Si supieras que Dios está de pie junto a ti

septiembre 2, 2014

Recopilación

Muy pocos comprendemos todo el sentido de las palabras de Mateo 1:23: «Llamarás Su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros». Esa breve frase nos revela el hecho más grande que el mundo conocerá; que Dios, el Dios Omnipotente, el Creador del Cielo y la Tierra, no es una Deidad lejana, que habita en un Cielo de gloria inalcanzable, sino que vive con nosotros aquí en este mundo, en medio de nuestra vida pobre, ignorante, indefensa, y que está tan cerca de nosotros como lo estamos unos de otros. Esto parece tan increíble al corazón humano que nos cuesta creerlo; pero la Biblia lo enseña como un hecho. En el principio, en Génesis, leemos un pasaje que habla de «la presencia de Dios entre los árboles del huerto». Y a partir de entonces, Dios siempre se revela a nosotros como que tiene con Su pueblo una [relación] íntima y cotidiana.

En Éxodo vemos que pide a los de Su pueblo que hagan un santuario y les dice que habitará en medio de ellos. En otros pasajes vemos que el Señor anduvo con ellos en el desierto y que habitó con ellos en la tierra prometida. Les enseñó a apoyarse en Él como en un amigo siempre presente y ayudante, a consultarle todos sus asuntos, y a permitirle que dirija toda su vida. Por último, el Señor vino en Cristo, tomó forma humana y habitó en el mundo como un hombre entre los hombres, haciéndose de hueso y carne como los nuestros, y nos reveló de la manera más tangible y real posible un hecho grandioso, bendito e incomprensible, que Él quiere estar siempre con nosotros, hasta el fin del mundo.

Quien crea esto de todo corazón encontrará ahí la solución a toda dificultad de su vida.

Cuando era muy pequeña, recuerdo que al encontrarme en alguna dificultad, la presencia de mi padre o madre siempre me tranquilizaba de inmediato. En el momento en que oía la voz de uno de ellos que me decía: «Hija, aquí estoy», disminuía toda carga y ansiedad. No hacía falta que mis padres prometieran ocuparse de ello. Su presencia era todo lo que me hacía falta para estar segura de que todo se rectificaría y marcharía bien para mí. Mi único interés después de que llegaban mis padres era sencillamente ver cómo lo harían todo. Es posible que fueran padres excepcionales para crear una gran confianza en el corazón de sus hijos. Creo que tal vez lo eran. Sin duda nuestro Dios es excepcional, entonces la aplicación tiene fuerza absoluta, y Su presencia es literalmente todo lo que necesitamos.

Con cuánta frecuencia en la Biblia Dios ha acallado todas las preguntas y temores con este anuncio sencillo: «Yo estaré contigo». Y, ¿quién dudaría que con esas palabras quiso tranquilizarnos, diciéndonos que, por supuesto, toda Su sabiduría, amor y poder omnipotente estarían de nuestro lado?

Hasta el día de hoy, recuerdo la sensación de gran seguridad que me sobrevenía con la presencia de mi padre terrenal. Nunca tuve miedo de nada cuando él estaba presente. Y sin duda con mi Padre Celestial presente, no puede haber lugar para el temor.  Hannah Whitall Smith[1]

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«Así como estuve con Moisés, también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré» (Josué 1:5 NVI).

El Señor se valió grandemente de Moisés. Sin embargo, todos sabemos que también tenía sus ineptitudes y limitaciones. De todos modos, fue una vasija que Dios eligió para obrar cuando lanzó las plagas en Egipto, separó el Mar Rojo, y milagrosamente guió y alimentó a los hijos de Israel por cuarenta años. Todo eso es muy importante. ¿Se pueden imaginar al sucesor de Moisés después de todo eso? Exactamente eso tuvo que hacer Josué. Ni me imagino lo que Josué pensaba en ese momento. ¿Cómo podría estar a la altura de Moisés? Sin embargo, el Señor lo consuela, lo tranquiliza y le dice: «Así como estuve con Moisés, ¡también estaré contigo!»

