Un nuevo comenzar

julio 11, 2017

Recopilación

[Slate Wiped Clean]

Fueron redimidos... con la sangre preciosa de Cristo.  1 Pedro 1:18–19[1]

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La expresión borrón y cuenta nueva proviene de cuando en una taberna escribían en una pizarra lo que tenían de comer a diario. Lo escribían con tiza porque se podía borrar fácilmente para escribir el menú del nuevo día. También proviene de cuando los estudiantes empezaron a escribir sus lecciones o respuestas con tiza sobre una pizarra pequeña. La pizarra se podía borrar fácilmente y quedaba lista para otro uso. Desde mediados del siglo XIX la expresión se ha utilizado en sentido figurado para describir un nuevo comienzo, una nueva etapa sin cargar con lo viejo o el acto de borrar viejas ofensas o deudas.

El registro completo de todo acto —accidental o insospechado— que hayas hecho jamás, indigno y profano, se limpia cuando invitas a Jesús a tu vida como Salvador[2]. El perdón de Dios te da una pizarra limpia, un nuevo comenzar. [...]

Piensa lo maravilloso que es ese concepto. Todas las cosas que no puedes olvidar que has hecho, y mucho menos perdonarte a ti mismo por haberlas hecho, han sido borradas para siempre, de una vez por todas, por el sacrificio de Jesús, el hijo de Dios, en una cruz. La pizarra ha sido limpiada; se te da un nuevo comenzar. Una redención que nunca podría haberse comprado te es ofrecida de regalo en la salvación. […]

La Biblia hace una pregunta retórica cuya respuesta es evidente y cierta: «¿Quién acusará de algo a aquellos a quienes Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena?»[3] No hay ningún acusador para los verdaderamente redimidos. Esta es la descripción de Pablo de tu pizarra limpia: «Imagínate. Todos los pecados han sido perdonados, borrón y cuenta nueva, aquella orden de detención ha sido cancelada y clavada a la cruz de Cristo. Él despojó a todos los tiranos espirituales del universo de su autoridad falsa y los hizo marchar desnudos por las calles.»[4] Allen Randolph[5]

 

La vida y el Tetris

Soy aficionada al Tetris. Por si no lo saben, es un juego de video en el que hay que hacer coincidir azulejos. Me gusta porque puedo planearlo todo de antemano mirando las piezas que van a salir y a medida que aparecen las puedo colocar en el lugar que corresponde y así disminuyo las que faltan por colocar. Al menos esa es la idea.

Todavía mejor es resolver los errores que cometo. A veces coloco una pieza donde no corresponde y luego tengo que arreglármelas para enmendar el error y deshacerme del problema. No obstante, no siempre resulta así. Me va muy bien con los primeros niveles, pero a medida que aumenta la velocidad y las piezas empiezan a caer cada vez más rápido, no puedo seguir controlándolo todo tan bien. Las piezas empiezan a quedar en el lugar equivocado y la pila empieza a acercarse al tope cada vez más.

Muy pronto la señal de «EL JUEGO HA TERMINADO» empieza a parpadear en la pantalla y mi entusiasmo por el juego se tiñe de frustración.

A veces la vida se siente así. Cometemos un error tras otro y de repente parece que no hay nada que podamos hacer para arreglar la situación. A veces hasta nuestros mejores planes terminan arruinados y, sin importar la forma en que maniobremos, los problemas aumentan hasta que pareciera que el juego ha terminado.

Pero lo mejor de un juego como el Tetris es que siempre hay la posibilidad de jugarlo otra vez. No importa cuántas veces perdamos; siempre se puede volver a empezar si se desea.

Jesús hace lo mismo con nosotros. Sabe que no somos perfectos. Comprende nuestras limitaciones y debilidades. Nos diseñó y entiende que no podemos «ganar» siempre.

Jesús nos prometió llevarse nuestros errores y pecados «como lejos del oriente está el occidente»[6]. Significa que no existen, que hacemos borrón y cuenta nueva y podemos volver a comenzar. Y ello no solo se aplica a nuestra vida espiritual. Sin importar lo bien que tratemos de planear nuestra vida, habrá momentos en que tendremos que empezar de nuevo.

Tal vez le hayas invertido tiempo a ciertas metas pero repentinamente las cosas cambiaron. Le dedicaste mucho tiempo, reflexión y energía a algo que creías era lo correcto, pero ahora las cosas son diferentes y te toca empezar de cero. En esos casos, puede ser muy desalentador. Todo lo que puedes ver es esa señal: «EL JUEGO HA TERMINADO» parpadeando en la mente.

