giro completo de 360 grados.

Desde aquí partí para unirme a los misioneros con el fin de conquistar el mundo. Era un equipo realmente entusiasta integrado por personajes muy peculiares.

¿Cómo resultó la conquista y qué resultados obtuvo?

Al parecer el mundo ni siquiera pestañó a mi paso. Pero a pesar de que me ignoró, guardo agradables recuerdos de lo que pude realizar. Vi a personas endurecidas que lloraban de gratitud, adictos liberados del vicio, gente común y corriente que empezó a creer en Dios y otras que encontraron una razón para vivir. Todo ello debe tener algún valor. Es mi legado.

Mi vida dio un giro completo y aprendí mucho durante el proceso.

Pero a diferencia de los árboles que sobrepasaron en altura el edificio de cuatro pisos, y que recuerdo que eran plantas de semillero, mi vida no ha crecido directo hacia arriba.

Ha crecido más bien como en espiral, parecido a un sacacorchos o un resorte de la suspensión de un auto. He tenido que repetir algunos cursos en mi vida, solo que a un nivel diferente. A veces el ascenso fue lento.

Mi vida dio un giro completo de manera vertiginosa.

¿Algo que lamentar? Nada en realidad. Excepto algunas tontas majaderías, ¿pero a quien no le pasan? Más bien llamémoslas oportunidades de aprender.

Si alguien me diera una nueva oportunidad de vivir, ¿la aceptaría? Lo intentaría de nuevo, con la condición de retener la experiencia que ahora tengo, no cual tabla rasa[1].

Mi vida dio un giro completo y esencialmente me siento orgulloso de dos cosas.

Encontré a Dios. Aunque lo digo así, en realidad fue Dios quien me encontró cuando estaba perdido.

Traté de compartir a Dios con la gente durante más de 30 años. Pese a mis esfuerzos, el mundo parece ir rumbo a la destrucción. A pesar de todo, tengo que confiar en que los éxitos que obtuve individualmente en ciertas vidas cumplieron su cometido. El que hayan sido pequeños no significa que no hayan sido espectaculares.

Mi vida dio un giro completo y me encuentro de nuevo en la sala de espera.

Me encuentro en esta etapa del «espiral de mi vida» a la espera de que el Señor me indique cuál es el siguiente paso.

A juzgar por los números únicamente, me deberían quedar suficientes años para continuar la espiral de mi vida por un tiempo. Hasta tengo las promesas que Dios me ha hecho en ese sentido.

Viendo las cosas desde una perspectiva diferente, podría estar a punto de pasar al plano de lo invisible. Lo digo en caso de que las promesas que he recibido acerca de la restauración de mi salud sean para el más allá y no para el plano actual.

Independientemente del rumbo que tome mi vida, ahora tengo una tremenda ventaja sobre el joven confundido de hace más de tres décadas. Mucho de lo que sé acerca de Dios no es por fe únicamente. Ahora cuento con la experiencia que avala mis palabras lo cual tiene un valor inestimable. La Palabra de Dios de por sí es todo un tesoro, pero la Palabra que ha sido puesta a prueba y comprobada por experiencia propia es aún más valiosa.

Sea cual sea el rumbo que tome mi vida, de una cosa estoy seguro: será otra aventura fenomenal que espero con gran expectativa.

«Porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.»  2 Timoteo 1:12 (RVR 1995)


[1] En filosofía la tabla rasa hace referencia a la tesis epistemológica de que cada individuo nace con la mente «vacía», es decir, sin cualidades innatas, de modo que todos los conocimientos y habilidades de cada ser humano son exclusivamente fruto del aprendizaje, a través de sus experiencias y sus percepciones sensoriales  (Wikipedia).

 

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