¿Y si tu lugar de trabajo ES tu campo de misión?

octubre 29, 2014

Dan King

Eran las 3:30 de la mañana y, en vez de combatir aquel repentino ataque de insomnio, decidí levantarme, leer la Biblia y orar. La abrí al principio del primer libro de Samuel. Las palabras del niño Samuel resonaban en mi cabeza y en mi corazón: «Habla, que Tu siervo escucha».

Así que oré. Le pedí a Dios que me diera un campo de misión. Le pregunté si me enviaría a China, África o las amazonas. Le dije a Dios que quería cambiar el mundo para Él, y que iría a donde quisiera enviarme.

¿Alguna vez han tenido una conversación con Dios que no resultó de la manera que esperaban?

Le dije: «Dios, ¿a dónde quieres que vaya? ¡Iré allí!» Y me pareció que me respondía en voz baja, en un susurro: 5205 Fruitville Road.

Intenté que Dios se concentrara en la conversación, así que le dije: «En efecto, Dios, allí es donde trabajo. Pero, ¿a dónde me enviarás? ¡Iré a donde sea!»

5205 Fruitville Road.

Y pasé los años siguientes tratando de averiguar lo que significaba hacer que mi lugar de trabajo fuera mi campo de misión. No tenía idea de cómo sería, pero me dediqué a entender cómo llevarlo a cabo. Estas son unas cuantas cosas que aprendí:

 

Que como cristiano que eres se te distinga por lo que HACES, no por lo que NO hagas.

En poco tiempo, ocurrió que dos veces me pasaron por alto y le dieron un ascenso a otra persona. Seré franco: fue frustrante. Quiero pensar que si alguien trabaja arduamente será recompensado, pero no siempre es así. Incluso a varios compañeros de trabajo, que creían que yo era el más calificado para esos puestos, les pareció que me habían quitado esos ascensos. Algunos hasta me dijeron que si estuvieran en mi lugar no tolerarían un trato así y dejarían la empresa.

En lugar de dejarme arrastrar a una actitud negativa, opté por concentrarme en vivir de acuerdo con el fruto del Espíritu. Lo habíamos enseñado en la iglesia y pensé que no debería solo hablar de ello, sino poner mis palabras en acción. En última instancia, el temor a ser un hipócrita me llevó a cambiar de perspectiva. ¡Y valió la pena! La gente notó que mi actitud era motivada por el amor, la alegría, la paz y la paciencia, entre otras cosas. De hecho, una compañera de trabajo que pasaba por dificultades me preguntó cómo mantenía una actitud tan positiva. Eso dio oportunidad de que conversáramos y en consecuencia ella dejó la religión Wicca y volvió a la iglesia cristiana.

Con demasiada frecuencia los cristianos nos  distinguimos por lo que no hacemos. En muchos casos, nos distinguen porque somos los que no beben en las fiestas o a los que no se les pueden contar ciertos chistes. En cambio, deberíamos esforzarnos para que nos conozcan por las cualidades y características que infunden fuerzas y esperanza a los que nos rodean.

 

Ora como si el mañana no existiera.

Un día, fuera del horario de oficina, encontré a otro empleado de mi empresa en una librería cristiana. Los dos nos quedamos sin hablar por un momento. Creo que los dos pensábamos: «¡Ah! ¡No sabía que eras de las personas que compran en un lugar como este!» Ese encuentro nos llevó a conversaciones más profundas acerca de la fe en el lugar de trabajo.

Nuestras conversaciones continuaron. A la larga, los dos nos reuníamos para almorzar una vez cada dos semanas y se nos unieron otros. El almuerzo era algo informal, no muy elaborado; fraternizábamos y orábamos juntos. Orábamos el uno por el otro y también por otros empleados (fueran cristianos o no), y por la empresa en general (sí, hasta por los negocios de una empresa laica). Nunca nos adueñamos del salón de descanso para hacer reuniones de oración ni hicimos alarde de ello. Pero fielmente rogamos al Padre por nuestro lugar de trabajo.

Con los años vimos muchas oraciones respondidas. Otros empleados comenzaron a vernos como personas a quienes se les pueden presentar peticiones de oración.

 

Dirigir como Jesús.

Me costó bastante entender lo que es el liderazgo. Lo entendí bien en una pequeña reunión de iglesia. Cuando examinamos el modelo de liderazgo que Jesús nos dejó, no vimos a un hombre que trató a la gente con prepotencia. Vimos algo distinto.

Jesús fue un siervo.

Nos enseñó a dirigir al humillarse a sí mismo y lavar los pies de Sus discípulos, al servirles. Así pues, en el trabajo, hice lo que hacía falta para servir a todos los que participaban en mis tareas; procuré que tuvieran lo necesario para tener éxito. En cuanto a las personas que iban a recibir mi trabajo, me aseguré que participaran en las etapas del proceso de diseño y que dieran sus opiniones e hicieran comentarios. Para mí es importante que piensen que se han tomado en cuenta sus ideas, pero no solo eso, que también el resultado es adecuado para ellos. Además, algunas personas nos hicieron trabajos y querían hacer otras cosas para nuestra empresa. En esos casos, en vez de limitarme a exigir y asegurarme de que terminaran la tarea asignada, procuré que tuvieran todo lo necesario para que se notara que habían hecho un buen trabajo.

Uno de mis momentos favoritos, que destaca entre lo ocurrido en años, es cuando un colega me felicitó por mi manera de dirigir. En la conversación con ese colega expresé mi punto de vista, lo que pensaba de ser siervo-dirigente y que la Biblia me guía en todo lo que hago (lo que incluye mi trabajo). Nadie le había explicado (ni le había mostrado) que la Biblia de verdad puede ser una guía para todo aspecto de nuestra vida. Me agradeció con sinceridad por abrirle los ojos en esa breve charla. Al marcharse había adquirido un nuevo respeto por la Palabra de Dios y la valoraba más.

El objetivo de evangelizar es motivar a la gente para que se acerque más a Dios. Enfocar mi lugar de trabajo como un campo de misión ha resultado en que he tenido varias oportunidades de motivar a la gente para que se acerque más a Cristo. No se trata de predicar como un fanático de la Biblia ni de amenazarlos con el Infierno si no se convierten. Hablo de relaciones y de vivir conforme a la Palabra de Dios en todo lo que hacemos. Es posible que con regularidad haga viajes a otros países a fin de llevar el Evangelio, pero mi lugar de trabajo siempre será mi campo de misión favorito.

© 2001 - 2011 H. E. Butt Foundation. Todos los derechos reservados. Publicado con permiso de Laity Lodge y TheHighCalling.org. Artículo de Dan King. http://www.thehighcalling.org/work/what-if-your-workplace-your-mission-field#.U2rjE_ldX02. Traducción: Patricia Zapata N. y Antonia López.

 

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