Pero al terminar el juego, siempre se puede volver a jugar.

Hacer borrón y cuenta nueva es maravilloso. Significa que el pasado ha quedado atrás. Cuando comienzas un nuevo juego de Tetris, no se te niega la oportunidad de jugar de nuevo porque hayas perdido juegos demasiadas veces. Simplemente se te da la oportunidad de empezar un juego nuevo, sin más. Cuando Jesús hace borrón y cuenta nueva, en efecto es una cuenta nueva. No se fija en tu desempeño anterior con errores y metidas de pata. «Si alguno está en Cristo es una nueva creación. Lo viejo ha pasado, ¡ya ha llegado lo nuevo!»[7]

Probablemente has oído el dicho: «Donde hay vida, hay esperanza». A eso me refiero: mientras estés vivo y sigas «jugando», mientras sigas levantándote y sigas intentándolo siempre es posible volver a empezar y tarde o temprano vas a ganar.

¿Sientes que tus planes se han hecho humo y no sabes cómo volver a empezar? ¿O estás desanimado porque tus primeros esfuerzos han sido en vano? Recuerda que siempre tienes la oportunidad de empezar un nuevo juego. Jesús tiene un plan y una meta para tu vida y se valdrá aun de tus errores para acercarte al objetivo.

El rey Salomón nos dice que el justo cae siete veces y siete veces se levanta[8]. Es imposible no fallar. Lo que importa es levantarse y volver a empezar.  Marie Story

 

En contrucción

Cada ser humano está en construcción desde el nacimiento hasta la muerte. Cada vida se forma con errores y aprendizaje, esperando y madurando, y con paciencia y persistencia. Al final de la construcción —la muerte— hemos completado el proceso.

Tú formaste mis entrañas...
Mis huesos no te fueron desconocidos,
cuando en lo más profundo de la tierra
era yo entretejido.
Todos mis días se estaban diseñando.

Salmo 139:13, 15–16[9]

La muerte dice: «Esta es la finalidad de la realización». Aunque no podemos añadir nada más a la experiencia, los creyentes en Cristo tienen la esperanza de escuchar la opinión del Salvador: «Bien hecho, buen siervo y fiel»[10].

El apóstol Pablo dijo que los cristianos son «arraigados y edificados en Él y fundados en la fe»[11]. Esto es parte de nuestra continua construcción en esta vida. Pero la Biblia nos asegura que: «Si nuestra casa terrenal, esta tienda, es destruida, tenemos un edificio de Dios, una casa no hecha con manos, eterna en los cielos»[12]. [...]

La vida puede ser como viajar por un camino peligroso. Hay baches que nos sacuden, desvíos que nos desvían y señales de advertencia de peligro por delante. El destino del alma y el espíritu es de suma importancia para Dios, por lo que Él nos ofrece orientación diaria. Algunos prestan especial atención a las instrucciones de Dios; otros las ignoran y pasan a toda velocidad las señales de advertencia. Pero todo el mundo tarde o temprano llega al destino final: al umbral de la muerte...

Nadie se escapa de la vida sin dificultades. Algunos experimentan mala salud incluso de jóvenes. Algunos nacen en la abundancia y lo pierden todo. Algunos buscan amor y solo encuentran rechazo una y otra vez. Sin un cimiento firme, la carga de la vida es más difícil de soportar.

Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros, y Él desea que construyamos sobre Él, el cimiento que Él ha puesto. Las escrituras hablan de los artesanos, del trabajo de sus manos con las clavijas de fijación «para que no tambalee»[13]. Cuando las manos de Cristo fueron traspasadas por clavos y sujetadas a la cruz, se convirtió en nuestro cimiento seguro.  Billy Graham[14]

Publicado en Áncora en julio de 2017.


[1] RV.

[2] V. Juan 3:16-17.

[3] Romanos 8:33.

[4] Colosenses 2:14–15 El mensaje.

[5] http://www.allenrandolph.com/?p=1328.

[6] Salmo 103:12.

[7] 2 Corintios 5:17.

[8] Proverbios 24:16.

[9] RV.

[10] Mateo 25:21.

[11] Colosenses 2:7.

[12] 2 Corintios 5:1.

[13] Isaías 41:7.

[14] Billy Graham, Nearing Home: Life, Faith, and Finishing Well (Thomas Nelson, 2011).

 

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