Esas palabras dirigidas a Josué también son para nosotros en la actualidad. ¿Saben por qué? Todos los hombres y mujeres que han obrado portentos para el Señor eran personas comunes, que tenían un gran Dios. El mismo Dios que caminó con Moisés, Elías, Daniel y todos los grandes hombres y mujeres de Dios, ¡está hoy con nosotros!  George Whitten[2]

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¿Qué significa «Dios con nosotros»? […] La partícula griega uti­lizada en este pasaje es muy contundente. Expresa la forma más fuerte de «con». No solo significa «en compañía de nosotros» como lo expresaría otra palabra griega, sino «con», «junto con» y «comparte con». Esta preposi­ción es un vínculo firme, que implica —si no es que declara—, una estrecha hermandad. Dios está particular y estrechamente «con nosotros».

Cristo Jesús fue el hombre de los hombres, el segundo Adán, el modelo representativo del hom­bre. […] Difícilmente se puede encontrar un alto en la marcha de la vida en el que Jesús no haya hecho una pau­sa, o una agotadora legua que Él no haya recorrido. Desde la puerta de en­trada hasta la puerta que cierra la senda de la vida, se pueden encontrar las huellas de Jesús. ¿Estuviste en la cuna? Jesús estuvo allí. ¿Estuviste bajo la autoridad parental? Cristo también fue un niño en la casa de Nazaret. ¿Has entrado en la batalla de la vida? Tu Dios y Señor hizo lo mismo. […] No hay dolor que desgarre el corazón —casi diría que ninguno que afecte el cuerpo—, en el que Jesús no haya estado con nosotros.

¿Sientes las aflicciones de la po­breza? Él no tuvo «donde recostar Su cabeza»[3]. ¿Soportas el dolor por la muerte de un ser querido? Jesús «lloró» junto al sepulcro de Lázaro[4]. ¿Has sufrido difamación por causa de la justicia, y la calumnia ha turbado tu espíritu? El Señor dijo: «El escarnio ha quebrantado mi corazón»[5]. ¿Te han traicionado? No olvides que también el Señor tuvo un amigo cercano que lo vendió por el pre­cio de un esclavo. ¿Qué mares embravecidos te han lanzado de un lado a otro que no hayan rugido también alrededor de Su barca? No hay ninguna oscura cañada de adversidad, profunda y aparentemente sin camino, en la que al agacharte no descubras las huellas del Cru­cificado. En los fuegos y en los ríos, en la noche fría y bajo el sol ardien­te, el Señor grita: «Estoy contigo. No desmayes, pues Yo soy tu compa­ñero y tu Dios».  Charles Spurgeon[6]

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Cuando la situación se ponga fatigosa y arrecie la tormenta, cuando las noches se tornen más lóbregas y te invada el desánimo, ¡no te des por vencido! Pon los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe[7]. Él está a tu lado, presto a ayudarte. Te acompaña en la oscuridad. Te sostiene en las pruebas. Desciende contigo a las profundidades. Nunca te abandonará, porque te ama. Siempre está presente para salvarte.  David Brandt Berg

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Nuestro Dios no es un ser distante y despreocupado. Actúa como persona y se relaciona con Su creación. Se nos ha dado a conocer a través de Su Palabra. Nos ha mostrado cómo es Él. Se interesa en nosotros como individuos. Con la salvación ha dispuesto una vía para que podamos vivir eternamente con Él. Por la fe en Jesús, Dios Hijo, nos volvemos hijos de Dios, lo cual nos permite establecer contacto personal con Él, comunicarnos con Él, oír Su voz y tenerlo como confidente. Él tiene comunión con nosotros, permanece en nosotros y nos ama. Nosotros tenemos comunión con Él, permanecemos en Él y lo amamos. Existe una relación personal entre Él y nosotros. ¡Qué increíble y qué maravilloso!  Peter Amsterdam

Publicado en Áncora en septiembre de 2014.
Traducción: Patricia Zapata N. y Antonia López.


[1] Adaptación de A Christian’s Secret of a Happy Life (1875).

[2] http://www.worthydevotions.com/christian-devotional/emmanuel-god-with-us

[3] Mateo 8:20.

[4] Juan 11:35.

[5] Salmo 69:20.

[6] http://www.ccel.org/ccel/spurgeon/sermons21.lxi.html

[7] Hebreos 12:2.

 

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